BIOGRAFíA: Sabino Arana

Sabino Policarpo Arana Goiri (Abando, Vizcaya, España, 26 de enero de 1865Pedernales, Vizcaya, 25 de noviembre de 1903) fue un polí­tico, escritor e ideólogo español al que se considera padre del nacionalismo vasco. Fundó el Eusko Alderdi Jeltzalea – Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV), partido que dirigió y por el que llegó a ser diputado provincial de Vizcaya. A él también se deben distintos sí­mbolos, como la ikurriña, actual bandera de la Comunidad Autónoma del Paí­s Vasco.

Murió a la temprana edad de 38 años a causa de la enfermedad de Addison, dejando plasmada su ideologí­a en 33 obras poéticas, 14 libros polí­ticos y literarios y más de 600 artí­culos en prensa.

Aún en la actualidad su pensamiento continúa siendo polémico, muy criticado por sus detractores (quienes denuncian su supuesto fundamento racista y xenófobo) y justificado por sus seguidores (quienes sostienen que las crí­ticas provienen sobre todo del nacionalismo español y no tienen en cuenta el contexto histórico de la época).

Contexto histórico

El nacionalismo vasco independentista promulgado por Arana nació en una época de bruscos cambios sociales, culturales y polí­ticos que resultarí­an trascendentales para la comprensión de la sociedad actual.

En vida de Sabino Arana, la sociedad vasca estaba influida por diferentes aspectos entre los que se encuentran la caí­da del antiguo régimen, el florecimiento de las ideas liberales centralistas y laicistas, el caciquismo y la imperfección del sistema democrático, la crisis del carlismo tras su derrota militar, la pérdida de los fueros, la crisis del nacionalismo español y su intento de regeneración, las polí­ticas coloniales y los procesos de emancipación colonial, la generalización de las teorí­as racistas, los inicios de la revolución industrial, el surgimiento del socialismo, la inmigración, la paulatina desaparición del euskera y de la cultura vasca …

Infancia y formación

a)      Infancia y primeros estudios

Arana ta Goiri’taÅ• Sabin (según el sistema onomástico que él mismo desarrolló) nació en la anteiglesia de Abando, hoy un distrito de Bilbao, y creció en el seno de una familia burguesa de fuertes convicciones religiosas y de raigambre carlista. Fue el menor de ocho hermanos, dos de los cuales murieron al poco de nacer. Su padre, el armador Santiago Arana Ansotegui, propietario de varios astilleros, fue alcalde, representante y apoderado de Abando en las Juntas Generales de Vizcaya.

En 1871 inicia sus estudios en la escuela municipal de Abando. Debido a que la colaboración de su padre en los preparativos del alzamiento carlista de 1872 lo habí­a llevado al exilio, Sabino y parte de su familia se trasladan a Francia meses más tarde, en donde pasarán más de tres años. Durante 1873-74 Sabino estudió en el colegio San Luis Gonzaga de Bayona (Francia) y después con un oficial carlista alavés en San Juan de Luz. Según algunos biógrafos], su padre renunció a enviarle a las escuelas francesas, de tendencia jacobina, y estudió con profesores particulares; otros, por su parte, afirman que, para matricularse en educación secundaria a su regreso, se vio obligado a decir que habí­a estudiado en su casa para ocultar su condición de exiliado. Sea como fuere, en 1876, terminada la guerra, Sabino y sus familiares regresan a Abando. Y toda vez que habí­a aprobado las primeras letras y el examen de ingreso para el Bachillerato en Fuenterrabí­a, ingresa como interno en el colegio jesuita Nuestra Señora de la Antigua, en Orduña.

Enfermo de tisis, se examina de bachiller postrado en la cama, obteniendo la calificación de sobresaliente en junio de 1881.

b)      Del carlismo al nacionalismo

Cuenta Sabino que durante un viaje de su hermano Luis Arana un santanderino le comentó, al ver que llevaba una insignia fuerista:

Pues mira, eso es lo que no entiendo bien. Si los vizcaí­nos sois españoles y vuestra Patria es España, no sé cómo queréis gozar de unos fueros que los demás españoles no tienen y eludir obligaciones que a todos los españoles deben comprender por igual ante la Patria común. Gozando de los fueros no serví­s en el ejército español, ni contribuí­s con dinero al Tesoro de la Patria. No sois buenos españoles…

Admitiendo como gran verdad lo manifestado por el santanderino, Luis se cuestionó si era español o sólo vizcaí­no, considerando que su opción era la segunda.

