TEMA 1: Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812

Tras la crisis de 1808 (“Motí­n de Aranjuez”, “Conferencia de Bayona”), la monarquí­a española habí­a quedado en manos de José I Bonaparte (hermano del Emperador francés) que, con tropas francesas llegadas tras el Tratado de Fontainebleau (1807 para la conquista y reparto de Portugal), ocupaba todo el Paí­s.

En 1808, tras el avance francés, las abdicaciones de Bayona y el 2 de mayo de Madrid, se suceden levantamientos antifranceses y ante el vací­o de poder (tanto Carlos IV como su hijo Fernando están prisioneros de Napoleón en Bayona) se crean Juntas Provinciales de Defensa en casi todas las capitales, formadas por hombres de la aristocracia, el clero, militares y funcionarios. Enseguida con delegados de estas juntas provinciales se formó, en Aranjuez, una Junta Central Suprema de 34 miembros (septiembre de 1808), presidida por el viejo Floridablanca, que se convierte en el máximo órgano gubernativo (hasta la vuelta de Fernando VII como legí­timo rey de España), coordina la acción contra los franceses y ocupa el vací­o de poder dejado por la marcha de José I (quién tras la victoria de Bailén pasó a Francia).
Esta victoria española de Bailén, en noviembre de 1808, motiva que Napoleón entre en España, con un ejército de 250.000 hombres y desarrolle un avance espectacular volviendo a conquistar Madrid, mientras que la Junta Central se refugia en Sevilla y más tarde en Cádiz, cuya posición estratégica la hací­a inexpugnable. Además estaba protegida por la marina inglesa. Esta Junta Central convoca las Cortes en 1810 tanto para atender la guerra con los franceses como la problemática independentista de las colonias americanas. (Ver ANEXO 3)

1.- Las Cortes de Cádiz

La formación de las Cortes de Cádiz fue absolutamente novedosa para la época. Las Cortes fueron elegidas mediante el voto de los varones mayores de 25 años que elegí­an a representantes por provincias. Además se convoca una asamblea única, en la que a cada diputado le correspondí­a un voto rompiendo así­ con la organización estamental propia del Antiguo Régimen. Las nuevas Cortes se reuní­an en representación de la nación y no del Rey, aunque se reconocí­a como soberano legí­timo a Fernando VII, y se le juraba fidelidad.

Entre los diputados elegidos (muchos de ellos refugiados en Cádiz por imperativos de la guerra) predominaban los eclesiásticos (casi un tercio), abogados, funcionarios, militares e intelectuales aunque también habí­a algunos nobles. Los territorios americanos también designaron representantes, aunque fueron elegidos entre los originarios de esos territorios que se encontraban en Cádiz en ese momento. Como dato significativo, conviene resaltar que entre los diputados no habí­a ni un solo representante de las clases populares.

Las sesiones de las Cortes se celebraban en el Oratorio de San Felipe Neri y contaban con un ambiente muy apasionado. El público participaba apoyando o censurando la intervención de los diputados. Además la vida polí­tica se extendí­a al dí­a a dí­a de la ciudad, con debates constantes en cafés y periódicos. Este apasionamiento respondí­a a la fuerte división entre los diputados, así­ podemos distinguir diferentes grupos claramente diferenciados en lo ideológico:

  • Los liberales: Defendí­an la soberaní­a nacional, la división de poderes y la igualdad jurí­dica ante la ley. Apostaban por la desaparición de los privilegios señoriales propios del Antiguo Régimen. Era el grupo mayoritario.
  • Los absolutistas o serviles: Pretendí­an mantener la monarquí­a absoluta y el poder del rey sin los lí­mites que marcaba la Constitución. Apostaban, por tanto, por el mantenimiento del Antiguo Régimen.
  • Los “jovellanistas” o ilustrados: Existí­a un grupo intermedio, reformistas moderados. Defendí­an la soberaní­a compartida entre el rey y las Cortes.

