La reveladora lápida de una dama de la taifa de Zaragoza

«Desde siempre» habían aparecido huesos humanos en la calle Barranco de Rueda de Jalón, según cuentan los vecinos. Por eso a nadie le extrañó que se descubriera una lápida en las obras de saneamiento que se llevaron a cabo en noviembre de 2019 en esa misma zona de la localidad zaragozana. Era una losa sepulcral de alabastro blanquecino casi completa, con una inscripción en árabe cuyo texto ha dado a conocer la arabista Carmen Barceló en el último Boletín del Archivo Epigráfico de la Universidad Complutense de Madrid.

«Ésta es la tumba de la esposa de al-wazīr (ministro), al-qā’id (general), Abū-l-Hasan Mukallaf, hijo de Dū-l-wizāratayn (el de los dos ministerios), al-qā’idSa‘āda» reza el epitafio tras una invocación inicial a «Dios, Clemente, Misericordioso» y unas citas del Corán. La mujer, una dama de la taifa de Zaragoza cuyo nombre no se quiso hacer constar, falleció «al anochecer» del miércoles 19 de julio de 1105. «¡Se apiade Dios de ella, le perdone y de por buena su obra!», finaliza el escrito junto a otras jaculatorias.

«El dato más significativo de esta inscripción es que aporta la personalidad y funciones de los dos varones relacionados con la difunta», explica a ABC la destacada filóloga y arabista. «Fueron alcaides ambos (padre e hijo) en la fortaleza de Rueda, de la que apenas tenemos información directa». A finales del siglo XI, «fueron fieles a la familia de los gobernantes de Zaragoza (la dinastía de los Banū Hūd), la cual buscaría refugio en la ciudad unos pocos años después de la fecha de la lápida, según las crónicas», añade.

El tratamiento de «doble ministerio» del suegro de la difunta podría indicar, en opinión de Barceló, una doble dedicación a asuntos de carácter político y a temas de signo militar al mismo tiempo. El uso de esta distinción se ha detectado en algunos personajes con rango de mandatario de taifa que no se atrevieron a adoptar un título principesco. «Puede ser que llegara a convivir con la etapa del retiro del Cid en Zaragoza a principios de 1092 desde donde, según el conocido relato de Ibn al-Kardabūs, lanzó ataques contra fortalezas de La Rioja», anota en su investigación.

Tanto el esposo Abū-l-Hasan, como su padre Sa‘āda, habían fallecido antes que la dama porque tras mencionarlos, se incluye la expresión «se apiade Dios de ellos», que acompaña la referencia a una persona difunta.

Una dama anónima

La lápida, de 515 milímetros de alto por 445 mm de ancho y 105 mm de grosor, se ha conservado prácticamente completa, aunque le falta la esquina inferior derecha y una fractura central la divide en dos pedazos. La escritura árabe ocupa casi todo el espacio, por lo que se cree que pudo estar empotrada en un panteón familiar.

Según explica Barceló, aunque existen muchos ejemplos de estelas dedicadas a mujeres, solo representan un escaso 15% respecto al cómputo de epitafios de varones. Son menos las atribuidas a mujeres y escasas las que atestiguan la personalidad del difunto o su posición social, por lo que ésta de Rueda de Jalón resulta particularmente interesante.

En épocas posteriores a la etapa de la dinastía Omeya, como la de esta inscripción, solía acontecer que no se nombrara a la difunta. De hecho, la religión del Islam recomienda a sus creyentes el anonimato de la sepultura, pero Barceló solo conoce casos femeninos en los que se omitiera el nombre. Tampoco se solía reflejar en el epitafio la edad que tenía la difunta al morir. En esta losa aragonesa se aprecia, sin embargo, una singularidad. Por primera vez en una inscripción peninsular se recoge el término de ‘esposa legítima’ (ahl).

«En la península los epitafios de musulmanes siempre señalan nombre y filiación del difunto o difunta, pero en el caso de Rueda de Jalón es posible que el panteón donde fue enterrada la señora perteneciera a los miembros de la familia del alcaide de la fortaleza y esa podría haber sido la razón de que se le citara ‘esposa legítima’, que era mención suficiente».

Un picado, que parece intencionado, afecta al nombre del marido de la difunta. «Podríamos estar ante otro ejemplo de damnatio memoriæ del que existe algún otro en la epigrafía de al-Andalus», señaló la arabista en su estudio. El borrado pudo haberse realizado en cualquier época. Tal vez pudo deberse a que la losa de mármol fue reutilizada. «En realidad -explica Barceló-, después de la restauración se ve claramente que el elemento onomástico que ha desaparecido es solo la palabra ‘hijo’. Cuando redacté el trabajo no se habría producido el trabajo de limpieza de la lápida» que llevó a cabo la restauradora Mercedes Blanco.

Varios signos aún conservan un pigmento rojo muy desvaído. La losa estuvo coloreada, siguiendo una costumbre andalusí. «En los pocos casos en los que se ha podido apreciar la pigmentación roja en estelas de la península, en alguna se ha coloreado toda la inscripción pero suele ser más frecuente el fondo sobre el que destacan las letras y el perfil lateral de estas, de modo que la superficie de las grafías queda blanca, haciendo un efecto ‘rojo y blanco’», señala la autora del estudio.

Esta estela se suma a un significativo número de inscripciones funerarias de mujeres de cierta relevancia social en su época. «Habrá que investigar cuando contemos con más testimonios de la zona para poder determinar con certeza si silenciar el nombre de la difunta era una tradición local aragonesa», comenta. Junto a varias inscripciones árabes que se han podido recuperar en los últimos veinte años, la losa de Rueda de Jalón cubre el enorme vacío que existía en tierras aragonesas de este tipo de lápidas, que aportan datos relevantes y noticias valiosas para la Historia de Aragón.

Tomado de www.abc.es

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