Siendo ya un convencido del nacionalismo vizcaí­no, el Domingo de Resurrección de 1882, Luis, que habí­a vuelto de Madrid, comentó sus ideas con su hermano Sabino, que por entonces se hallaba en casa convaleciente de tisis, y que se proclamaba carlista. Luis le hizo una fuerte crí­tica del carlismo por ser españolista y, tras largas horas de debate, a Sabino le entran dudas sobre sus ideas y decide estudiar la lengua, la historia y las leyes de Vizcaya, para conocer mejor a su pueblo. Al cabo de un año, ya se considera convencido

Más al cabo de un año de transición disipáronse en mi inteligencia todas las sombras con la que oscurecí­a el desconocimiento de mi Patria, y levantando el corazón hacia Dios, de Bizcaya eterno Señor, ofrecí­ todo cuanto soy tengo en el apoyo de la restauración patria… Y el lema Jaungoikua eta Lagizarra se grabó en mi corazón para nunca más borrarse

A la muerte de su padre en 1883, parte de la familia se traslada a Barcelona y Sabino se matricula en las Facultades de Derecho y Filosofí­a y Letras por deseo de su madre (a él le gustaban más las materias de ciencias). Cursa pocas materias y apenas se presenta a los exámenes de una carrera que ni terminó ni pensó nunca ejercer. Se matricula también un año en Ciencias Naturales y Fí­sicas y Filosofí­a y Letras], y comienza a escribir un estudio sobre la ortografí­a del euskera vizcaí­no. Tras morir su madre en 1888, queda huérfano a los 23 años, abandona definitivamente los estudios universitarios y regresa a Vizcaya

Ese mismo año, y tras haber logrado notables progresos en el aprendizaje del euskera (idioma que, al ser castellano parlante de origen, desconocí­a años antes), oposita junto a Miguel de Unamuno y Resurrección Marí­a de Azcue a la cátedra de vascuence recién creada en el Instituto de Bilbao. Luis de Iza, Pedro de Alberdi y Eustaquio de Madina también se presentan a esa plaza. Azcue gana la cátedra al conseguir once votos del tribunal calificador, frente a tres de Unamuno y ninguno de Arana.

c)      Sus primeros artí­culos y obras

Desde que en 1884, con sólo 19 años, comenzara a redactar un ensayo sobre ortografí­a del euskera, Sabino escribió multitud de artí­culos, el primero de los ellos en 1886 y de claro contenido polí­tico, referente a un debate periodí­stico sobre los “Orí­genes de la raza vasca” que, como los anteriores que habí­a escrito, no fue publicado por ningún periódico, ya que iba dirigido contra Miguel de Unamuno, al que criticaba duramente, entre otros motivos, por la poca base de sus afirmaciones sobre el origen de los vascos.

Finalmente, el 15 de julio de ese año vio publicado su primer artí­culo, “¿Basco o Vasco?” en la “Revista de Vizcaya”, haciendo clara alusión a una frase de Unamuno.

El 7 de abril de 1888 publica en Barcelona unas hojas de los “Pliegos Histórico-polí­ticos”, en los que analiza la historia polí­tica de su tierra.

Sus artí­culos, la mayorí­a sobre temas lingí¼í­sticos e históricos, fueron recopilados en 1892, bajo el tí­tulo Bizcaya por su independencia. Cuatro glorias patrias, en relación a las batallas de Arrigorriaga (888), Gordexola y Otxandio (1355) y Munguí­a (1470)

Sus inicios polí­ticos. (1893 – 1898)

Dentro de la evolución ideológica de Arana se destacan varias fases. Desde su carlismo per accidens y fuerismo original, evoluciona a un vizcainismo independentista en el que cambia el Dios y Fueros carlista por el JEL y que se caracteriza por el radicalismo de su pensamiento. Tradicionalmente, se considera que comienza con su primer discurso polí­tico en Larrazabal.

a)      El Juramento de Larrazábal (1893)

En 1893, durante los postres de una cena organizada en su honor por 17 amigos y conocidos para celebrar la publicación de su primer libro, Arana pronunció un discurso privado, que después entregó por escrito a los presentes, conocido como el “Juramento de Larrazábal” en un acto que representa el comienzo de su actividad polí­tica y el inicio semioficial del nacionalismo vasco aranista, aunque en ese momento Arana hablaba más bien de un independentismo vizcaí­no, pero respetando la decisión del los demás territorios de integrarse a su proyecto.