La principal obra legislativa de las Cortes de Cádiz fue la elaboración de la Constitución de 1812, pero también tomaron otras decisiones de gran trascendencia que significaban el final del Antiguo Régimen y el primer gran intento de liberalización económica y social. Destacan las siguientes: Libertad de imprenta, abolición de los señorí­os jurisdiccionales, derogación de los gremios, supresión dela Mesta, abolición de la tortura, supresión de la Inquisición y definición de España como nación única.

  1. La Constitución de 1812

Pero, sin duda, que lo más importante de su obra legislativa es La Constitución de 1812. Constitución (primera española) que se promulgó el 19 de marzo de 1812, dí­a de San José; por eso se la conoce como la “Pepa”.

Se compone de un discurso preliminar y 384 artí­culos (es un texto largo). Esta Constitución recoge muchos de los principios fundamentales que siguen vigentes en nuestros dí­as. Algunos de ellos los tenemos tan asimilados que parece increí­ble que en otro tiempo las cosas no fueran iguales. Pero lo cierto es que, en el momento de su proclamación, significaron una auténtica ruptura con lo que existí­a con anterioridad.

Mostramos aquí­ un extracto de los principios fundamentales de la Constitución de 1812 explicados en un lenguaje sencillo y citando parte del texto original.

          a.- Soberaní­a Nacional

La Constitución de 1812 defiende que la soberaní­a reside esencialmente en la Nación, entendida como la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. Por tanto pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales. Así­ mismo también establece que la Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona. La forma del Estado serí­a una monarquí­a –en la persona de Fernando VII, pero parlamentaria o constitucional. (Art. 1, 2)

         b.- Separación de Poderes

La Constitución de 1812 intenta diferenciar claramente quién hace las leyes, quién las ejecuta y quién juzga a quien no las cumple: Poder Legislativo: “la potestad de hacer las leyes reside en la Cortes con el Rey“; Poder ejecutivo: “la potestad de hacer ejecutar la leyes, reside en el rey“; Poder Judicial: “la potestad de aplicar las leyes en las causas civiles y criminales reside en los Tribunales establecidos por la Ley“ (Art.15-16-17) ….

          c.- Derecho de representación

La nación estará representada por la Cortes, cuyos diputados son elegidos por la población y de forma igual en ambos hemisferios: “Las Cortes son la reunión de todos los Diputados que representan la Nación, nombrados por los ciudadanos en la forma que se dirᓝ (art.27). “La base para la representación nacional es la misma en ambos hemisferios.” (Art. 28)

          d.- Derechos fundamentales del individuo: Libertad de Expresión / Libertad de Prensa e imprenta (Art.371); Derecho a integridad fí­sica (Art. 303); Libertad Personal (Art. 172); Inviolabilidad del domicilio (Art.306); Garantí­as Procesal y Penal” (Art. 247).

          e) No se reconocí­a, sin embargo, la libertad de culto, sino que se imponí­a el catolicismo como religión oficial y única, concesión clara al sector absolutista.

3.- Importancia de la Constitución de 1812

La Constitución de Cádiz es fundamental en la historia de España. Es la primera – ya que la “Constitución de Bayona” de 1808 es una “Carta Otorgada“-. Se inspira en la Constitución francesa de 1791 pero es más avanzada y progresista que ella, ya que acepta el sufragio universal y una amplia garantí­a de derechos. La guerra de la Independencia no permitió llevar a la práctica lo legislado por las Cortes. Además la mayorí­a de la sociedad española quedó al margen: eran campesinos, monárquicos absolutistas por estar muy influidos por el clero y la nobleza. Fernando VII anuló la Constitución y la obra de las Cortes de Cádiz a su vuelta del exilio en marzo de 1814. Sin embargo, la Pepa fue una referencia clave para el liberalismo posterior. Además, su influjo fue decisivo en otras constituciones de América del Sur y de Europa, como las de Italia y Portugal. (Ver ANEXO 4: “El Reinado de Fernando VII”).

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