HOY, 14 de MAYO: 40 años de la renuncia de Don Juan.

A las dos menos veinte de esta tarde se cumplen cuarenta años de uno de los grandes gestos de generosidad de la historia reciente de España. El jefe de la Casa Real durante 36 años, Don Juan de Borbón, que habí­a pasado más de cuatro décadas de su vida en el exilio, regresaba a España para renunciar a los derechos dinásticos que habí­a heredado de su padre, Alfonso XIII, en favor de su hijo, Don Juan Carlos.

Tras hacer una profunda inclinación de cabeza, acompañada de un sonoro y marcial taconazo, el Conde de Barcelonaterminaba su discurso de renuncia con estas palabras entrecortadas por la emoción: «Majestad, por España, todo por España ¡Viva España! ¡Viva el Rey!»

Don Juan habí­a ensayado los cuatro folios de su discurso una y otra vez ante el conde de los Gaitanes y su familia, pero no pudo evitar que le temblara la voz cuando llegó la hora de la verdad. A pesar de la enorme trascendencia histórica de su renuncia, que aportaba la necesaria legitimidad dinástica al reinado de Don Juan Carlos, el acto apenas duró quince minutos y se celebró en una sencilla ceremonia í­ntima en el Palacio de La Zarzuela en la que el ministro de Justicia, Landelino Lavilla, intervino como Notario Mayor del Reino para levantar acta formal de la decisión.

El momento elegido

Cuando Don Juan renunció, hací­a año y medio que la Monarquí­a habí­a sido restaurada en España, tras la muerte de Francisco Franco, pero él quiso esperar hasta ese momento para ceder a su hijo sus derechos históricos. Fue entonces cuando consideró que la Monarquí­a estaba consolidada en la persona de su heredero y que el paí­s habí­a entrado en la senda de la democracia, condición que él siempre creyó indispensable para la vuelta de la Dinastí­a tras el franquismo.

De hecho, dos meses antes, el 18 de marzo, el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, habí­a convocado las primeras elecciones generales de una democracia que estaba a punto de nacer. Y un mes antes, el 9 de abril, se habí­a legalizado el Partido Comunista. En aquel momento, España afrontaba con una mezcla de esperanza y temor su primera cita con las urnas, que se celebrarí­a el 15 de junio.

Un niño de nueve años

A la ceremonia, casi familiar, asistieron la Condesa de Barcelona, Doña Marí­a de las Mercedes; sus tres hijos, Don Juan Carlos, Doña Pilar y Doña Margarita, con sus cónyuges, y sus nietos. Entre ellos, un niño de nueve años que con el tiempo se convertirí­a en el Rey de España y valorarí­a el gesto de su abuelo. «Fue una renuncia y un sacrificio muy de agradecer», comentó Don Felipe años después, cuando fue consciente de la trascendencia de aquella decisión. «Don Juan se hizo cargo de la situación y de lo que era más conveniente para los intereses de España. Estoy seguro de que aquella decisión magnánima nos ha marcado a todos en la familia», agregó.

Don Juan y Doña Marí­a habí­an viajado esa misma mañana en avión desde Lisboa al aeropuerto de Barajas, donde les esperaban Don Juan Carlos y Doña Sofí­a, y los cuatro tomaron un helicóptero hasta el Palacio de La Zarzuela. Todo estaba listo para que diera comienzo la ceremonia.

Cuando Don Juan tomó la palabra, recordó cómo su padre le inculcó desde niño «el amor inmenso a España» y rememoró el dí­a que Alfonso XIII abdicó en su favor, mes y medio antes de morir, y el último mandato que recibió de él justo antes de expirar el 28 de febrero de 1941: «Majestad, sobre todo, España». También relató cómo durante 36 años se habí­a mantenido fiel a los principios de una Monarquí­a en la que el Rey tení­a «que serlo para todos los españoles» y terminó con la presentación formal de su renuncia: «Ofrezco a mi patria la renuncia de los derechos históricos de la Monarquí­a española, sus tí­tulos, privilegios y la jefatura de la familia y Casa Real de España, que recibí­ de mi padre, el Rey Alfonso XIII, deseando conservar para mí­, y usar como hasta ahora, el tí­tulo de Conde de Barcelona. En virtud de esta mi renuncia, sucede en la plenitud de los derechos dinásticos como Rey de España a mi padre, el Rey Alfonso XIII, mi hijo y heredero, el Rey Don Juan Carlos I».

Mandato cumplido

Tras el saludo, el taconazo marcial, los vivas y el abrazo entrañable entre padre e hijo, Don Juan Carlos respondió, también emocionado, a la renuncia de Don Juan. «Señor, el mandato de Su Majestad el Rey Alfonso XIII, “sobre todo, España”, creo que ha sido cumplido», le dijo.

Don Juan Carlos también quiso recordar en ese momento los sacrificios que padre e hijo habí­an tenido que asumir para restaurar la Monarquí­a en España en unas circunstancias especialmente complicadas, en las que hubo que saltar un eslabón de la cadena dinástica: «El pueblo español, con su fina sensibilidad, ha percibido claramente los grandes sacrificios que hemos tenido que afrontar», dijo Don Juan Carlos y agregó: «Siento la í­ntima satisfacción de pertenecer a nuestra dinastí­a».

Después, el Rey terminó sus palabras con un homenaje de gratitud a su padre: «En estos momentos de indudable trascendencia para España y para nuestra familia y al recibir de tus manos el legado histórico que me entregas, quiero rendirte el emocionado tributo de mi cariño filial unido al respeto profundo que siempre te he profesado, al comprender desde niño que, sobre todo y por encima de todo, tú no has tenido nunca otro ideal que la entrega absoluta al servicio del pueblo español».

En aquella sencilla ceremonia de apenas quince minutos de duración, estuvieron presentes las tres grandes renuncias de los tres últimos jefes de la Dinastí­a: la renuncia de Alfonso XIII, que abandonó España rumbo al exilio en un intento desesperado por evitar un enfrentamiento civil. La de Don Juan, que pasó más de la mitad de su vida en el destierro tratando de mantener viva la llama de la reconciliación de los españoles, aunque esa labor le dificultara cada vez más la posibilidad de regresar a España, gobernada en aquellos años por Francisco Franco. Y la renuncia de Don Juan Carlos, sometido desde niño a sacrificios, presiones y soledad con la meta de restaurar la Monarquí­a. Cada uno a su manera habí­a dado cumplimiento al mandato de la Dinastí­a: «Por España, todo por España».

Legitimidad dinástica

La renuncia de Don Juan fue valorada positivamente desde todos los sectores polí­ticos en aquel momento, pero con el paso del tiempo fue adquiriendo grandeza y, cuarenta años después, se valora como la gran aportación del Conde de Barcelona a la Transición, un proceso que sólo fue posible gracias a la suma de muchos gestos de generosidad, como éste. En aquellos momentos, aún no estaba aprobada la Constitución de 1978 y aquella renuncia otorgó al Reinado de Don Juan Carlos la legitimidad histórica, como heredero de la Dinastí­a. De hecho, cuando Don Juan Carlos anunció su deseo de abdicar en junio de 2014, aludió a este momento: «Fiel al anhelo polí­tico de mi padre, el Conde de Barcelona, de quien heredé el legado histórico de la Monarquí­a española, he querido ser Rey de todos los españoles».

Tomado de www.abc.es

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