Manuel Fraga Iribarne

Manuel Fraga Iribarne (Villalba, Lugo, 23 de noviembre de 1922) es un polí­tico español. Fue ministro de Información y Turismo entre 1962 y 1969, durante la dictadura de Francisco Franco, así­ como vicepresidente del Gobierno y ministro de la Gobernación inmediatamente después de su muerte, entre diciembre de 1975 y julio de 1976, bajo la presidencia de Carlos Arias Navarro. Fundador del partido Reforma Democrática, embrión de Alianza Popular y a su vez del Partido Popular, el principal partido de derecha en España, fue uno de los Padres de la actual Constitución Española de 1978. Lí­der de la oposición a Felipe González durante los años ochenta del siglo XX, presidió la Junta de Galicia entre 1990 y 2005.

Inicios y formación (1922-1961)

Aprendió francés desde niño de su madre vasco-francesa.

Formado en Derecho, Polí­tica y Economí­a, Fraga ingresó en el cuerpo de letrados de las Cortes en 1945 e inició carrera como diplomático en 1947. Se licencia con Premio Extraordinario, es alférez de la Milicia Universitaria y Letrado de las Cortes con el número uno, el mismo con el que ingresa en la carrera diplomática y obtiene la Cátedra de Derecho Polí­tico.

Ejerció cargos polí­ticos importantes en distintos órganos del estado desde 1951 en los gobiernos del general Franco. En 1951 es designado secretario general del Instituto de Cultura Hispánica. En 1953, el ministro de Educación Nacional, Don Joaquí­n Ruiz-Giménez cuenta con él para nombrarlo secretario del Consejo de Educación y, dos años más tarde, secretario general técnico del Ministerio. Deja el cargo con la destitución del ministro al año siguiente.

En 1956 es subdirector del Instituto de Estudios Polí­ticos, cargo desde el cual pasa a a ser Delegado Nacional de Asociaciones en 1957.

Catedrático de Derecho Polí­tico desde 1948 (Valencia), obtuvo la plaza de Teorí­a del Estado y Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid en 1953. Conjugó la docencia con sus cargos polí­ticos, con algún breve paréntesis, hasta 1987, año de su jubilación como profesor.

Ministro de Información y Turismo (1962-1969)

Desde el 10 de julio de 1962, como Ministro de Información y Turismo con el general Franco, promovió el desarrollo de la industria turí­stica, sobre todo favoreciendo la imprescindible relajación de la estricta moral pública imperante en los años anteriores. De estos años es el eslogan Spain is different! (“¡España es diferente!”), interpretado por algunos como una justificación encubierta del régimen polí­tico del franquismo.

Es leal a la dictadura pero partidario de la apertura del régimen. Sus principales logros al frente del ministerio son el potenciamiento del turismo, la Ley de Prensa e Imprenta (conocida como ley Fraga), que relaja la Ley anterior de 1938 eliminando la censura previa, la creación de la red de Paradores Nacionales, etc…

Los ingresos por turismo se convirtieron rápidamente en el principal capí­tulo de la economí­a nacional y, sumados a los enví­os del numeroso contingente de emigrantes, sirvieron para permitir una mejora considerable de las condiciones de vida de los españoles a través de la entrada de divisas. Como una consecuencia indirecta, las nuevas costumbres traí­das por los turistas se convirtieron en un factor más de debilitamiento del régimen, identificado con un catolicismo preconciliar.

Organizó también la campaña XXV años de paz para celebrar los veinticinco años transcurridos desde la victoria nacional en la Guerra Civil.

Por otra parte, en tanto que ministro portavoz informó de la ejecución de prisioneros polí­ticos. Por ejemplo en el caso del dirigente comunista Julián Grimau, ejecutado en 1963. La condena de Grimau provocó una gran campaña de rechazo en el exterior, que no logró salvarle la vida. Fraga justificó la ejecución y a fecha de hoy aún no ha expresado su arrepentimiento.