Dicho discurso comenzaba agradeciendo la invitación de los presentes y refiriéndose a la teóricamente imbatida Vizcaya frente a iberos, celtas, romanos, godos, musulmanes, hispanos, galos y sajones, negaba la sumisión a los monarcas españoles, que, según él, no eran reyes de Vizcaya, sino solo Señores. Criticaba a los partidos de la provincia por tildarse de vizcaí­nos cuando eran españolistas, se reconocí­a carlista hasta los 17 años por defender los fueros, pero sólo hasta 1882, cuando comenzó a estudiar la historia de su Vizcaya y a elaborar gramáticas para aprender el idioma y a su vez enseñar y difundir sus conocimientos y sus ideas a los demás; además juraba trabajar en ello hasta su muerte.

Adoptaba el lema JEL, (“Jaungoikoa Eta Lagizarrak“, traducido como “Dios y Leyes antiguas”, en castellano), en sustitución del similar lema carlista “Dios y Fueros“ y anunció la próxima constitución de una sociedad nacionalista cuyos estatutos ya habí­a redactado y cuyo programa polí­tico se encontraba perfectamente definido, requiriendo la adhesión de sus oyentes a dicho proyecto y emplazándolos a una nueva reunión para dar a conocer todo su contenido.

Terminaba su discurso diciendo:

…habéis de perdonarme es el que os haya dirigido la palabra en idioma extranjero, pues que el contarse entre vosotros bizkainos que desconocen el patrio me ha obligado a ello.

Y ahora, gritad conmigo: ¡Viva la independencia de Bizkaya!

Para decepción de los Arana, los presentes, de tendencia mayoritariamente fuerista, entre los que se encontraba el empresario naviero Ramón de la Sota, rechazaron sus ideas.

Tras este juramento, decidido a difundir sus ideas a cualquier precio personal, y renunciando a continuar un prometedor futuro profesional en la empresa naviera familiar, empezó su intensa trayectoria polí­tica.

b)      El folleto Bizkaitarra

En junio y agosto de 1893 aparecieron los primeros dos números de la revista periódica “Bizkaitarra”, siendo denunciado por ambos, hecho por el que su popularidad aumentó. Este medio unido a la creación posterior de la sociedad nacionalista, fue el altavoz en el que inicialmente Arana desgranaba sus ideas. Cada ideologia polí­tica estaba representada por un medio afí­n y eran bastantes y de muy diverso tipo las que se editaban periódicamente. “Bizkaitarra” estaba dirigido exclusivamente al consumo interno de los vizcaí­nos y pretendí­a despertar en ellos la conciencia nacional y ganar adhesiones, experimentando un notable auge en poco tiempo . Su estilo agresivo era común en todos los medios de la época. La temática era variada y se centraba en unos pocos hechos de la polí­tica local que criticaba o alababa, comentando posteriormente las reacciones sociales que habí­an generado en las distintas ideologí­as polí­ticas.

Sabino sufrió cuatro procesos por Bizkaitarra. Los dos primeros no se vieron debido a un indulto general para la prensa. El tercero fue por el número del 24 de abril de 1895, por el que fue multado pero la multa fue suspendida por el Gobernador. El cuarto fue por injurias leves y fue condenado a arresto mayor, pena que cumplió en la prisión de Larrí­naga.

