LECTURA: La industria vasca en el siglo XIX

1.- El proceso de industrialización

La industria en España llega de la mano de las instituciones públicas y del capital extranjero de los paí­ses industrializados.
Los sectores autóctonos recurrieron al proteccionismo para aguantar el empuje de las nuevas tecnologí­as y los precios más baratos de los productos extranjeros, que, sin embargo, terminaron imponiéndose en el mercado interior, ya que tení­an una calidad similar y un precio mucho más bajo.
La burguesí­a española no apostó por la industrialización, y por el cambio de los medios de producción, SALVO EN EL PAIS VASCO, con lo que se quedó atrasada con respecto a las economí­as europeas más pujantes.

La burguesí­a prefirió invertir su dinero en la compra de tierras. A la larga, la artesaní­a autóctona no pudo competir con los productos industriales, e intentarí­a crear un mercado protegido donde competir con los productos fabriles.

El capitalismo desarrollado en el siglo XIX es fruto de una economí­a dependiente.

2.- Las fuentes de energí­a

La revolución industrial supone la aparición de nuevas aplicaciones de las fuentes de energí­a, que también llegan a España. La máquina de vapor es el sí­mbolo de la industrialización y el carbón la fuente de energí­a que la mueve.

Las fuentes de energí­a clásicas son la hidráulica y la eólica, pero estas energí­as restringen la ubicación y el desarrollo de la industria, porque están limitadas a una localización concreta. El carbón, y la máquina de vapor, liberan a la industria de la dependencia de la ubicación de las fuentes de energí­a, pero no de la localización de la industria de las regiones donde existe el carbón: de las cuencas carboní­feras.

El ferrocarril y el barco se hacen imprescindibles para llevar los productos industriales a los mercados. Pero su autonomí­a depende de su capacidad para transportar el carbón que consume la máquina de vapor que los mueve.

No obstante, el progresivo avance de la tecnologí­a de producción de bienes industriales, consigue que cada vez sea menor el consumo de carbón, y que se puedan emplear carbones de peor calidad. Todo ello sin detrimento de la producción. Esto se logrará, en España, en la década de 1860. La auténtica liberación de la industria respecto de las fuentes de energí­a no se conseguirá hasta que en el siglo XX se emplee la electricidad como fuente de energí­a.

3.- El carbón

El carbón es fundamental en la primera parte de la revolución industrial. A parte de ser la fuente de energí­a principal, se emplea en la siderurgia para producir acero. El carbón español de las cuencas de León, Asturias y Palencia tiene que competir con el británico que llega a las COSTAS VASCAS, donde se encuentra el mineral de hierro.

Este carbón es mucho más barato, sobre todo tras la caí­da de los fletes del transporte marí­timo. Ello obliga al gobierno español a tomar una serie de medidas proteccionistas para evitar la competencia de los carbones británicos. Con el arancel de 1862 se favorece la implantación, en Asturias, de la industria y los capitales vascos. El carbón desplaza a las pequeñas industrias y al consumo doméstico local, y se desarrollan una serie de siderurgias asociadas como las de Duro, Felguera, Mieres, Asturiana del Zinc o Trubia. Para dar salida a esta producción se construye el ferrocarril del Norte que pondrá en contacto Asturias con el Paí­s Vasco y con Madrid.

En 1891 caen drásticamente los fletes del comercio marí­timo, y no se toman medidas proteccionistas, con lo que el carbón británico llega a Bilbao a un precio mucho más barato que el asturiano.
La industria asturiana entra en declive y comienza el auge de la SIDERURGIA VASCA. Todaví­a en 1906 se impone otro arancel proteccionista que obliga a las empresas españolas a utilizar carbón nacional, para salvar del declive a la minerí­a asturiana, pero esta ha entrado ya en franco retroceso.

Asturias y el Paí­s Vasco no son las únicas zonas de España donde se impulsa la industria. También en Andalucí­a hay un intento de construir una región siderúrgica, pero la dificultad de encontrar carbón a buen precio, y a pie de fábrica, hacen fracasar el proyecto.

