Atapuerca, la cuna de los humanos más antiguos de Europa

Atapuerca-conocer-heildelbergensis-medio-millon_EDIIMA20130702_0538_4En 1895, una compañí­a británica inició la construcción de una lí­nea ferroviaria para transportar hierro y carbón desde las minas del norte de Burgos hasta las fábricas de Vizcaya. En un momento dado, el director de la empresa, un ingeniero llamado Richard Preece, modificó el proyecto inicial para que pasara por un lugar rico en piedra caliza, en las estribaciones de la sierra de Atapuerca. Preece derribó montañas, trinchó lomas, arrasó árboles y encajó rieles para que circulase el tren minero, y así­, sin proponérselo, dejó al descubierto el conjunto de yacimientos paleontológicos más importante de Europa. Hoy el lugar se conoce como la Trinchera del Ferrocarril, un surco de un kilómetro de longitud al que se abren varias cuevas trufadas de restos óseos humanos y animales: Sima del Elefante, Galerí­a y Gran Dolina, hoy visitables por el público, y Cueva Mayor, compuesta por Portalón, Sima de los Huesos y Galerí­a del Sí­lex, y Mirador, la más alejada; a éstas sólo pueden acceder los investigadores.

Los precursores

La empresa de Preece fue un fracaso, pero cuando el ferrocarril se cerró, en 1911, pronto emergieron, entre un paisaje fantasma de puentes, taludes y túneles abandonados, numerosos restos fósiles que atrajeron a ilustres prehistoriadores como Hugo Obermaier y Henry Breuil. Sin embargo, ese interés se fue disipando y en la década de 1950 la Trinchera del Ferrocarril fue transformada en cantera. Pasados unos años, en 1964, fue cuando el profesor Francisco Jordá emprendió las primeras excavaciones arqueológicas en la Trinchera de Ferrocarril, labor que continuó en los años setenta y ochenta el prestigioso paleontólogo Emiliano Aguirre, todo un referente en la crónica atapuerquense. Con Aguirre se sentaron las bases de la investigación en Atapuerca y con él echó a andar el primer proyecto. Pero la era dorada de Atapuerca llegó en los años noventa, cuando Emiliano Aguirre entregó el testigo a un equipo liderado por Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell y José Marí­a Bermúdez de Castro.

El paraí­so de los huesos

El nuevo equipo de Atapuerca elevó los yacimientos de la sierra burgalesa a categorí­a mundial. Siempre a golpe de descubrimiento. Fue en el año 1992 cuando los responsables de Atapuerca dejaron de ser anónimos. En aquel verano de buenos presagios –con los focos de medio mundo apuntando a los Juegos Olí­mpicos de Barcelona– una de las cuevas de Atapuerca, la Sima de los Huesos, devolvió un rompecabezas óseo que acabó dando forma a dos cráneos de aspecto arcaico. Para los cientí­ficos eran el «cráneo número 4» y el «cráneo número 5»; popularmente serí­an conocidos como Agamenón y Miguelón, en homenaje al segundo tour de Miguel Indurain. A partir de Miguelón pudo reconstruirse el cuerpo de un homí­nido (Homo heidelbergensis) relativamente parecido a nosotros, de 300.000 años de antigí¼edad. Atapuerca volvió a ser primicia en 1994, cuando una pelvis masculina fósil fue recuperada de las entrañas de la Sima de los Huesos en pleno verano. Elvis, como fue bautizada para hacerla más familiar al público, pertenece también a un Homo heidelbergensis, como Miguelón y Agamenón.

Un nuevo humano

Otra de las joyas de Atapuerca es la Gran Dolina, uno de los tres yacimientos revelados tras el fiasco ferroviario de Richard Preece. Comprende veinte metros de rellenos sedimentarios del Pleistoceno (etapa geológica que acabó en el 10.000 a.C.) con las claves paleontológicas esenciales para comprender la evolución humana. Su excavación comenzó en 1981, pero el dí­a grabado con letras de oro en la Gran Dolina es el 8 de julio de 1994. En esa fecha vieron la luz restos humanos con 800.000 años de antigí¼edad en el bautizado como «estrato Aurora»: otro guiño a la complicidad divulgativa. El citado estrato se ha revelado como un verdadero filón. Miles de años se compactaron aquí­ hasta acumular cientos de herramientas de piedra, fósiles humanos y restos óseos de vertebrados, entre los que destaca una nueva especie de oso bautizada como Ursus dolinensis.

Tres años después, tras una exhaustiva revisión de los restos extraí­dos del «estrato Aurora», la especie humana contaba con un nuevo miembro en su árbol genealógico: el Homo antececessor. Aquellos huesos enterrados en la arena son hoy en dí­a uno de los mayores reclamos de Atapuerca por lo que representan: el homí­nido europeo más antiguo que se conoce.

Siguen los hallazgos

Otros fósiles de interés aparecieron en la Sima del Elefante, donde en 2008 se descubrieron restos de una especie todaví­a por definir, además de las herramientas de piedra más antiguas de toda la sierra. Entre los hallazgos más recientes cabe citar una mandí­bula humana descubierta en el nivel 9 de la Sima del Elefante, en el año 2011. Aunque todaví­a está en proceso de estudio, todo hace indicar que pertenece al género Homo sapiens.

Las noticias sobre Atapuerca no cesan. La trascendencia de los hallazgos justifica la gran repercusión mediática que acompaña cada descubrimiento. Desde el año 2000, Atapuerca es Patrimonio de la Humanidad. Sin duda, es la cuna de la prehistoria europea, todo un «parque temático» de la ciencia prehistórica sin parangón al otro lado de los Pirineos.

Para saber más

Atapuerca, perdidos en la colina. E. Carbonell. Destino, Barcelona, 2004.

Atapuerca y la evolución humana. J. L. Arsuaga e I. Martí­nez. Madrid, Scientific Films, 2009.

Tomado de National Geographic España

 

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