LECTURA: La rotación de cultivos

El desarrollo de la agricultura convencional ha conducido, en general, a un deterioro de la calidad del suelo y de su capacidad productiva a raí­z de procesos erosivos y balances negativos de carbono (C), nitrógeno (N) y fósforo (P).

El vuelco hacia esquemas preferentemente agrí­colas con menor presencia en la rotación de pasturas correctoras de las propiedades del suelo, y el predominio de cultivos oleaginosos en las secuencias agrí­colas, han planteado nuevos interrogantes sobre la evolución del recurso suelo de nuestra región.

La incorporación de la siembra directa con el no laboreo del suelo y la acumulación de rastrojos en superficie, cumple un rol importantí­simo en el mantenimiento de las propiedades edáficas. Sin embargo, por sí­ sola esta técnica no serí­a suficiente para lograr una agricultura sustentable y menos aún si se implementan rotaciones donde predominen cultivos que aportan escaso volumen de rastrojos y balance negativo de la materia orgánica del suelo.

Si bien en el contexto actual existen cultivos con rentabilidad diferencial como la soja, es necesario proyectar a largo plazo y hallar alternativas sustentables en el aspecto tecnológico-productivo.

En este sentido, una tecnologí­a de procesos de bajo costo y fuerte impacto como es la rotación de cultivos con diferentes especies (predominantemente gramí­neas), deberá ser tenida en cuenta como una herramienta de suma utilidad.

La visualización del sistema de producción en un ciclo de varios años nos permitirá medir la variación productiva y económica de los factores involucrados en todo el proceso, reflejando el estado del recurso suelo y los posibles condicionantes productivos que el sistema deberá afrontar en el futuro.

Secuencias más agrí­colas

El aumento de la superficie asignada a cultivos de cosecha en la región se debió a: La mejor rentabilidad de la agricultura con respecto a la ganaderí­a, con un rápido retorno de la inversión; el notable avance logrado en la tecnologí­a de todos los cultivos (mejora genética, herbicidas especí­ficos, mayor empleo de fertilizantes) y los ciclos climáticos favorables, factores que en mayor o menor medida influyeron para que se produzca este proceso de agriculturización.

Paralelamente también incidió la reducción del tamaño de las unidades productivas y la generalización del manejo a cargo de contratistas y arrendatarios (la mayorí­a de los contratos tienen duración anual), que dedican esos suelos a los cultivos agrí­colas.

Estos cambios estructurales volcaron los sistemas de producción hacia esquemas fuertemente agrí­colas descuidando en muchos casos las rotaciones planificadas para cada lote en particular y determinando secuencias poco armónicas con la sustentabilidad del sistema en el largo plazo.

El incremento del rendimiento de los cultivos con í­ndices de extracción de nutrientes crecientes, creó una mayor dependencia de los fertilizantes, aunque en general, las dosis empleadas en los últimos años no llegaron a reponer todo lo que los cultivos se llevaron del sistema de producción con los granos.

Es así­ que en los últimos años, comenzaron a presentarse en nuestra región signos de  degradación de suelos básicamente medidos a través de la disminución de los tenores de Materia Orgánica.

La rotación de cultivos

Una manera de evaluar la estabilidad del sistema de producción es considerar todo el proceso productivo durante un perí­odo definido, que puede ser una frecuencia o un ciclo determinado. Ello nos permite enfocar, de una manera integral, los factores productivos involucrados en todo el proceso y medir las variaciones que ocurren a través del tiempo (productividad de los cultivos, balances de nutrientes y carbono, variación de las propiedades fí­sicas y biológicas, evolución de la población de malezas, plagas y enfermedades, etc.).

La alternancia planificada de diferentes cultivos es una práctica comprobada para mantener la diversificación del sistema. Al mismo tiempo permite un mejor aprovechamiento de los recursos suelo y agua mediante la capacidad diferencial que tienen las especies de explorar el suelo mejorando las propiedades fí­sicas y quí­micas del mismo, estableciendo un mejor balance hí­drico para los cultivos.