4.- Las industrias extractivas

También se desarrolla la minerí­a del cobre y la de la pirita, y la industria eléctrica y quí­mica, con la fabricación de jabón, vidrio, ácido sulfúrico, etc., en las compañí­as de Rí­o Tinto y Almadén, también de capital británico.

El principal centro de producción de mineral de hierro es el PAIS VASCO, que tiene sus minas muy cerca de la costa, lo que le permitirá crear una importante industria siderúrgica gracias al carbón inglés.
En el Paí­s Vasco no se trasladan las aduanas a la costa hasta 1841, momento en le que la industria vasca queda definitivamente integrada en el mercado español.

El sistema empleado para la fabricación de acero es el sistema bessemer, que ahorra mineral y carbón y puede emplear hierros de peor calidad, con lo que se pueden aprovechar el mineral desperdiciado que hay en las escombreras. Pero estas siderurgias, también están dominadas por el capital extranjero. Durante la época del proteccionismo se construye el ferrocarril minero desde Asturias-León-Palencia hasta BILBAO para llevar el carbón a las industrias vascas.

En 1907 los empresarios vascos de la siderurgia ponen sus ojos en la minerí­a marroquí­ de las montañas del Rif, en las minas de Vixan, y España inicia una polí­tica colonial sobre el norte de Marruecos, que le llevará a una cruenta guerra.

A pesar de la invención de la bergadana, la dependencia tecnológica del exterior es casi total, porque la bergadana, por utilizar una fuente de energí­a limitada, no puede competir con las nuevas fuentes de energí­a.
En 1833 se comienzan a instalar los primeros motores de VAPOR. Esta renovación tecnológica supone una fuerte inversión en maquinaria, lo que encarece la fabricación de los productos textiles. Esto favorece que en Cataluña aparezcan dos zonas textiles diferenciadas: una junto al mar, de donde viene la tecnologí­a y por donde se comercializan las telas, y otra en el interior, rural, vinculada a los saltos de agua y las cuencas fluviales. Durante mucho tiempo ambas formas de producción convivirán.

Pero los capitales catalanes no sólo se invierten en Cataluña, sino que se colocan en toda España. Particularmente son importantes las inversiones en transporte que se hacen en el Paí­s Vasco, Andalucí­a, etc., con el fin de que sus productos abastezcan el mercado interior.

El arancel proteccionista de 1849 es una buena oportunidad para el crecimiento de la industria catalana, que aprovecha la coyuntura para renovar la tecnologí­a. El precio de los productos textiles desciende, y el mercado aumenta. El arancel de 1891 permite la importación de algodón en rama, lo que supone una ventaja para la producción textil y la superación de la crisis.

5.- La siderurgia

Hasta 1886 la producción de hierro dulce en España se obtiene por medio de una tecnologí­a un tanto anticuada, obtención de hierro directo o hierro colado.

Pero desde los años 20 del siglo XIX Martí­n-Siemens comienza a introducir tecnologí­a moderna que permite utilizar hierros de peor calidad. En la fabricación de hierro en España, se puede diferenciar dos regiones. En general, Asturias se dedica a la producción de hierro laminado, mientras que la elaboración de hierro en Vizcaya es de lingotes. No obstante, a partir de 1921 la mayorí­a de la manufactura del hierro es de productos elaborados y semielaborados.

La ferrerí­a tradicional con horno bajo, de carbón vegetal y de hierros de alta calidad, era inviable a comienzos del siglo XIX; sin embargo, se mantení­a gracias a un proteccionismo ultramontano, exigido por la burguesí­a vasca.

A pesar de todo, la modernización era cuestión de tiempo, y hacia 1826 la mayorí­a de las ferrerí­as tradicionales habí­an desaparecido, o se habí­an modernizado. En 1831 se instala en España el primer alto horno, el de La Constancia, en Málaga. Los primeros altos hornos en el PAIS VASCO se instalan en 1841, año en que se trasladan las aduanas a la costa.

Esta siderurgia se desarrolla bajo una legislación protectora que hace competir a la fundición tradicional con la siderurgia moderna; ambas con capitales españoles. La primera siderurgia que se instala en España aparece en Andalucí­a pero la falta de mineral y de carbón en el paí­s, dará al traste con ella pronto.