Fraga nunca ha admitido obligación alguna de retractarse por su participación en el anterior régimen, en el que propició varias reformas, formando parte de los dirigentes más aperturistas del franquismo.

De hecho años después comentarí­a que fue la guerra civil y la posterior situación polí­tica anormal las que le llevaron a entrar en polí­tica para contribuir a la normalización de la polí­tica española.

Tras el accidente sufrido en 1966 por un bombardero estadounidense, a consecuencia del cual se produjo una fuga radioactiva y la caí­da de varias bombas de hidrógeno una en el mar y tres en tierra, dos de las cuales esparcieron material radioactivo en una superficie de 226 hectáreas, Fraga se bañó en Palomares en un intento de calmar a la opinión pública y demostrar que no habí­a riesgo alguno.

Ese mismo año presentó una Ley de Prensa, conocida como Ley Fraga, que, suprimió la censura previa, teniendo el efecto de permitir una mayor libertad de prensa, a raí­z de ella se produjo, sin embargo, el secuestro del diario ABC en 1966, y dos años después el del Diario Madrid, que terminó con la simbólica voladura de su edificio en 1971. No obstante, supuso un avance importante en su momento.

En 1967 se encarga de la Ley de Libertad Religiosa, que supone una mayor permisividad con las religiones no católicas. En 1968 es comisionado del gobierno para la descolonización de Guinea Ecuatorial.

Cesó en su cargo al producirse una crisis en el gobierno franquista el 29 de diciembre de 1969.

Embajador en Londres (1973)

En 1969, año del estado de excepción que se produjo en torno al proceso de Burgos, cesó como ministro. Fraga aprovecha el caso Matesa para hacer daño a los tecnócratas de Carrero Blanco en el gobierno, varios de los cuales estaban implicados en dicho caso. Como ministro portavoz le da toda la publicidad al caso que puede. Franco toma una medida salomónica destituyendo tanto a los ministros corruptos como a los que le han dado publicidad al tema.

Después de ser ministro ocupa los escaños de procurador en Cortes y consejero nacional del movimiento.

Abandona temporalmente la polí­tica para trabajar en la empresa privada. Ocupa el cargo de director general en la fábrica de Cervezas El íguila de Madrid.

En 1973 va en la terna que presenta el Consejo del Reino, junto a Carrero Blanco y Raimundo Fernández-Cuesta, al general Franco, para que éste designe presidente de gobierno.

Ese mismo año fue nombrado embajador en el Reino Unido, cargo que ejerció hasta la muerte de Franco, vendiendo en el exterior una imagen aperturista de España y contando con el socialista Fernando Morán, que después serí­a ministro de Exteriores, como cónsul general en Londres. No obstante cuando un piquete de protesta intenta asaltar la embajada española Fraga Iribarne apunta en su diario: “Les hice saber que tení­a dos escopetas del doce cargadas con perdigones del cuatro”.

En torno a la personalidad de Fraga se funda (como sociedad mercantil, puesto que las asociaciones polí­ticas aún no se permiten) un club polí­tico denominado GODSA (Gabinete de Orientación y Documentación, S.A.), que desde 1974 se convertirá en una de las asociaciones polí­ticas (aún se evita el nombre de partidos polí­ticos) que permite el denominado espí­ritu del 12 de febrero, con el nombre de Reforma Democrática.

Vicepresidente y ministro de Gobernación (1975-1976)

En 1975 fue nombrado vicepresidente y ministro de Gobernación (cargo equivalente al actual de Interior) del gobierno de Carlos Arias Navarro, en el primer gobierno del rey Juan Carlos.

En estos tiempos convulsos, fue un polémico ministro que se enfrentó a dos temas: llevar a cabo la necesaria reforma polí­tica tal y como él la concebí­a desde sus tiempos de embajador, la cual llegarí­a a plasmar en un libro, y mantener el orden y la seguridad en la calle en tiempos tan convulsos.