Otras ventajas de la rotación de cultivos son: Cortar el ciclo de malezas, plagas y enfermedades. Disminuir los riesgos climáticos y de mercado. Distribuir equilibradamente ingresos y egresos de la empresa. Eficientizar la utilización de los recursos humanos. Mejorar el aprovechamiento de maquinaria e instalaciones.

En Siembra Directa, a las ventajas descriptas anteriormente deben agregarse un mayor nivel de cobertura con lo que se logra mejor control de erosión, y presencia de diferentes tipos de rastrojos lo cual favorece el aporte hacia las sustancias húmicas.

Los nutrientes

Para alcanzar altos rendimientos, los cultivos necesitan que una gran cantidad de nutrientes estén disponibles durante su ciclo. Todos los elementos esenciales se encuentran en el suelo, y una parte importante se libera a través de la mineralización de la materia orgánica.

La extracción de nutrientes producida por un cultivo es aquella que corresponde a los elementos contenidos en los granos y que salen del sistema de producción con la cosecha. Las necesidades nutricionales del cultivo son aún de mayor magnitud, ya que esta considera el total de nutrientes necesarios para la producción de toda la biomasa del cultivo (raí­z, tallo, hojas, granos).

Los niveles de extracción de un determinado nutriente son variables de acuerdo al cultivo realizado y al rendimiento alcanzado por éste, de manera que la exportación para cada secuencia puede presentar valores muy diferentes, de acuerdo a los cultivos que incluyamos en la rotación. A su vez, cuando en todos los cultivos se dispone de genética con un potencial productivo creciente, los requerimientos aumentan y el déficit de nutrientes representa un factor cada vez más limitante a la productividad.

En las últimas dos décadas, y en coincidencia con el incremento del uso agrí­cola de los suelos de nuestra región, se ha comprobado la respuesta de los cultivos a la fertilización fosfatada (P) y últimamente a la nitrogenada

En la actualidad, la mayorí­a de los productores de trigo y maí­z fertilizan sus cultivos con P y N. En el caso de girasol y soja es normal el empleo de una fertilización con P a la siembra.

Algunos estudios efectuados en la región indican que por el momento otros nutrientes no resultarí­an deficientes y son provistos por el mismo suelo, aunque serí­a necesario corroborar esta situación ante el nuevo escenario agrí­cola planteado.

Considerando el modelo productivo vigente y teniendo en cuenta la fertilización promedio que se aplica en la zona (incluyendo la fijación biológica para soja), aparece un balance negativo principalmente de N. Este modelo de extracción no se condice con un planteo productivo que pueda sostenerse en el mediano o largo plazo. Hasta ahora, esto ha sido posible a expensas de las reservas de materia orgánica (MO) y nutrientes que estos suelos poseí­an naturalmente.

Las implicancias sobre el suelo

Este constante aporte de nutrientes desde el suelo a través de la mineralización de la MO sin una adecuada reposición, provoca una disminución de este parámetro a través del tiempo. En los ensayos de rotaciones de la Chacra Experimental Integrada Barrow las secuencias con mayor presencia de cultivos oleaginosos, mostraron las mayores caí­das.

Estos balances negativos de MO también están siendo reportados en buena parte de la región pampeana producto del avance en la superficie sembrada con soja, debido a que el carbono extraí­do anualmente por la soja (mineralizado desde el suelo) no es compensado por la escasa cantidad y baja relación Carbono/Nitrógeno de sus rastrojos. Asimismo, en suelos del sudeste bonaerense (Balcarce, Tandil) se ha alertado sobre la pérdida de MO asociando la intensidad de la disminución con una mayor presencia de cultivos de verano, especialmente soja, en las secuencias de cultivos. Los resultados locales parecen indicar que en los suelos de nuestra región la tendencia es similar, con el agravante que los mismos poseen menores niveles de MO que en aquella zona.

Cabe aclarar que una disminución de 1 punto en el porcentaje de MO del horizonte superficial (0-20 cm) representa una pérdida de 1100 kg de N y 100 kg de P por hectárea, además de los otros nutrientes que contiene la misma. Este aporte realizado por el suelo nunca es considerado cuando se efectúan los márgenes económicos de los cultivos.

