En la sierra de Atapuerca (Burgos)

Hace poco más de ciento veinte años se abrió en la sierra de Atapuerca (Burgos) una trinchera destinada a abrir paso a una línea de ferrocarril de vía estrecha que pretendía transportar el hierro de las minas de la sierra de la Demanda hasta la estación de Villafría. La dinamita se llevó por delante un registro paleoarqueológico único, y algunos datos sin duda preciosos se perdieron para siempre, pero las obras dejaron al descubierto los niveles sedimentarios de algunas cavidades que habían sido ocupadas por los seres humanos desde hacía milenios, dejando expuesto un complejo registro que abarcaba cerca de 1,4 millones de años. Los yacimientos de la trinchera son solo algunos de los muchos que conforman el gran complejo arqueológico de la sierra de Atapuerca.

Tras más de cuarenta años de excavaciones continuadas y una sucesión de hallazgos de enorme trascendencia para el conocimiento de nuestro pasado –los fósiles humanos más antiguos de Europa, la mayor concentración de homininos del Pleistoceno medio hasta ahora conocida, los primeros testimonios del canibalismo prehistórico, la caza comunal, el origen del lenguaje complejo, el cráneo fósil más completo que se ha descubierto de la prehistoria y un largo etcétera–, resulta casi imposible hablar de la prehistoria sin mencionar Atapuerca. Aquí parece que las sorpresas nunca terminan, y descubrimientos de la mayor relevancia nos asaltan campaña tras campaña, obligándonos a interpretar, repensar y replantear hipótesis sobre nuestro pasado común constantemente.

El hecho de conocer una especie humana nueva; un pariente cercano del que no sabíamos de su existencia, un medio en el que vivía, luchaba y sentía, es algo casi mágico. Y Atapuerca concede precisamente esto. Aunque no tiene nada de sobrenatural, sino justo lo contrario. Comprender todo ello del modo en que lo hacemos depende directamente de los enconados esfuerzos que realizan investigadoras e investigadores con paciencia, dedicación y mucha pasión por el conocimiento del pasado, como los que conforman el equipo de investigación de Atapuerca. El descubrimiento del «Homo antecesor» en 1994, que vivió en esta sierra burgalesa hace en torno a 800.000-900.000 años ha cambiado muchas de nuestras percepciones sobre la prehistoria europea más remota, y nos coloca en un entorno habitado por otros homininos que, como nosotros, aprendían a vivir en las circunstancias que imponía su propio mundo. Pero esto no es más que el comienzo. Probablemente en un futuro bastante próximo tengamos ya muchos detalles sobre otra especie humana aún más misteriosa –por ahora– que frecuentó esta misma región hace 1,2 millones de años y posiblemente algo más.

La primera pieza de este nuevo puzle prehistórico se desenterró en los primeros días del mes de julio de 2022. Se trata de la cara del homínido más antigua del continente europeo. El lugar en el que se encontraron los fragmentos craneales es de nuevo la cueva de la Sima del Elefante, donde en 2007 se descubrieron los fósiles humanos más antiguos de Europa hasta el momento, pertenecientes a una especie de «Homo» aún sin determinar y que databan de 1,2 millones de años. Pero todo parece indicar que el excepcional hallazgo de verano de 2022 ha establecido un nuevo hito, pues se estima que los restos tienen en torno a 1,4 millones de años de antigüedad. A pesar de que cada nuevo descubrimiento plantee nuevos interrogantes, la realidad tiene otra lectura: cada hallazgo arroja un renovado haz de luz que nos permite vislumbrar el camino y el rostro de los primeros pobladores europeos.

La cara de la prehistoria

Gracias a los restos fósiles encontrados en Atapuerca ha sido posible ponerles rostro a los humanos de la prehistoria peninsular. En el caso del «Homo antecessor», uno de los aspectos más relevantes y que llama poderosamente la atención es la forma bastante plana de su cara, más similar a la nuestra y menos proyectada hacia adelante como ocurre en otras especies. Conocemos su aspecto por uno de los hallazgos más emblemáticos de Atapuerca, el llamado hominino 3 (H3) de la Gran Dolina, que en origen fue apodado como el «chico de la Gran Dolina», pero que muy probablemente se tratara de una chica. No es lo único que nos revela el análisis de sus restos. También sabemos cuál fue el final de su historia. Acabó siendo canibalizada posiblemente tras enfrentamientos entre bandas que frecuentaban la zona.

El drama de la chica de la Dolina es sin duda trágico, pero a su vez su fatal destino ha querido que, transcurridos cientos de miles de años, sus despojos hayan terminado desempeñando un papel inesperado, que ha encendido una llama de luz que nos abre la posibilidad de mirar al pasado con otros ojos.

Tomado de www.larazon.es

 

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