La Selectividad ahora se llama EBAU

zxcCuando empezábamos a entender que la asignatura a la que nuestros hijos se referí­an como Cono era Conocimiento del Medio, llegó Wert y la dividió en Naturales y Sociales. Cuando al final aprendimos qué era eso del APA, alguien nos aclaró, suspirando con condescendencia, que ahora se decí­a AMPA. Cuando nos sentí­amos casi veinteañeros por llamar PAU a la Selectividad, el mareante examen vuelve a cambiar de nombre. EBAU se llama ahora. Son las siglas de la Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad. El buscador de Google todaví­a no las reconoce. EBAU suena a pan chino y a casa de subastas por internet.

Pocas cosas dan tantas vueltas como la terminologí­a educativa, cuyas denominaciones cambian tan rápido como las leyes. Entre la LOGSE y la LOCE, la LOE y la LOMCE, hemos cambiado las regletas por los gomets y hemos puesto siglas detrás de los nombres de todas las universidades. Lo que antes era NNTT ahora es TIC. Las STEM se han convertido en STEAM.

Al principio de los tiempos estaba la reválida. En 1974, la Ley Esteruelas implantó la Selectividad. Treinta y seis años pasaron hasta que llegó la PAU. Seis años después, la EBAU es el nombre provisional que se le ha dado al examen mientras los polí­ticos llegan a un pacto educativo y hacen una nueva ley.

¿Es normal que las siglas cambien tanto? “Las siglas no son sino modos abreviados de llamar a ciertas realidades. Y cambian al ritmo que cambian estas. No sucede solo en el mundo de la educación, aunque las muchas reformas y contrarrefomas legislativas en ese ámbito dan lugar a cambios más frecuentes que en otros campos”, responde un portavoz de la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA).

“En el ámbito educativo, los frecuentes cambios de denominación de las etapas y las pruebas conllevan lógicamente el cambio de las siglas asociadas a esas expresiones denominativas: la pervivencia o la modificación de una sigla siempre va ligada a la del nombre al que corresponden”, explican, por su parte, en el Departamento de Español al Dí­a de la Real Academia Española (RAE), que dirige el académico Salvador Gutiérrez Ordóñez.

No hay como cambiar de ministro para cambiar de terminologí­a. Bien lo saben en el Gobierno: cuando Wert fue premiado con un puesto en Parí­s, las siglas malditas de su ley -la LOMCE- directamente fueron borradas de todos los argumentarios. Empezó a hablarse a todas horas de “la reforma de la LOE”, en una forma de huir de su funesto pasado al tiempo que se lanzaba un mensaje al PSOE: “Oye, que estamos utilizando vuestra ley”.

“La huella del polí­tico”

Pero hay algo que nadie se explica en el mundo educativo. Si la EBAU es prácticamente igual que la PAU, como no para de repetir el Gobierno, ¿por qué ahora se llama distinto?

“Porque es la forma que tienen los polí­ticos de dejar su huella legal, de decir que han pasado por un asunto”, responde Javier Orrico, catedrático de Lengua y Literatura de Bachillerato y autor de La tarima vací­a, un libro muy crí­tico con el vaivén educativo. “Es una manifestación más del lenguaje de los pedagogos, que está por todas partes. Se trata de inflar el lenguaje de modo que parezca que se domina una ciencia muy elevada a la que el común de los mortales no puede acceder”, añade.

Según opina Orrico, “ya nadie se atreve a decir examen porque parece de derechas”. “La EBAU deberí­a llamarse Examen de Acceso a la Universidad, que es lo más sencillo, pero se recurre a largos eufemismos”.

En realidad, la orden que determina las caracterí­sticas, el diseño y el contenido de la prueba elaborada por el Ministerio de Educación no habla expresamente de EBAU, sino de “evaluación de Bachillerato para el acceso a la Universidad”, así­ en minúsculas, como para que se evite la tentación de crear siglas. Son las comunidades autónomas, en los desarrollos normativos que están publicando estos dí­as, las que dicen EBAU. O EvAU. Porque ni siquiera en esto se ponen de acuerdo. Castilla y León, Asturias, La Rioja, Cantabria o Canarias hablan de EBAU, mientras que la Comunidad de Madrid ha prescindido de la palabra “Bachillerato” que aparecí­a en la denominación inicial y ha optado ahora por EvAU, entendida como Evaluación de Acceso a la Universidad.

¿Por qué se escribe en mayúsculas?

Tanto la RAE como la Fundéu recomiendan escribir EBAU con todas las mayúsculas, porque “no se trata de un acrónimo plenamente lexicalizado”; es decir, porque “no se emplea como una palabra, como ya ha sucedido con otras como pyme (de PYME, pequeña y mediana empresa) o ere (de ERE, expediente de regulación de empleo)”.

“En este caso, podrí­a llegar a escribirse como ebau, pero ese suele ser un proceso que lleva tiempo”, dicen en la Fundéu.

¿Cuánto puede pasar hasta que lexicalicemos la EBAU? Sigue respondiendo el portavoz de la Fundéu: “Lo normal es que al principio se use casi exclusivamente en el entorno en el que nace y por las personas relacionadas, en este caso, con la educación. Y que poco a poco se vaya extendiendo su uso. Al principio, será normal que las personas no directamente relacionadas con esas pruebas sigan usando el nombre de la anterior y la llamen PAU o Selectividad, entre otras cosas porque seguramente los medios explicarán que la EBAU es ‘la nueva PAU’, la ‘nueva Selectividad’ o fórmulas parecidas. Si acaba calando o no la nueva denominación dependerá mucho del tiempo que esté vigente. De hecho, si hiciéramos una encuesta, seguramente hay mucha más gente que sabe qué es la Selectividad, una denominación que se usó durante más años, que la PAU, de existencia más efí­mera”.

Tomado de www.elmundo.es

 

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