ORIENTACIÓN: Estrés bueno y estrés malo

El estrés es una respuesta global de nuestro organismo ante los cambios. Los cambios hoy en dí­a son muchos y nuestro organismo se pone en guardia. Con cada cambio nuestro cuerpo se prepara para la acción y nuestra fisiologí­a se adapta. El estrés genera activación del organismo, o lo que la gente llama “nerviosismo”, y según se va intensificando se puede convertir en ansiedad, angustia, ansiedad generalizada o ataques de pánico.

Un poco de estrés nos ayuda a ponernos en marcha, a motivarnos, a querer lograr nuestros objetivos y puede ser un impulsor para conseguir nuestras necesidades y deseos, pero hay un punto en que un estrés intenso, continuo y sin descanso puede llevarnos a la enfermedad grave.

Para no acumular estrés necesitamos aprender a oscilar entre tensión-relajación. El ciclo natural bueno para el organismo es activarnos durante el dí­a y relajarnos durante la noche para reparar el cansancio. Pero muchas veces el estrés no nos permite dormir y descansar, con lo cual el organismo sigue activándose más y más. El estrés es como un virus que si no se detecta se va acumulando y nos va debilitando hasta que nuestro sistema inmune, endocrino, psicológico empieza a no funcionar correctamente y tenemos sí­ntomas que nos empiezan a asustar.

El estrés suele empezar por alteraciones emocionales: irritabilidad, enfado, agresividad, surgen los miedos, ansiedad, angustia y fobias que si no somos capaces de manejarlas podemos sentir una profunda impotencia y tristeza que puede acabar en depresión. Así­ pues, los sí­ntomas de estrés se mueven entre la ansiedad y la depresión y, estos a su vez, afectan al sistema digestivo, problemas musculares, tensiones corporales que retroalimentan nuestras preocupaciones y pensamientos negativos.

Entre los sí­ntomas más comunes tenemos la aceleración del ritmo cardiaco y de la respiración, cambios en la temperatura con sudoración, perdida de concentración, atención y memoria, dificultad para conciliar el sueño, fatiga y dolores de cabeza. Empiezan poco a poco y generalmente no les prestamos mucha atención hasta que la intensidad y frecuencia nos asusta y pedimos ayuda.

En resumidas cuentas, lo que nos genera tensión es tener la sensación de no tener capacidad, recursos o apoyos para conseguir los objetivos que nos hemos marcado o nos han marcado. Cuando los objetivos nos los marcamos nosotros podemos reformularlos y esto nos ayudará a reducir el estrés. Cuando vienen impuestos desde fuera y tenemos miedo de que si no cumplimos habrá represalias entonces el estrés se intensifica.

Por esta razón, donde más estrés vivimos es en el trabajo ya que existe una presión por rendir. A veces los trabajos ponen a las personas a competir, también los compañeros pueden querer apropiarse de algunos de tus méritos para hacerse valer ante el jefe, incluso te pueden hacer mobbing. Si estás en un ambiente competitivo, con compañeros que no te ayudan y con jefes exigentes dí­a tras dí­a sin vistas a que haya algún cambio es seguro que el estrés irá en aumento.

Se puede aprender a manejar el estrés, aprender a relajarse, hacer ciertos ejercicios que ayudan a bajar la activación, aprender a respirar y tomarse un respiro y, sobre todo, a cambiar nuestra actitud para hacer que el estrés funcione a nuestro favor y no en contra.

Victoria Cadarso, psicóloga, psicoterapeuta, escritora y conferenciante

Tomado de www.larazon.es

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