Falange Española

Falange Española (FE) es un partido polí­tico español fundado el 29 de octubre de 1933 por José Antonio Primo de Rivera (abogado, hijo del general Miguel Primo de Rivera), Julio Ruiz de Alda y Alfonso Garcí­a Valdecasas. El partido fue dado a conocer en un mitin celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid.

Posteriormente, se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), fundadas por Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos, entre otros, quienes clamaban por la eliminación económica de la burguesí­a, por un lado, y criticaban las leyes anticlericales republicanas, por otro. Con esta fusión, pasó a denominarse Falange Española de las JONSFalange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S (FET y de las JONS ), tras la unificación del ideal Carlista (Requeté) con el Nacional-SindicalismoFranco (FE de las JONS) y finalmente (Falangismo), que llevó a cabo, el general

Ideologí­a

La ideologí­a de Falange es el nacionalsindicalismo, un concepto basado en una interpretación del sindicalismo revolucionario, con componentes tomados del catolicismo. Aunque con más que amplias similitudes con el fascismo, en principio a diferencia de este, que perseguí­a un ideal imperialista, José Antonio pretendí­a una unidad de destino en lo universal (una idea que habí­a sido enunciada con un sentido diferente, aunque no opuesto, por José Ortega y Gasset) como expresión de una comunidad de intereses y hermandad con las naciones hispanoamericanas. Esta idea espiritual de la patria servirí­a para superar la disgregación social que, a su juicio, el individualismo liberal y capitalista habí­a sembrado en la sociedad europea de entonces y, en particular, en España.

El fascismo de imitación italiana estaba ya representado en España por los camisas negras de las JAP (Juventudes de Acción Popular), integradas en la CEDA dirigida por José Marí­a Gil Robles al que, brazo en alto y mano extendida, saludaban como jefe (una traducción para la expresión Duce en italiano) en sus concentraciones.

A modo de resumen, se puede condensar la ideologí­a falangista en los puntos siguientes:

Creación de un Estado Sindical en el que la lucha de clases serí­a superada por el Sindicato Vertical, que juntarí­a en un mismo organismo a patronos y trabajadores organizados por ramas de la producción. La propiedad de los medios de producción se sindicaliza, siendo administrada de forma autogestionaria.

Nacionalización de la banca y reforma agraria manteniendo el respeto a la propiedad privada, pero sometida a los intereses de la comunidad (Patria, pan y justicia era el lema falangista en lo económico y lo social).

Las unidades fundamentales de la organización social son aquellas a las que se pertenece de manera natural. Este es el caso de la familia, el municipio o el sindicato. Esta idea se reduce a la primací­a de las relaciones comunitarias sobre las de asociación. Esta serí­a la definición del Comunitarismo falangista frente al Comunismo marxista.

Catolicismo romano, pero sin admitir injerencias de la Iglesia. El estado debí­a ser laico.

Orgullo de la historia del Imperio Español, en especial del perí­odo de España regido por los Reyes Católicos que inauguraron el, para los falangistas, perí­odo de grandeza imperial de España.

El anticomunismo, anticapitalismo y aversión por el liberalismo se resumí­an en la expresión: Ni capitalismo, ni comunismo, sino nacionalsindicalismo. Se expresaba así­ un deseo de superar el enfrentamiento entre ambas tendencias consideradas perversas e injustas por los falangistas. El nacional-sindicalismo serí­a así­ la otra orilla de la dialéctica entre capitalismo y comunismo. Los falangistas se veí­an a sí­ mismos como unos adelantados en el devenir histórico superador del caos de ese enfrentamiento. También critican el corporativismo fascista –al que José Antonio define como «buñuelo de viento»– porque no acaba con las relaciones de producción capitalistas.

Es un partido que acaba definiéndose como republicano al considerar que la monarquí­a ha cumplido hace tiempo su papel histórico en España. Así­ lo prueban al manifestarse en Madrid (7 de octubre) con banderas republicanas y una pancarta con el lema «Viva la unidad de España», en apoyo del gobierno derechista republicano frente a la Revolución de 1934[1] . En particular, Ramiro Ledesma Ramos se manifestó como un antimonárquico convencido.

Cualquier análisis objetivo de la ideologí­a polí­tica de este grupo debe de tener presente que el propio desarrollo polí­tico de la doctrina falangista no estaba definido en el momento en que se desata la Guerra Civil Española. Prueba de ello es la expulsión, poco antes del estallido bélico, de uno de sus fundadores, Ramiro Ledesma Ramos, al enfrentarse abiertamente al liderazgo de Primo de Rivera. Ledesma Ramos considera entonces que José Antonio es demasiado moderado y no está dispuesto a adelantarse a una posible revolución proletaria bolchevique que él considera inminente y que ha de ser evitada con una revolución nacional-sindicalista.

Arnaud Imatz considera que, como demócrata, Jose Antonio, defiende el poder basado en la voluntad y el consentimiento del pueblo. Así­, en una democracia menos formal y más participativa condena con fuerza por un lado , la democracia individualista y liberal, mampara del régimen plutocrático, por otra parte la democracia colectivista o popular, camuflaje de la expresión socialmarxista y de la Dictadura del Partido Comunista ]).[2] .