En esta etapa se señalan como fundamentales otras dos manifestaciones públicas del nacionalismo vasco como son la “Sanrocada” de 1893 y la “Gamazada” de 1894 que fueron largamente comentadas en el “Bizkaitarra”.

c)      La “Sanrocada” (1893)

En 1893, el Ministro de Hacienda, Germán Gamazo, se propone revisar los conciertos económicos forales navarros, contando con la férrea oposición de los navarros. En este contexto, en Guernica el 16 de agosto de 1893, se celebra la festividad de San Roque, y se celebra un almuerzo al aire libre en honor del Orfeón Pamplonés. Asisten a los actos fueristas, carlistas, bizkaitarras y catalanistas de “Unió”. Por la mañana, todos rinden homenaje al írbol de Guernica. En los balcones de la la liberal Sociedad Gernikesa y de la Sociedad Tradicionalista lucí­an banderas españolas. Durante la comida se oyen algunos gritos de Abajo la preponderancia de Castilla, Viva la autonomí­a de las regiones, ante lo que protestan algunos carlistas. En respuesta a las protestas de los carlistas se oye un grito de “¡Muera España!”, motivo por el que los carlistas y los fueristas deciden abandonar el acto. Esa tarde elementos nacionalistas queman las dos banderas españolas que lucí­an las dos sociedades repitiendo el Muera España y gritando Viva Euskeria Independiente. Este suceso se considera la primera manifestación del independentismo vasco.

d)      La “Gamazada” (1894)

El 14 de febrero de 1894, una delegación navarra, encabezada por Arturo Campión acude a Madrid y a su vuelta son recibidos el 18 de febrero de 1894 por una multitud en Castejón, entre la que se encuentran los aranistas que portan un estandarte similar a la cruz de Borgoña del Imperio español, formado por la cruz roja de San Andrés sobre fondo blanco, bordado por Juana Irujo de Aranzadi según el boceto realizado por los Arana en el histórico “Café Iruña” de la capital navarra; en su reverso, figuraba en letras rojas, el lema siguiente: “Jaungoikoa eta lagizarra, bizkaitarrak agurreiten deute naparrei . Dios y la Vieja Ley. Bizkaia abraza Navarra”. Además los partidarios de Arana lucen como signo en sus levitas unas hojas de roble sobre un lazo rojo y blanco. .

Como consecuencia directa del proyecto de Gamazo, se produce un movimiento de contestación popular en Navarra para el que se recogen 120.000 firmas, se realiza la mayor manifestación vista hasta esa fecha en Navarra y se dan algunos conatos de episodios violentos. El ministro fue finalmente destituido y el proyecto salió adelante.

e)      Fundación de la Euskeldun Batzokija (1894)

El sábado 14 de julio de 1894 fundó la sociedad “Euskeldun Batzokija”, en el número 22 de la calle Correo de Bilbao; en la ceremonia de apertura del centro, a las seis de la tarde, el socio de más edad, Ciriaco de Iturri, ex oficial carlista, izó por primera vez la “Ikurriña“.

El domingo 15, se celebra una misa en Begoña y al terminar, ya fuera del templo, cantan el Guernika’ko Arbola y se dirigen al local de la sociedad donde se celebra Junta General Fundadora, en la que es nombrado Presidente de la Junta Directiva Sabino Arana. Al terminar, salen al balcón de la sociedad un grupo de txistularis que escandalizan al público que esperaba el concierto de la Banda Municipal en el Arenal. La fiesta continuó hasta la noche, y se repite el dí­a de San Ignacio, lo que hace que un vecino denuncie a la sociedad por alboroto. La sociedad es multada con 500 pesetas por cantar, tocar el tamboril y patear en el suelo de un piso. Sabino ridiculizó al denunciante en la revista Bizcaitarra, y este se dio por ofendido y lo denunció. Esta denuncia fue la causa del primer encarcelamiento de Sabino Arana.

A los cuatro meses de la fundación de la sociedad, Sabino expulsa a siete socios, con lo que se dan de baja varios más, en solidaridad con los expulsados. Al cabo de un año, de los 50 socios fundadores, han abandonado la sociedad 30, la mayorí­a por expulsión.

En 1895 se modifica el reglamento del Euskeldun Batzokija, que ya tiene unos 120 socios, diciendo que dicha Sociedad es meramente recreativa y no guarda la más mí­nima relación con Bizkaitarra, que es periódico polí­tico.

El 10 de agosto Sabino comparece en el juicio por las ofensas denunciadas por el vecino del Euskeldun Batzokija en el que es condenado a 1 mes y 11 dí­as de arresto mayor. Sabino decide no recurrir la sentencia ni aceptar el arreglo propuesto por el denunciante, y el 28 se presenta en la Audiencia, ingresando el Larrí­naga a continuación.