Las ganancias de Carbono del suelo se producen por la transformación de parte de los rastrojos en MO (humificación).

Las pérdidas o salidas del sistema se dan por la descomposición de la MO que es un proceso natural (mineralización).

Las prácticas agronómicas que determinan aumentos de rendimiento en grano (fertilización), generalmente también son acompañadas por un aumento en la cantidad de rastrojos. Diversos autores informan sobre la relación lineal que existe entre la cantidad de residuos que entran al suelo y los niveles de MO del mismo, presentando los mayores valores cuando se incluyen las gramí­neas (maí­z, sorgo, trigo) en la rotación.

La alta relación C/N de los rastrojos de maí­z y trigo determinarí­a una descomposición más lenta y favorecerí­a la formación de MO estabilizada del suelo. La soja estarí­a en la situación inversa.

Para que el balance de carbono sea positivo, el aporte de rastrojos y su posterior transformación en MO debe ser superior a la descomposición.

Rotaciones sustentables

La base para lograr altas producciones sustentables consiste en mantener los niveles de MO del suelo. La rotación con pasturas perennes base alfalfa sigue siendo una herramienta de fundamental importancia para recuperar las propiedades edáficas perdidas en la fase agrí­cola.

De mantenerse la prolongación de los ciclos con cultivos de cosecha (esquemas estrictamente agrí­colas), es necesario integrar la siembra directa, la fertilización y la rotación de cultivos. La siembra directa permite disminuir los procesos erosivos, mejorar el balance de agua e intensificar la producción. La fertilización posibilita recuperar el nivel nutricional óptimo para incrementar la producción.

Pero el verdadero fundamento de la sustentabilidad es la rotación de cultivos, ya que solamente con alta proporción de gramí­neas puede alcanzarse el aporte de Carbono necesario para equilibrar las pérdidas de MO.

Se considera como requisito fundamental para asegurar la viabilidad de los sistemas agrí­colas de la región, la implementación de secuencias de cultivos que no impliquen un balance negativo de la MO. Esto permitirá favorecer la conservación del suelo, mejorar la economí­a del agua, disminuir la variabilidad de los rendimientos y obtener mayores beneficios de la fertilización.

Al mismo tiempo, resulta fundamental establecer una adecuada programación de la fertilización insertándola en forma eficiente en la rotación y adecuando las dosis a los niveles de extracción producidos, especialmente en los nutrientes con mayor respuesta económica. Para ello, el conocimiento de los balances de macronutrientes en los principales cultivos es una herramienta de gran utilidad para diagramar estrategias de fertilización.

En la evaluación del modelo productivo a implementar, es importante manejar el margen global de la rotación para determinar el resultado económico de la empresa en lugar de analizar y comparar el margen bruto por cultivo en cada campaña. A nivel de contratos de arrendamientos, es necesario establecer plazos más prolongados que le permita al arrendatario establecer una secuencia de cultivos que de mayor estabilidad al sistema de producción y al dueño de la tierra conservar su principal recurso: el suelo.

En conclusión: diagramando rotaciones de cultivos coherentes en cuanto a diversificación e intensidad en relación al ambiente productivo, efectuando labranzas conservacionistas, racionales prácticas de manejo y una nutrición de los cultivos fundamentada en balances, es como se podrá conservar el suelo y mejorar la sustentabilidad de los actuales sistemas agrí­colas.

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2 Respuestas

  1. FRANCISCO TORRES NOYOLA dice:

    Quisiera usar el diagrama de rotación de cultivos. Lo escogi entre varias referencias bibliograficas de un trabajo que estoy realizando y ahora que busco el documento original para acreditar la fuente no lo encuentro… creo que es de Eckart S. Boege, 2010, La etnobiologí­a y su contribución sobre las estrategias de conservación de los recursos naturales, Centro INAH, Veracruz, pero no aparece en los materiales que he encontrado de este autor…
    Agradecerí­a mucho saber si puedo usarlo para ilustrar el tema, asi como saber cual es la fuente original

    Gracias mil…

  2. FRANCISCO TORRES NOYOLA dice:

    Was it too long?

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