Historia

Segunda República

Los resultados electorales de la Falange en esta época fueron siempre muy pobres. La razón de esta pobreza de resultados hay que buscarla en que, por un lado, la coalición radical-cedista, ganadora de las elecciones de 1933, no estaba de acuerdo con los planteamientos revolucionarios del nacional-sindicalismo, con lo cual sus locales eran frecuentemente registrados y a veces clausurados por la policí­a.

Por otra parte, la doctrina nacional-sindicalista no logró atraer a la gran masa obrera encuadrada ésta en los sindicatos de clase mayoritarios (UGT y CNT). En este periodo no consiguió tener ningún diputado en las Cortes, ya que aunque José Antonio Primo de Rivera consiguió el acta de diputado en las elecciones de noviembre de 1933 lo hizo a través de una candidatura conservadora de Cádiz, denominada Unión Agraria y Ciudadana.

En las elecciones de 1936 que dieron lugar a la victoria del Frente Popular, José Antonio no consiguió acta de parlamentario al obtener en la primera vuelta sólo 46.000 votos en el conjunto de España[3] , al presentar la candidatura de Falange en solitario. En la segunda vuelta trató de presentar su candidatura a la circunscripción de Cuenca, pero desde la Junta Electoral se declara que solo podrán presentarse en dicha circunscripción los que previamente se hubieran presentado a la primera vuelta, así­, José Antonio no pudo mantener su inmunidad parlamentaria[4] .

A partir del triunfo electoral del Frente Popular, la situación de agitación en Madrid y en las principales ciudades aumentó y los enfrentamientos armados entre militantes de los los partidos de la izquierda y los falangistas alcanzaron extrema gravedad. Tras un intento de atentado, el 11 de marzo de 1936, contra el catedrático de Derecho y militante socialista Jiménez de Asúa, llevado a cabo por un militante falangista, el juez municipal que le condenó fue muerto a las 48 horas por pistoleros falangistas[5] .

Estos hechos determinaron la ilegalización de la Falange y sus dirigentes, entre ellos Primo de Rivera, fueron encarcelados el 14 de marzo. Posteriormente los tribunales de justicia –Audiencia de Madrid, en sentencia de 30 de abril de 1936, y Tribunal Supremo, en sentencia de 8 de junio del mismo año–, absuelven a José Antonio y a los suyos declarando legí­tima, dentro del marco constitucional español –conforme a los artí­culos 34 y 39 de la Constitución de 1931 y Ley de Asociaciones de 30 de junio de 1887–, la doctrina de Falange Española, quedando sin efecto el procesamiento acordado por el juez de Instrucción contra José Antonio y los falangistas que le acompañan.

En el mes de julio de 1936, Primo de Rivera, seguí­a encarcelado en Alicante, después de dos juicios por distintas causas. Mientras, La Falange miraba con recelo y desconfianza la conspiración que se estaba gestando para derribar la República y que culminarí­a con la rebelión, el 17 de julio, del Ejército de ífrica, liderado por el general Franco, seguida al dí­a siguiente de muchas guarniciones peninsulares.

Guerra Civil

Aunque Falange Española de las JONS nunca apoyó explí­citamente desde su Jefatura Nacional (José Antonio Primo de Rivera) el levantamiento militar, es más, el propio José Antonio, desde la prisión, escribió un comunicado donde se decí­a: «Falange Española de las JONS no apoyará ningún alzamiento desde ninguna de sus jefaturas y cualquier Jefe Territorial, Provincial o Local que apoye este levantamiento armado será expulsado de Falange, siendo divulgada esta expulsión por todos los medios que estén a nuestro alcance», ante lo que consideraron inminente peligro de una dictadura marxista a la que, a su juicio, estaba expuesta la II República (desde algunos medios socialistas y comunistas se proclamaban lemas como «Viva la URSS» y determinados dirigentes comunicaban abiertamente su deseo de que España fuera una Dictadura del Proletariado), en la Guerra Civil, los falangistas lucharon decididamente en el bando nacionalista, autodenominado nacionalfascista) por los rebeldes, como una estructura paramilitar voluntaria, contra la parte del ejército y demás fuerzas fieles al gobierno de la República. Primo de Rivera es brevemente juzgado bajo la acusación de inductor a la rebelión militar y condenado a muerte; fue fusilado, sin esperar el (enterado del Gobierno, en la prisión de Alicante el dí­a 20 de noviembre de 1936.

El Decreto de Unificación

Después de la toma del poder, Franco procedió, el 19 de abril de 1937 a la unificación por decreto de la Falange con el Carlismo, agrupado en aquellos dí­as bajo la denominación de Comunión Tradicionalista, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), monárquicos alfonsinos y otros partidos de significación derechista, como el Partido Nacionalista Español del doctor Albiñana, agrarios, etc, dando lugar a lo que serí­a Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS). Aquellos dirigentes falangistas o carlistas que se opusieron al Decreto de Unificación fueron destituidos de sus cargos y en bastantes casos encarcelados, y hasta condenados a muerte, tal y como ocurrió con el falangista Manuel Hedilla (elegido nuevo Jefe Nacional de FE de las JONS), finalmente desterrado a Baleares previo paso varios años por la cárcel de Las Palmas de Gran Canaria, o el carlista Manuel Fal Conde que hubo de exiliarse a Portugal.