Bajo su mandato en el Ministerio en 1976, acuñó la frase «La calle es mí­a», tras el intento de la oposición de manifestarse el uno de mayo, al cual se negó. En esta época también se producen incidentes con las fuerzas de seguridad del Estado: los Sucesos de Vitoria (1976), donde la Policí­a Armada mató a 5 obreros e hirió a más de 100 personas o la “Operación Reconquista” o sucesos de Montejurra, con dos muertos y varios heridos.

Mantuvo reuniones con dirigentes de la oposición como Felipe González y permitió la celebración del XXX Congreso Confederal de la UGT, sindicato todaví­a ilegal (Madrid, abril de 1976) en el cual Nicolás Redondo fue elegido secretario general.

Durante esta época fue junto al ministro de Exteriores, José Marí­a de Areilza, motor de la reforma polí­tica. Sin embargo, estos dos ministros iban por un lado y el presidente Arias, que no querí­a superar el franquismo, iba por otro.

El fracaso del gobierno de Arias se saldó con el nombramiento de Adolfo Suárez como nuevo presidente. í‰ste consiguió aglutinar a elementos muy heterogéneos, desde miembros del régimen de Franco partidarios de una reforma profunda hasta centristas del interior que habí­an disfrutado de una relativa tolerancia, en el partido que se llamó UCD. Fraga, junto a Areilza, era uno de los candidatos favoritos por parte de la prensa liberal para liderar el nuevo gobierno. Sin embargo, el rey optó por un desconocido y joven funcionario franquista, Adolfo Suárez, que era el secretario general del Movimiento.

Reforma Democrática y Alianza Popular

Fraga no encontró acomodo en UCD, al considerar que era él quien debí­a liderar el proceso de reforma polí­tica,y no Adolfo Suárez, en quien finalmente recayó dicha misión.

En 1976 funda el partido Reforma Democrática, y más tarde Alianza Popular (AP), federación de partidos, que encuadraba inicialmente sobre todo a polí­ticos activos del régimen de Franco, y que posteriormente fue ampliando su composición.

El 23 de septiembre de 1976 nace Alianza Popular. En un primer momento parece que Fraga se dispone a formar un partido de centro junto con José Marí­a Areilza y Pí­o Cabanillas. Sin embargo, finalmente, el ex ministro de Gobernación se alí­a con siete ex polí­ticos franquistas, que formarí­an los llamados por la prensa “siete magní­ficos”, casi todos ex ministros de Franco.

Junto a Fraga, forman la coalición derechista Gonzalo Fernández de la Mora, Laureano López Rodó, Cruz Martí­nez Esteruelas, Federico Silva Muñoz, Licinio de la Fuente, Gregorio López Bravo y Enrique Thomas de Carranza.

Al fundarse Alianza Popular, Fraga dice “creemos en la democracia, pero en la democracia con orden, con ley y con autoridad”. Alianza Popular se trata de “una acción que tiende a que una gran parte de las fuerzas de centro y conservadoras del paí­s puedan formar un grupo que acepte las reglas democráticas y del sufragio”.

La nueva fuerza polí­tica cuenta en sus filas con 183 procuradores de las Cortes.

En junio de 1977 se celebran las primeras elecciones democráticas, siendo Manuel Fraga el candidato a presidente del gobierno por Alianza Popular. Esta fuerza polí­tica, que se consideraba heredera del “franquismo sociológico“ y creí­a que tení­a serias posibilidades de ganar las elecciones, sólo obtuvo 16 diputados, por debajo del 10 % de los sufragios y alrededor de un millón y medio de votos.

La Constitución (1977-78)

Durante 1977 y 1978 colabora en la redacción de la Constitución Española, formando parte de la ponencia en representación de AP, junto a los centristas Cisneros, Pérez Llorca y Herrero, el socialista Peces Barba, el comunista Solé Tura y el nacionalista catalán Miguel Roca.

Su contribución a la Constitución y al consenso es importante en estos años. Presenta al lí­der comunista Santiago Carrillo en una conferencia del Club Siglo XXI. Su actitud conciliadora, abierta y proclive al consenso, consigue que los grupos más a la derecha abandonen AP.

