TEMA 3: Sí­ntesis de los principales tipos de clima y vegetación de España

mapaClimas11.- Cuestiones generales

Por la posición que ocupa, entre los 36º y el 46º N y en la fachada occidental del continente, la pení­nsula ibérica tiene un clima mediterráneo, pero también está afectada, en la fachada noroccidental, por el clima marí­timo de la costa oeste del Atlántico. También encontramos el clima subtropical seco, en Almerí­a y Murcia, y el clima tropical seco y húmedo, en Canarias.

Debido al relieve, el clima mediterráneo dominante tiene una marcada tendencia a la continentalización, tanto por la altitud media, elevada, como por la orla montañosa exterior que impide el paso de los vientos húmedos del oeste. Esta continentalización está agravada por la deforestación y las actividades humanas.

Los centros de acción que dominan la pení­nsula son: el anticiclón de las Azores, con aire tropical marí­timo, y la depresión de Islandia, que canaliza las borrascas del frente polar y trae aire polar marí­timo. Otros centros de acción menores son: la depresión de Liguria, que se forma en otoño, el anticiclón siberiano, que actúa en invierno y permite la aparición de anticiclones locales en el centro de la pení­nsula, y la borrasca subsahariana, que actúa en verano enviando aire tropical continental a la pení­nsula.

En invierno nos afectan las borrascas del frente polar, que traen lluvias suaves y frí­as. Hacia la mitad del invierno la atmósfera se estabiliza gracias a la aparición de anticiclones térmicos en el centro del territorio. El tiempo dominante en invierno es frí­o y seco.

En primavera, el frente polar se desplaza hacia norte, afectando de lleno a la pení­nsula, y permite la llegada de precipitaciones suaves. El frente polar se debilita y permite la alternancia de borrascas y anticiclones. Pero este anticiclón es el de las Azores, por lo que el tiempo se hace más templado.

En verano nos afecta plenamente el anticiclón de las Azores. En esta estación el tiempo es seco, soleado y caluroso, con la llegada de olas de calor subsaharianas. Las altas temperaturas permiten la aparición de tormentas, principalmente al final del verano.

En otoño vuelve a descender el frente polar, y a penetrar las borrascas y el aire frí­o polar en formaciones de gota frí­a. Este aire frí­o se encuentra con el aire cálido y húmedo, con lo que se generan lluvias torrenciales de gran potencia. La borrasca del mar de Liguria robustece este fenómeno de gota frí­a. En esta época también se alterna el tiempo ciclónico y el anticiclónico, por las variaciones del frente polar.

Las islas Canarias tienen un clima tropical seco y húmedo de gran estabilidad térmica y del régimen de lluvias. Los centro de acción que afectan a Canarias son: la zona de convergencia intertropical y el anticiclón de las Azores, que gobiernan los alisios. Pero también aquí­ llegan los coletazos de las borrascas del frente polar. El clima canario está dulcificado por la presencia de la corriente frí­a de Canarias.

2.- Las precipitaciones en la pení­nsula

Atendiendo a la humedad y al régimen de lluvias, en España podemos distinguir cinco tipos de clima: el clima húmedo marí­timo del oeste de los continentes, el clima de transición, el clima seco, el clima árido y el clima tropical húmedo.

El clima húmedo marí­timo del oeste de los continentes se da en la fachada orientada al Atlántico. Se trata de un clima lluvioso, con precipitaciones de más de 800 mm. Lo encontramos desde Galicia hasta el Pirineo y en las cordilleras costero-catalanas, por su parte norte. La sierra de Grazalema, Cádiz, es el punto de España donde más llueve.

El clima de transición es semiseco. Tiene unas precipitaciones entre 500 y 800 mm. Es un clima árido y fresco en verano, pero corto, lo que le asemeja, ya, al clima mediterráneo. Se da en las zonas montañosas que separa el clima marí­timo de la costa oeste del clima mediterráneo, es decir el sector sur de la Cordillera Cantábrica y el Pirineo, y los montes galaico-leoneses.