El hierro que se consume es producido, mayoritariamente, en el PAIS VASCO, pero la maquinaria que se utilizaba era importada.

En los años 1840 se desarrolló la siderurgia en el norte, en Asturias: Mieres y La Felguera, con un sistema de colado que utilizaba carbón de coque. Asturias tení­a la ventaja del carbón que, gracias a los aranceles proteccionistas, es más barato que el de importación, y más determinante en el precio del producto que el hierro, por ser un carbón caro. Para evitar el precio del carbón, en el alto horno de El Carmen, en VIZCAYA, se instala un sistema tipo chenot que consume carbón vegetal y hulla.

Con el tiempo y el avance de la tecnologí­a se va reduciendo las necesidades de combustible para producir acero. En 1827 eran necesarias 3 Tm de hierro y 4,5 Tm de carbón para producir 1 Tm de acero. En 1836 eran necesarias 2 Tm de hierro y 3,5 Tm de carbón para producir 1 Tm de acero.

En 1865 llega a España la tecnologí­a que permite la inyección de aire caliente en el horno, lo que permite reducir el consumo de carbón drásticamente. Para producir 1 Tm de acero es necesaria 1 Tm de hierro y 1,5 Tm de carbón. Esta disminución del consumo de carbón, y la caí­da de los fletes que permite la llegada de mineral británico al Paí­s Vasco (en 1877), terminó con la hegemoní­a asturiana en la siderurgia. Los hierros vascos eran mejores y más baratos. Sin embargo, la decadencia de la siderurgia asturiana es progresiva, ya que las guerras carlistas dificultan el despegue de las acerí­as vasca. Tras la paz, en 1879, la hegemoní­a del PAIS VASCO es indiscutible.

En 1883 la fábrica de El CARMEN instala un horno con sistema bessemer, lo que sitúa a la planta a la altura tecnológica de las mejores empresas de Europa, y con unos precios muy competitivos.
Sin embargo, en esta fecha ya ha comenzado la crisis económica de la gran depresión y las medidas proteccionistas que se toman en toda Europa dejan a la moderna fábrica únicamente con el mercado interior, para vender sus productos. Este consumo es insuficiente para la fábrica.
El mercado es muy estrecho. Se compone, fundamentalmente, de: productos para la labranza, rejas, verjas etc., que se consumen en el medio rural; clavos, cadenas y otros productos propios de la industria naval; cañones, fusiles, etc., que consume la industria armamentí­stica; ferrocarriles y barcos para el transporte; y cañerí­as y mobiliario urbano, para el consumo en las ciudades.
Esta demanda, además, es, en parte, cubierta desde el exterior, ya que parte del capital invertido en la siderurgia es extranjero. Además, el proteccionismo dificultó la adquisición de bienes de equipo en el extranjero, con lo que las industrias españolas se quedarí­an pronto viejas, y se irí­an sustituyendo por importaciones. Sólo en la última década del siglo se mitigó la crisis internacional, y la industria volverí­a a surgir.

6.- La industria quí­mica y eléctrica

La industria quí­mica se desarrolla, principalmente, gracias al sector agrí­cola, a las papeleras, a la industria del jabón y a la industria textil. Sus productos, durante la mayor parte del siglo, serán manufacturas protegidas, por lo que habrá una polí­tica de sustitución de las importaciones por el consumo de artí­culos nacionales, lo que favorece la instalación de industrias quí­micas en el paí­s. Sin embargo, esta actividad tiene una gran dependencia exterior, ya que las patentes son extranjeras; y los capitales, en gran medida, también; patentes de Cros, Solvay o Nobel.

En 1872 se constituye la Sociedad Española de Dinamita en Bilbao con patente de Nobel. En 1899, en Gerona, se instala la fábrica de cementos La Esperanza con el sistema de fabricación pórtland.

También en esta época se desarrolla la industria eléctrica. La electricidad se obtiene de la hulla, en pequeñas centrales que satisfacen una demanda local cercana. Aún no está desarrollada la tecnologí­a que permite transportar la electricidad a grandes distancias, esto se conseguirá en el siglo XX.

Tellagorrri

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