La travesí­a del desierto, hacia la gran derecha

Fraga abandona brevemente la polí­tica en 1979 convencido de haber fracasado en su intento de crear una fuerza polí­tica de centro-derecha que disputara el poder a un partido de centro-izquierda. Sin embargo, en breve volverí­a a la carga, tratarí­a de dar a su partido, AP, una cara más centrista y moderada, integrando a nuevas gentes.

En estos años acuña el concepto de mayorí­a natural, la cual para él estarí­a formada por los votantes del centro y la derecha, que sumaban mayorí­a. Al frente de un grupo parlamentario de apenas 10 diputados, atraviesa la denominada travesí­a del desierto hasta que llegue el fin de la UCD.

El 23 de febrero de 1981, Manuel Fraga se encontraba en el Congreso cuando se produjo el intento de golpe conocido como 23-F. En los últimos momentos del mismo se enfrentó a los golpistas, llegando a decirles que o le dejaban salir a él y a todos los diputados o le dispararan.

Tras la intentona golpista, fue recibido por el Rey junto al resto de lí­deres de partidos nacionales y al presidente del gobierno.

Jefe de la oposición (1982-1989)

Alianza Popular forma en 1982 una amplia coalición con el Partido Demócrata Popular y el Partido Liberal, ambas formaciones procedentes de la UCD, así­ como con partidos regionalistas de Aragón, Navarra y Valencia.

La Coalición Popular obtuvo un 26% de los votos en las elecciones de 1982 y 1986, convirtiéndose Fraga en jefe de la oposición. Fraga fue elegido diputado a Cortes por AP en las elecciones de 1977, 1979, 1982 y 1986. En cierto modo, Fraga es el gran triunfador de estas elecciones, junto a Felipe González, ya que consigue que su fuerza polí­tica pase de 9 a 106 diputados y de menos de un millón a más de cinco millones de votos, convirtiéndose en referente del centro-derecha, mientras la UCD se hundí­a.

En 1986, tras el fracaso de Alianza Popular en las elecciones al parlamento vasco, dimite y se retira temporalmente de la polí­tica. Dejando en el cargo de presidente de AP a Miguel Herrero, el cual se mide con Antonio Hernández Mancha en un congreso del partido que gana el segundo.

Eurodiputado

En 1987 encabeza la candidatura de los populares al Parlamento Europeo, convirtiéndose en eurodiputado.

Hernández Mancha lidera el partido hasta 1988. Tras una fracasada moción de censura contra Felipe González y los discretos resultados de AP en las locales, autonómicas y europeas de 1987, es relevado de la dirección del partido por su fundador, Manuel Fraga.

En 1989 se celebra el congreso de la refundación, AP pasa a ser el Partido Popular, integrando ahora ya en solo partido a todo el espectro centrista, liberal, democristiano y conservador que habí­a representado anteriormente la Coalición Popular. El entonces presidente de Castilla y León, un joven José Marí­a Aznar, es designado candidato a la presidencia del gobierno.

Presidente de Galicia (1989-2005

Fraga decide entonces volver a su tierra, Galicia, y presentarse a las elecciones al Parlamento gallego. Ofrece un programa abierto al galleguismo y un mensaje de recuperación de la dignidad de la autonomí­a gallega en un momento en que gobernaba un tripartito (PSdG-PSOE, Coalición Galega y Partido Nacionalista Galego), fruto de una moción de censura. La derecha siempre habí­a vencido en tierras gallegas, pero con su candidatura el PP, en coalición con una fuerza nacionalista moderada (Centristas de Galicia), obtiene, por fin, la mayorí­a absoluta.

Fraga ejerce un fuerte liderazgo durante 14 años. Defiende la identidad cultural gallega dentro de España con la idea de la autoidentificación y un autonomismo avanzado con su propuesta de administración única, inspirada en técnicas polí­tico-administrativas propias del federalismo de ejecución. Fue una etapa en la que el Partido Popular en Galicia tuvo una indiscutible personalidad propia que llegaba a todos los intersticios de la sociedad gallega. Su reverso polí­tico fue el lí­der nacionalista Xosé Manuel Beiras con el que sostuvo memorables enfrentamientos polí­ticos y un corto perí­odo de entendimiento.