El clima seco tiene unas precipitaciones entre los 400 y los 600 mm. Hay un perí­odo árido de entre 3 y 5 meses. Es el tí­pico clima mediterráneo que domina en toda la pení­nsula, más que nada a causa del relieve.

El clima semiárido, con precipitaciones inferiores a los 400 mm. Se da en las zonas que están de espaldas a los vientos del oeste y deprimidas, como el centro de las cuencas del Duero y el Ebro, el centro de La Mancha, Murcia y Almerí­a.

El clima de Canarias está bajo el dominio constante de los vientos alisios. Tiene un clima tropical. Por su posición deberí­a ser árido, pero la corriente marina de Canarias, frí­a, templa las temperaturas superficiales y produce una inversión térmica muy estable, es lo que provoca el mar de nubes. Esta tendencia sólo se rompe a finales verano, cuando se retira el anticiclón de las Azores y llegan las masas de aire tropical continental del Sáhara, y cuando llegan, ocasionalmente, las masas de aire polar marí­timo del frente polar.

3.- Regiones climáticas

a.- Clima marí­timo de la costa oeste

El clima marí­timo de la costa oeste se caracteriza por tener unas precipitaciones constantes durante todo el año, con un mí­nimo en verano y un máximo en invierno, y unas temperaturas suaves, sin una amplitud térmica demasiado acusada, en torno a los 10 ºC. En España las precipitaciones superan, por muy poco, los 800 mm y sólo determinadas regiones montañosas alcanzan los 1.000 mm. En realidad se observa un marcado gradiente pluviométrico desde las costas a las montañas.

Este clima se da en Galicia, Asturias, Cantabria, Paí­s Vasco, Pirineos y las vertientes norteñas de las cordilleras costero-catalana.

b.- Clima mediterráneo continental

El clima mediterráneo tiene, en la mayor parte de España, un alto grado de continentalización. Las precipitaciones están en torno a los 600 mm. Tiene todas las caracterí­sticas del clima mediterráneo, pero es más seco y más fresco, pudiendo ser frí­o, en las temperaturas absolutas.

Se caracteriza por la irregularidad térmica y pluviométrica. Dominan dos tipos de anticiclón: el de las Azores en verano, y el de tipo térmico en invierno, que aparece sobre la pení­nsula. La mayor parte de las precipitaciones caen en las estaciones medias, durante el paso del frente polar del norte al sur. En general, llueve pocos dí­as, y frecuentemente de forma torrencial. Sin embargo, la ausencia de masas de agua reduce la violencia de las tormentas y de las gotas frí­as. Aunque no es imposible, son raras las inundaciones.

Las temperaturas son frescas, incluso en verano. Las mí­nimas se alcanzan en enero, y las máximas en agosto. Las mí­nimas y las máximas absolutas pueden ser notables. La amplitud térmica es moderada, de unos 15 ºC. La continentalidad permite que haya un perí­odo de heladas de tres meses.

Este es el clima de las dos mesetas y la depresión del Ebro. La orografí­a que presentan hace que encontremos, en el centro de las mismas, precipitaciones muy bajas, entre los 400 y los 600 mm.

c.- Clima mediterráneo costero

El clima mediterráneo de la costa es más benigno, algo más lluvioso (en torno a los 700 mm) y más cálido. Sin embargo, este clima es, también, más irregular en la distribución de las precipitaciones. El tipo de tiempo caracterí­stico es seco en verano e invierno y con lluvias torrenciales en primavera y otoño. La gota frí­a es caracterí­stica de otoño y tiene gran violencia, ya que el Mediterráneo alimenta las masas de aire con grandes cantidades de agua, durante el verano.

Las temperaturas son suaves y constantes, con una amplitud térmica reducida. En esta región las heladas son anecdóticas.

Este es el clima de la costa levantina, desde Gerona hasta Alicante, y el clima de las Baleares.

d.- Clima mediterráneo del suroeste

Este también es un clima mediterráneo, pero está abierto a las masas de aire húmedo del Atlántico, lo que constituye una diferencia. Es el clima de Andalucí­a occidental, que está abierta al Atlántico y sin ningún impedimento orográfico.

