No, tu hijo no es raro si no se quiere disfrazar. Y no, no debes insistir ni obligarlo

Esta semana muchos niños tendrán que ir disfrazados al colegio porque así lo dice una circular. Y muchos padres verán en dicha petición una obligación cuando no debería ser así. Y es que, por extraño que a muchos les parezca, hay muchos niños que detestan disfrazarse. Lo detestan hasta tal punto que sufren porque no entienden el carácter festivo que los adultos le otorgamos.

Claudia Sánchez París, psicóloga sanitaria que atiende en su consulta EfectoMe, cree que “a menudo tenemos una tendencia a dejarnos impregnar por costumbres que pueden resultar muy nutritivas en algunos casos y frustrantes en otros, dado que cada niño es diferente, y por tanto tiene una personalidad y gustos diferentes. Los disfraces suponen una parte importante en el desarrollo del niño y un gran pasaporte al mundo de la imaginación, siempre y cuando el niño pueda integrar de este modo dicha vivencia”.

Además de divertirse, están dando rienda suelta a sus sentimientos y emociones, desarrollando su imaginación y aprendiendo del mundo que les rodea, pero también entraña un aprendizaje y desarrollo emocional para el niño la posibilidad de decir ”no quiero disfrazarme”, siendo escuchado y respetado –sostiene la psicóloga.

¿Cómo es posible que no le guste?

Muchos adultos, cuando se convierten en padres, ven sorprendidos que a su hijo no solo no le gusta disfrazarse sino que lo detesta, se pone nervioso, llora, protesta, dice que el traje le pica y algunos incluso llegan a pensar que tienen un hijo raro cuando no es para nada así. Simplemente es su elección. La psicóloga lo explica: “No todos los niños relacionan el disfraz con una forma de juego, y por ello es importante ofrecerles vivencias desde un lugar de libertad de exploración, de este modo, además, podemos darle un valor asociado a la actividad más allá del “hay que”, por ejemplo: un valor afectivo, de juego, de explorar emociones y actitudes diferentes. Como padres debemos comprender y respetar a nuestros pequeños. No sería de gran ejemplo forzarles a disfrazarse si no le apetece sólo porque los demás si lo hacen, dado que a edades más tardías le damos el mensaje contrario “tú no vayas a fumar sólo porque lo hagan los demás”.

Por ello –recalca la experta- es importante que desde edades tempranas nuestros mensajes y las vivencias que ofrecemos a nuestros hijos, estén dotados de una conciencia basada en el respeto, acompañando así a nuestros hijos, a forjar una personalidad llena de principios elaborados y no de deberes adquiridos.

Sobre todo es muy importante respetar su decisión y eso implica no comentarlo con burla delante de los demás. “Dejarlo en evidencia intimida aún más al niño y en lugar de respetar su decisión le hacemos sentir que está mal, no hacer lo que hacen los demás niños. Por supuesto, no es aconsejable castigarles por no disfrazarse; lo único que conseguiríamos es reforzar su timidez o aversión hacia el disfraz”, explica la psicóloga.

Es cierto que los disfraces -reconoce- que además están íntimamente relacionados con el teatro, pueden resultar muy terapéuticos para los niños, también para aquellos más tímidos, sin embargo, nunca desde un lugar de obligación sino desde un trabajo de acercamiento gradual, acompañado por los padres. El niño pequeño se limita a observar constantemente todo lo que ocurre a su alrededor y sobre todo, a imitar los comportamientos de los adultos, de algunos personajes que ve en la tele… y se queda con aquello que le gusta o le llama más la atención.

Según va creciendo sigue imitando y modificando su comportamiento conforme le van atrayendo más o menos las conductas de los mayores. Precisamente, en este mundo de la imitación, los padres son unos de sus “personajes” favoritos. Para ellos los padres constituyen un modelo importante, por lo que un buen disfraz puede ser simplemente vuestra ropa y zapatos. Si los observáis, comprobaréis cómo les encanta hacer de papá y mamá –explica la experta.

Beneficios de disfrazarse

  • Expresarse más abiertamente:porque están más desinhibidos. Así los padres pueden observarlos y obtener información valiosa sobre lo que sienten, sus inquietudes, e incluso sus preocupaciones.
  • Desarrollar la imaginación:en el mundo del niño reina la imaginación, y la teatralización que supone disfrazarse fomenta más aún, poder crear personajes y situaciones diferentes y divertidas.
  • Empatizar mejor con los demás:como adquieren otra personalidad, pueden ver el mundo desde otro punto de vista.
  • Fomentar su creatividad:al elegir los complementos, poner en marcha una historia o una ambientación o simplemente por el hecho de aplicar la fantasía.
  • Vencer miedos o problemas de relación como la timidez.

Beneficios de no disfrazarse

Hay niños a los que no les gusta disfrazarse o a los que ciertos disfraces les dan miedo, no se sienten cómodos o se sienten tímidos. Respetar su decisión implica también beneficios.

  • Les enseñamos a escucharse a sí mismos, identificar sus gustos y emociones.
  • A ser capaces de decir “No”.
  • La importancia de la escucha y el respeto a los demás.
  • A superarse a sí mismos, sin necesidad de sentirse frustrados y obligados.
  • A superar el sentido del ridículo desde un lugar seguro para ellos.

Hagamos de los Carnavales una experiencia divertida y cómoda para todos, merecemos ser escuchados y respetados.

Claudia Sánchez París es psicóloga infantil en Efectome

Tomado de www.larazon.es

 

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