Las recetas de los pensadores para 10 debates de hoy (V)

Quizá piense que la filosofía es cosa del pasado o de eruditos, pero no es así. Y cada vez son más quienes la descubren de forma casual o llevados por el currículo escolar y quedan hechizados por ella, sobre todo muchos jóvenes y adolescentes. Porque, como explica Joan Méndez, profesor de Filosofía del colegio San Juan Bosco de Barcelona y miembro de la Asociación de Filosofía Práctica de Catalunya, la lectura atenta de las aportaciones de los grandes pensadores, tanto clásicos como contemporáneos, ayuda a vivir mejor “porque mejora nuestra comprensión sobre el mundo que nos envuelve, sobre los problemas que se nos plantean y sobre nosotros mismos”.

Su colega del instituto Carles Rahola de Girona, Xavier Serra, asegura que “la filosofía es esencial para entender el mundo en que se vive sin caer en los fanatismos, en ser víctimas de la manipulación o en perder el contacto con el mundo real”, y eso la convierte “en una de las mejores terapias para superar las angustias contemporáneas”.

Y para que cada cual constate por sí mismo sus efectos, Méndez, Serra e Ignasi Llobera (profesor de Filosofía de la escuela SEK Catalunya) apuntan en este reportaje lecturas y pensadores “de utilidad” para algunos de los problemas que más preocupan en la actualidad.

El placer

Identificar felicidad con placer y rehuir la frustración y el sufrimiento no son atributos exclusivos de la sociedad actual. En el siglo IV antes de Cristo, Epicuro fundó el epicureísmo, una corriente filosófica según la cual la clave de una vida feliz es conseguir acumular la mayor cantidad de placer mientras se reduce al máximo el dolor. Ahora bien, de la lectura de su Carta a Meneceo también queda claro que no todos los placeres se deben aceptar y que, según Epicuro, es una existencia moderada y basada en el autocontrol la que maximiza el placer y evita, en lo posible, el ­dolor.

También la corriente del utilitarismo de Jeremy Bentham y John Stuart Mill, entre otros, plantea que el fin de la vida es el placer o interés personal, si bien añade al epicureísmo el valor de la dimensión altruista, que la felicidad personal redunda en la felicidad de los otros y las de estos en uno ­mismo.

Desde un enfoque diferente, Byung-Chul Han reflexiona –en La agonía del Eros–, sobre como hoy no hay un pensamiento adverso al placer que amenace la sexualidad, pero en cambio esta se ve amenazada por la pornografía y por el utilitarismo. Para Han, el porno es la expresión exacta del narcisismo típico de la sociedad actual, de una “sociedad del rendimiento”, y el narcisista no puede encontrar nada fuera que sea distinto de él mismo, y por lo tanto no hay nada que pueda amar, y eso está matando el eros, la relación con el otro. Y esa falta de relación con el otro es también, según Han, la principal causa de la depresión que afecta a tantas personas y que las aleja del placer.

Libertad

Tampoco el debate en torno al binomio libertad y responsabilidad es una porfía nueva. Baruch Spinoza, Immanuel Kant, Jean-Paul Sartre, John Stuart Mill, Fiedrich Nietzsche, Max Weber o Hans Jonas son algunos de los muchos pensadores que han abordado estos conceptos y sus limitaciones desde muy diversos puntos vista.

En Sobre la libertad, John Stuart Mill ya plantea cómo saber hasta qué punto uno es libre de hacer lo que crea. Parte de la histórica lucha entre la autoridad y la libertad para argumentar el derecho del individuo a disentir de la colectividad y denunciar la tiranía de las mayorías.

En El existencialismo es un humanismo, Jean-Paul Sartre razona que, dado que las personas están condenadas a la libertad, inevitablemente han de afrontar, sin excusas, que son responsables de sus elecciones.

En su ensayo Ética para Amador, Fernando Savater deja claro, en un lenguaje directo y coloquial dirigido a los adolescentes, que no es lo mismo libertad que permisividad porque “no todo da igual”, y argumenta que la responsabilidad es el reverso de la medalla de la libertad, que una sin otra no pueden existir porque la responsabilidad es la que confirma que el hombre es libre. “Mi haz lo que quieras no es más que una forma de decirte que te tomes en serio el problema de tu libertad, lo de que nadie puede dispensarte de la responsabilidad creadora de escoger tu camino”, aduce Savater.

Tomado de www.lavanguardia.es

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