Este clima es más lluvioso, casi 800 mm, y tiene temperaturas más suaves, sobre todo en invierno, aunque en verano puede llegar a ser caluroso, por acción del anticiclón de las Azores.

La irregularidad pluviométrica es notable. El verano es muy seco. Los meses más lluviosos son los de las estaciones medias. Las masas de aire que llegan a la región son más húmedas, y por lo tanto las precipitaciones son más abundantes. No son raras las inundaciones en otoño, aunque no son tan violentas como en Levante.

e.- Clima subtropical seco

Este es el clima tí­pico de las zonas desérticas, que se da en España por razones topográficas y de orientación. Es un clima seco, menos de 300 mm, y caluroso. Las precipitaciones son muy irregulares. La amplitud térmica diaria es moderada, pero la anual es muy pequeña.

Este es el clima que encontramos en la franja de las Béticas orientadas al sur-sureste (Almerí­a y Murcia), y en las islas Canarias en las zonas que miran al oeste y en las islas de orientales.

f.- Clima tropical seco y húmedo

Este clima es de tipo tropical húmedo con una estación seca, con precipitaciones regulares y temperaturas suaves y constantes. Lo encontramos en las islas Canarias, en las partes orientadas a favor de los alisios y en las montañosas. No obstante, la humedad de las islas Canarias no sólo se debe a las precipitaciones sino, también, a la constante presencia de nieblas en las montañas, debido a la corriente frí­a de Canarias. Por la posición deberí­an tener un clima tropical seco, pero su emplazamiento marino corrige el clima zonal. En realidad, deberí­amos hablar de múltiples topoclimas.

g.- Clima de montaña en España

El relieve montañoso modifica localmente las condiciones generales del clima. Las precipitaciones se hacen más abundantes y frecuentes, y las temperaturas más frí­as. El gradiente es más acusado en las montañas con más diferencia de altitud entre el piso basal y la cima.

Dependiendo de donde se encuentren situadas las montañas, el relieve modifica las condiciones de una determinada región, pero al ser el mediterráneo un clima de transición, nos permite encontrar una variedad que va desde el clima tropical seco a los glaciares permanentes de las alturas del Pirineo.

4.- Vegetación

El efecto que estas diferencias de temperatura y humedad tiene en la distribución altitudinal de la vegetación es trascendental. En la cliserie se suelen diferenciar cuatro pisos: basal, montano, subalpino y alpino, situados a diferentes alturas y con diferentes espesores según las distintas montañas y orientaciones.

En la Cordillera Cantábrica en el piso basal encontramos robledal, en el montano hayedos, en el subalpino landas y en el alpino pradera.

En el Pirineo en el piso basal encontramos encinar en las partes bajas y robledal por encima; en el piso montano encontramos hayedos, en el subalpino pino negro y en el alpino pradera. Por encima hay un sector de nieves perpetuas, el piso nival.

En el Sistema Central en el piso basal encontramos encinar en las partes bajas y robledal por encima; en el piso montano encontramos hayedos, en el subalpino pino albar y en el alpino landa abajo y pradera por encima.

En la Béticas en el piso basal encontramos encinar en las partes bajas y robledal por encima; en el piso montano encontramos pino negro y árboles caducifolios, en el subalpino enebros y en el alpino matorral espinoso, abajo y pradera por encima. Son todas ellas especies del bosque mediterráneo.

En las montañas canarias encontramos en el piso basal bosque de sabinas, palmera y dragos; en el piso montano laurisilva, en el subalpino pino canario y en el alpino matorral abajo y pradera por encima.

En casos particulares, como en la existencia de calizas en las cumbres, se puede invertir la cliserie, con lo que encontraremos encinas por encima del roble.

También es cierto que las variaciones climáticas del pasado conllevaron una distribución de la biocenosis diferente, y han podido quedar, de manera residual y en los lugares montañosos más favorables, enclaves de una biocenosis en otra. Estos enclaves se mantienen de forma precaria alimentándose a sí­ mismos, y una ligera degradación del entorno puede hacerlos desaparecer sin posibilidad de recuperación. Existen muchos casos en España.

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