LECTURA: Batalla de Santiago de Cuba

En la noche del 2 de julio de 1898, los buques americanos destacados en la entrada del puerto de Santiago divisaron las columnas de humo de la Flota Española que se preparaba a salir. Era claro que no podí­a haber sorpresa. A las ocho de la mañana sonó el toque de zafarrancho de combate en los buques españoles que fueron desfilando de uno en uno, a través de la angosta salida de la Bahí­a de Santiago, reducida parcialmente por el hundimiento del mercante americano “Merrimac”.

A las 9″²35 horas el Buque Insignia “Infanta Marí­a Teresa” pasaba ante los Fuertes de El Morro” y un minuto más tarde el acorazado “Iowa” dio la voz de alarma. El “Marí­a Teresa” avanzaba a toda velocidad contra el crucero “Brooklyn” para embestirlo y atraer sobre el buque insignia el fuego de los barcos estadounidenses intentando permitir, si era posible, la huida de los demás buques de la flota amparados en su superior velocidad teórica. El “Marí­a Teresa” hizo fuego alcanzando al “Brooklyn” con un impacto y obligando a éste a virar en cí­rculo para evita la acometida, sembrando la confusión en la lí­nea estadounidense. Sin embargo, un impacto de 12″³ del “Iowa” alcanzó al “Marí­a Teresa” causándole serios daños al cortar una tuberí­a de vapor. El buque perdió velocidad y la torre principal de popa dejó de funcionar. Con graves incendios en popa, la dotación de salvamento intentó rescatar a los tripulantes que habí­an quedado aislados en la popa por el incendio, pereciendo la dotación de salvamento y los marineros que habí­an quedado atrapados. El fuego se extendí­a cada vez más, aproximándose a los pañoles. Otro impacto alcanzó el puente de mando, hiriendo al comandante del Buque y matando a todos los oficiales. El propio Almirante Cervera tuvo que hacerse cargo del mando del “Infanta Marí­a Teresa”. Prácticamente inutilizado, se dio la orden de virar hacia tierra y embarrancar, lo que hizo a las 10″²15 horas, cerca de Punta cabrera, a 6 millas y media al Oeste de Santiago. El Almirante ordenó arriar la bandera de combate, pero el fuego asolaba la Toldilla. La bandera cayó ardiendo en llamas. El salvamento de la tripulación fue muy difí­cil porque no quedaban botes y hubo que nadar 200 metros hasta la playa donde fueron recogidos por los botes del “Gloucester” y el Almirante Cervera, llevado hasta el “Iowa” donde fue recibido con honores militares y aclamado por la tripulación. El “infanta Marí­a Teresa” tuvo 70 bajas.

Cristóbal Colón

El “Vizcaya” salió en segundo lugar. Sobre él se abatió el grueso de la artillerí­a norteamericana y sus cañones poco pudieron hacer por los defectos en los cierres de las piezas. Disparaban contra él, el “Brooklyn” desde 2.200 metros; el “Oregon”, desde 2.700; el “Texas”, desde 5.000 y el “Iowa” desde más distancia. A las 10″²50 horas, con todos sus cañones inútiles, intentó abordar al “Brooklyn” que esquivó fácilmente la embestida por la escasa velocidad del buque español sobre el que continuó disparando. A las 11″²15, ardiendo completamente, varó en los bajos de El Aserradero, a 15 millas al oeste de Santiago. El Capitán Eulate ordenó arriar la bandera de combate que habí­a sido donada por la Diputación de Vizcaya y la arrojó al fuego. Su dotación tuvo 100 muertos.

En tercer lugar salió el “Cristóbal Colón”. Este buque, recién construido, no llevaba artillerí­a gruesa pues sus piezas principales, que habí­an sido adquiridas en Alemania, no fueron entregadas por el embargo militar. Así­, sólo con sus piezas secundarias de 152 mm. , tuvo que combatir contra el “Iowa” (4 piezas principales de 305mm.), el “Brooklyn” (8 de 203mm.) y el “Oregon” (4 de 330 mm.), todos ellos, además, con sus correspondientes baterí­as de artillerí­a secundaria. A pesar de todo, el “Colón” alcanzó con dos impactos al “Iowa”. El buque español, que alcanzaba mayor velocidad que los oponentes estadounidenses, se alejaba ganando distancia nudo a nudo. Cada vez más lejos del enemigo, parecí­a que iba a salvarse de la destrucción. Sin embargo, a la una de la tarde, el Jefe de Máquinas subió al puente y comunicó al Capitán Dí­az Moreu que el carbón bueno se habí­a acabado y comenzaban a usar el cargado en Santiago. El pésimo carbón pulverizado hizo descender las revoluciones de las máquinas. El “Colón” perdí­a velocidad y los barcos norteamericanos ganaban terreno. La suerte estaba echada. Cercado por el “Oregon, el “Texas”, el “Brooklyn”, el “New York” y el “Vixen”, el “Colón” embarrancó en la Playa del Rí­o Turquino. Se arrió la bandera de combate. El “Texas” intentó tomarlo a remolque pero, abiertas las espitas del fondo por los españoles, el buque dio la vuelta y se hundió.

Vizcaya en combate

Tras el “Colón”, marchaba el “Almirante Oquendo”. Frente a él, el “Iowa” comenzó a disparar sus andanadas de 305 mm. a uno 1.300 metros. Un impacto directo penetró en la torre de proa destruyendo la pieza y matando a toda su dotación. Otro impacto alcanzó la cámara principal de torpedos, provocando un grave incendio y matando a todos sus servidores. para evitar las explosiones se lanzaron todos los torpedos. Todas las baterí­as de 140 mm. estaban inutilizadas. No funcionaban los ascensores de munición. Sólo una pieza de 140 seguí­a disparando servida por un Teniente de Naví­o herido y dos marineros que acarreaban, entre los tres, la munición. Convertido en un mar de llamas, el “Oquendo” varó cerca del “Marí­a Teresa”. Consumida la bandera de Combate por las llamas, el comandante del buque, Lazaga, hizo su último ademán pegándose un tiro en la sien. Tuvo 80 muertos.

Tras ellos salieron los dos destructores, el “Furor” (Buque insignia de destructores) y el “Plutón”, ambos al mando de Villaamil. Retrasaron la salida para que la amenaza de sus torpedos obligara a los buques estadounidenses a disparar sobre ellos, permitiendo a los buques principales escapar. Sin embargo, los destructores no estaban concebidos para el combate frente a grandes unidades. Su misión era dar caza a los torpederos. Aunque barcos rapidí­simos, su casco era endeble y cualquier impacto directo podrí­a destruirlos. Primero salió el “Furor”. Sus piezas de 75 mm. hací­an fuego contra un enemigo superior. Los barcos enemigos abrieron fuego contra él casi a quemarropa destruyendo las máquinas y dejando inútiles las piezas artilleras. El “Furor” se hundí­a entre el aterrador fuego de las granadas. Un impacto mató a Villaamil. El buque se hundió poco después de que los escasos supervivientes (21) fueran rescatados por un cañonero americano. La misma suerte corrió el “Plutón”. Su comandante se lanzó a toda máquina contra la flota enemiga disparando sus pequeños cañones. Un telón de fuego lo detuvo. Un impacto hizo estallar las máquinas y el pañol de municiones. A las once todo habí­a acabado.

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