Sus detractores le acusan de fortalecer las redes de poder provincial en las que descansa el tradicional caciquismo gallego y de establecer un control de los medios de comunicación gallegos por la ví­a de convenios y subvenciones. Le hacen responsable de una polí­tica desarrollista escasamente planificada. Proliferaron parques empresariales en zonas de nula vocación industrial, concentraciones parcelarias sin real interés agrario e inversiones dispersas al servicio de lí­deres locales con escasos efectos multiplicadores. Recuerdan que su perí­odo es el de la consolidación del feismo urbano, de la destrucción de valores paisají­sticos gallegos (monocultivo de eucalipto, minicentrales eléctricas, parques eólicos, macroplantas de acuicultura y canteras en espacios de alto valor natural) y el de la colosal contaminación de las rí­as. El macroproyecto arquitectónico de la Cidade da Cultura ha sido objeto también de vivas controversias.

Sus partidarios hacen hincapié en los avances en electrificación y telefoní­a rural, el desarrollo de la viticultura y el saneamiento ganadero, la mejora de las carreteras interiores, la defensa de la conexión con la Meseta mediante autoví­as, el despegue espectacular del desarrollo turí­stico a mediados de los noventa y la eficaz ayuda a decenas de miles de emigrantes en Argentina y Uruguay, durante la aguda crisis económica que padecieron estos paí­ses a principios de siglo XXI (corralito). Destacan la polí­tica de extinción de incendios forestales que pasó de 100.000 hectáreas quemadas en 1989 a un promedio de 20.000 en los años de su mandato. Recuerdan que, con Manuel Fraga, Galicia obtuvo transferencias competenciales que la colocaron a un nivel de autogobierno puntero equiparable al de Cataluña.

Manuel Fraga fue uno de los presidentes autonómicos pioneros en desarrollar una activa acción exterior, algo que se creí­a vedado para las comunidades autónomas en función de la competencia del Estado central en materia de relaciones internacionales. Fueron polémicas sus buenas relaciones con Fidel Castro.

Contribuyó a la mutación del espectro polí­tico gallego. Sus posiciones galleguistas y las redes locales de poder hicieron desaparecer a Coalición Galega y el nacionalismo de centro. Aumentar al 5% el número de votos necesarios para conseguir representación, acabó aglutinando al nacionalismo de izquierdas en torno al BNG, que llegó a ser, en sus dos últimas legislaturas, la segunda fuerza polí­tica en Galicia.

Como consecuencia del hundimiento del petrolero Prestige cerca de las costas gallegas a finales de 2002, Fraga fue muy criticado por la inacción y división desatada en el seno su gobierno, entre los que demandaban una mayor exigencia hacia el Gobierno de Aznar y los que optaban por la sumisión. Aznar acabó imponiendo la salida del gobierno de su delfí­n (Xosé Cuí­ña Crespo), ofreciendo a cambio un Plan de infraestructuras conocido como Plan Galicia. La masiva contestací­ón en las calles, azuzada por el colectivo nacionalista Nunca Máis, no impidió que, pocos meses después, el PP saliera ganador de las elecciones municipales en la mayorí­a de las poblaciones costeras afectadas por la marea negra, aunque con retrocesos significativos en las ciudades y villas de tamaño medio (Vivero, Ribadeo, Monforte, Carballo…).

En las del 2005, siendo ya uno de los mandatarios en activo más ancianos del mundo, volvió a ganar las elecciones por amplio margen respecto del segundo partido en número de votos pero perdió la mayorí­a absoluta. La alianza de gobierno entre PSdeG y BNG impidió que Fraga obtuviera de nuevo la presidencia de la Junta de Galicia, la cual pasó a Emilio Pérez Touriño (PSdeG).

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