DEBATE 35: lí­os de faldas en la Villa Olí­mpica

En ví­speras de Londres 2012, la Villa Olí­mpica ya empieza a prepararse para ser la villa del sexo. En esta ocasión, se distribuirán unos 150.000 profilácticos a los más de 16.000 atletas allí­ reunidos. La cifra no resulta demasiado abultada si se tiene en cuenta que hace dos años, en los Juegos de Invierno de Vancouver, se repartieron más de 100.000 preservativos entre 7.000 deportistas. “Hay un montón de sexo”, dice la portero Hope Solo, medallista en 2008. Después de ganar la medalla de oro en los Juegos Olí­mpicos de Pekí­n, la portero estadounidense coló a una celebrity en su habitación. Solo salió de fiesta con Vince Vaughn, pero nunca confesó con quien volvió de fiesta. “Es mi secreto olí­mpico”, declaró. Al dí­a siguiente, Hope Solo y el resto del equipo acudieron a una entrevista, The Today Show, todaví­a borrachas. Hope tampoco permaneció ajena a los encuentros de los demás: “He visto a personas teniendo sexo a la intemperie, en la hierba, entre los edificios…” admitió. Pero ¿cuánto sexo hay? “Yo dirí­a que lo hacen entre un 70 y 75% de los atletas olí­mpicos”, estima el nadador Ryan Lochte, que estará en Londres para sus terceras olimpiadas.

Porque además de ser el albergue de miles de atletas, la villa se convierte en un club exclusivo con mucha fiesta y mucha pasión. Al menos, eso afirma el periodista norteamericano Sam Alipour en un artí­culo que acaba de publicar. Los deportistas cumplen y cumplirán con lo que Summer Sanders, una nadadora que ganó cuatro medallas en Barcelona, llama el segundo lema olí­mpico: “Lo que sucede en la villa se queda en la villa”.

Y es que de puertas para adentro, los encuentros sexuales están a la orden del dí­a. En los JJ.OO. de 2000 celebrados en Sydney, el lanzador de jabalina Breaux Greer, mantuvo relaciones sexuales con dos atletas, una saltadora de pértiga y una vallista. Por su parte, la esquiadora Carrie Sheinberg realizó una curiosa confesión, al declarar que en los Juegos de Invierno de Lillehammer 1994, dos pilotos alemanes de bobsleigh le ofrecieron sus medallas de oro por “algo de diversión en grupo”.

“Yo dirí­a que lo hacen entre un 70 y un 75% de los atletas olí­mpicos”, estima el nadador Ryan Lochte

Los otros juegos, los sexuales, se inician tan pronto como los equipos llegan. “Es como el primer dí­a de la universidad”, dice el capitán de waterpolo de EE.UU., Tony Azevedo, veterano de Beijing, Atenas y Sydney, que vuelve a Londres. “Estás nervioso, superexcitado. Todo el mundo está encontrándose y tratando de conocer a alguien”.

Un fenómeno comprensible. Los deportistas olí­mpicos son jóvenes, sumamente saludables, con una energí­a desbordante, las hormonas rebosantes y se han entrenado con intensidad. Por eso, la Villa Olí­mpica parece, en ocasiones,”una orgí­a bastante salvaje. Es la mezcla más rara en la que he estado”, manifiesta Eric Shanteau, un estadounidense que nadó en Beijing y participará en Londres. Y como en todas las historias, algunas relaciones acaban en amor como lo demuestra el noviazgo entre la gimnasta Shawn Johnson y el ciclista Taylor Phinney, que se conocieron en Pekí­n.

Tomado de DEIA

 

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