LECTURA: ¿Qué es el Cupo vasco?

¿Cuándo nació el modelo del Cupo vasco?

El primer Concierto Económico entre el Estado y las diputaciones vascas entró en vigor en 1878, tras haber sido creado por real decreto en noviembre de 1877. Lo impulsó el conservador Antonio Cánovas del Castillo como componenda a la Ley de Abolición de los Fueros que se dictó en julio de 1876, tras las últimas Guerras Carlistas.

¿Cómo llegó hasta el actual Estado de las Autonomí­as?

El Concierto Vasco se ha mantenido ininterrumpidamente pese a que nació como solución transitoria. Franco lo mantuvo en ílava -lo suprimió en Guipúzcoa y Vizcaya por considerarlas «provincias traidoras»-. La Constitución de 1978 lo restauró en su integridad y lo blindó: su disposición adicional primera consagró «los derechos históricos de los territorios forales».

¿Por qué se creó el Concierto Económico Vasco?

En 1877, el Estado se sentí­a técnicamente incapaz de recaudar los impuestos en el territorio vasco. Optó por plegarse a que se siguieran encargando las diputaciones forales y que éstas le dieran una parte. Así­, el Estado se aseguraba ingresos netos e inmediatos, y las provincias vascas salvaban su foralidad con un modelo fiscal que, además, agradaba a su próspera burguesí­a.

¿En qué consiste y cómo se aplica?

El Paí­s Vasco recauda todos los tributos y, en aplicación del Concierto con el Estado, paga a éste una cantidad anual («Cupo») para compensarle por los gastos que asume en la prestación de servicios y competencias en el Paí­s Vasco. El «Cupo» se revisa periódicamente y en la calculadora pesa la polí­tica.

¿Es ventajoso para el Paí­s Vasco?

Lo fue en su origen, a finales del siglo XIX -le garantizó al Paí­s Vasco un marco fiscal que impulsó decisivamente su economí­a-, y lo sigue siendo ahora. Como le ocurre a Navarra, la foralidad le garantiza al Gobierno vasco recursos muy superiores a los que tendrí­a con el régimen común del Estado de las Autonomí­as.

¿Serí­a viable extender el modelo del «Cupo» al resto de autonomí­as?

No, el Estado quebrarí­a. En los últimos años el Gobierno vasco ha disfrutado de unos recursos presupuestarios por habitante y año casi 1.200 euros superiores a la media de las autonomí­as del régimen común. En el caso de Navarra, la distancia aún es mayor. Garantizar a todas las regiones el nivel de recursos presupuestarios de los que disfruta el Gobierno vasco -y mantener el modelo navarro- le costarí­a al Estado más de 50.000 millones de euros anuales.

Tomado de www.abc.es

 

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