A partir del Decreto de Unificación muchos consideran que Falange Española de las JONS ha desaparecido y se gestarán desde la clandestinidad pequeños movimientos que afirmarán ser los auténticos poseedores de la ideologí­a falangista, como FE-JONS Auténtica y Falange Española Independiente.

La dictadura franquista

Finalizada la guerra, FET de las JONS se constituye en el brazo polí­tico del régimen franquista, siendo también conocida como Movimiento Nacional y constituyendo el Partido único oficial en España entre los años 1939 y 1975, al que era necesario o conveniente pertenecer para ejercer muchos cargos de la Administración. Esto constituyó el tí­pico cursus honorum para polí­ticos ambiciosos. Estos nuevos conversos fueron llamados camisas nuevas, en oposición a los camisas viejas o militantes de antes de la guerra.

El Movimiento se incautó de las propiedades de los partidos de oposición y de los sindicatos, todos ellos declarados ilegales por el nuevo régimen.

Los ministros de FET de las JONS tuvieron un papel importante en los comienzos del franquismo, pero después de los tratados con Estados Unidos y la llegada masiva de turistas extranjeros, Franco dirigió sus preferencias hacia polí­ticos más jóvenes y miembros del Opus Dei.

FET de las JONS, ya desde el tiempo de la guerra civil, creó organizaciones juveniles tales como el denominado Frente de Juventudes, designando a sus componentes con nombres como Flechas y Pelayos de forma similar a cómo lo hací­an las organizaciones juveniles alemanas Hitlerjugend e italianas con sus Balilla y Arditi.

Asimismo, creó una Sección Femenina, dirigida por la hermana de José Antonio, Pilar, que se encargaba de instruir a las jóvenes sobre como ser buenas patriotas, buenas cristianas y buenas esposas. La labor de la Sección Femenina tuvo aspectos interesantes por sus afanes por mantener tradiciones españolas en diversos ámbitos, como la cocina o los bailes regionales y la formación de las mujeres en el cuidado moderno de los recién nacidos, medidas de higiene y formas modernas de organización familiar que tuvieron un cierto impacto en el avance la sociedad española a costa del retroceso de los derechos de la mujer. No hay que olvidar que en aquel momento formar a un futura madre de familia podí­a llegar a tener un gran impacto social. Tampoco hay que olvidar, sin embargo, que habí­a un innegable objetivo adoctrinador y patriarcal detrás de estos esfuerzos.

Esta pseudo-Falange del régimen de Franco jamás llevó a cabo sus puntos programáticos en sus aspectos más progresistas de reformas sociales (p.e. distribución de la tierra) y económicas (p.e. nacionalización de la banca), a los que se aludí­a con frecuencia por los jerarcas franco-falangistas como la Revolución pendiente. Por todo esto, desde el «mundo» falangista se considera al Caudillo verdugo de la Falange ya que no sólo la destruyó con una unificación imposible con los tradicionalistas y derechistas sino que también siguió usando sus sí­mbolos, autoproclamándose Jefe Nacional. Grupos de estos disconformes protagonizaban protestas, reprimidas por la policí­a, en el acto conmemorativo anual de la fundación que se celebraba cada 29 de octubre en el Teatro de la Comedia de Madrid.

De la muerte de Franco a nuestros dí­as

Después de la muerte de Franco en 1975, se instaura la monarquí­a y comienza la democratización de la polí­tica española, liderada por Adolfo Suárez, antiguo ministro Secretario General del Movimiento.

En esta época empieza la atomización de la Falange. Durante las primeras elecciones democráticas, en 1977, tres grupos diferentes luchan en los tribunales por el derecho a utilizar el nombre de Falange.

Virtualmente fuera de la vida polí­tica, los partidos inspirados en la ideologí­a falangista, algunos incluso declarándose herederos de Manuel Hedilla, son vistos públicamente en distintos actos públicos, los espacios televisivos de propaganda institucional de las elecciones y durante manifestaciones en fechas históricas como el 20 de noviembre (aniversario de las muertes de José Antonio Primo de Rivera y de Francisco Franco). Su presencia y relevancia en la polí­tica española es escasa, exceptuando la representación democrática que obtienen algunos concejales de Falange Auténtica en distintas localidades.

Entre los partidos polí­ticos que se declaran falangistas, cabe citar los siguientes:

– Falange Auténtica (FA).

– Falange Española de las JONS (FEJONS).

– Mesa Nacional Falangista (MNF).

– La Falange (FE), dividida en dos partes enfrentadas judicialmente entre sí­ por la titularidad de las siglas, reconociendo una de ellas como Jefe Nacional a Manuel Andrino Lobo y la otra a José Fernando Cantalapiedra Vilar.

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