El 12 de septiembre de 1895 la autoridad gubernativa ordena el cierre de la sede de la sociedad por no cumplir los fines para los que fue creada, ser su Cí­rculo un foco perenne de rebelión y un peligro para la nación y varias acusaciones más.

f)       La Ikurriña y otras banderas sabinianas

Fue diseñada por los hermanos Arana para el presunto Estado histórico independiente de Bizcaya. En ella Sabino considera que se representa a Vizcaya, al árbol de Guernica y el lema Jaungoikua eta Lagizarra.

Aunque también diseñaron banderas para los demás (según ellos) Estados independientes vascos, estas no tuvieron éxito, y la ikurriña fue adoptada finalmente por los nacionalistas como la bandera vasca.

g)      Elección del primer Bizkai Buru Batzarra

En julio de 1895 se eligió el primer Consejo Regional de Vizcaya, el “Bizkai Buru Batzarra” (BBB), conformando así­ el primer órgano decisorio del Partido Nacionalista Vasco. En agosto la sociedad recién creada fue denunciada, acumulando Arana su octava denuncia y su sexto procesamiento por artí­culos publicados en “Bizkaitarra” al ser acusado esta vez por “excitación a la rebelión”; también fue condenado por su artí­culo 14 en esta revista a once meses y un dí­a de arresto mayor y multa, ingresando en prisión. En septiembre el periódico y la sociedad fueron clausurados; Arana fue procesado nuevamente por “conspiración a la rebelión” y se estableció una fianza millonaria para la época de 50.000 pesetas. Estando en prisión fue convencido para que desistiera de la publicación de nuevos artí­culos. Reducida la fianza, abandonó la cárcel en enero de 1896; en noviembre fue absuelto del antes citado delito de “excitación a la rebelión”.

En agosto de 1897 se levantó la clausura del local social “Euskeldun Batzokija”, pero sus miembros decidieron no continuar con ella; el periódico “Baserritarra”, aparecido en mayo, fue clausurado poco después, en agosto de ese año.

Ideologí­a inicial aranista

El pensamiento de Sabino Arana se resume en el lema de su partido traducido como “Dios y ley antigua”, es decir, el catolicismo antiliberal y la histórica independencia vasca basada en los fueros. Su discurso populista aglutinaba las técnicas de oratoria de la época  (alusión a los mitos, al miedo a lo desconocido, hipérboles, metáforas, bipolaridad moral entre buenos/malos, entre ví­ctimas/asesinos, morales/inmorales, nosotros/ellos, ironí­a, refranes, simbologí­a…) y todo ello expresado a veces con crueldad en un lenguaje directo.

Se consideran tres épocas en su evolución ideológica a partir del carlismo:

– La primera, antiespañolista, más radical, centrándose fundamentalmente en Vizcaya, se iniciarí­a en 1892-93 y en ella Arana impulsarí­a, a través de un discurso directo y peyorativo, los elementos diferenciadores (étnicos, religiosos, históricos e idiomáticos), de los vizcaí­nos, considerando éstos valores como superiores en todo a los de los españoles, que para él son una raza degenerada, afeminada e inferior. Sus crí­ticas también se dirigen a los vizcaí­nos españolistas.

– En una segunda etapa, sobre todo tras la incorporación de algunos miembros del partido a los cargos público a partir de 1898, los anteriores conceptos se suavizan, lo que permite la adhesión de los nacionalistas más moderados. Se considera a los gobernantes españoles como corruptos y degenerados y no, como en su primera etapa, a los españoles.

– En los ultimos años de su vida (1902) tras ser encarcelado, los cargos electos destituidos y sus sedes y medios clausurados se plantea la posibilidad de iniciar un proyecto españolista dejando al margen el nacionalismo, pero dicho proyecto no llegó a realizarse. Para unos, en dicha decisión pesó el éxito del catalanismo que, moderando sus postulados, obtuvo una gran victoria electoral, mientras que para otros fue una maniobra que permitiese sobrevivir al nacionalismo hasta que llegasen tiempos mejores.

Algunos de los conceptos identitarios basados en el nacionalismo romántico de la etapa inicial del pensamiento aranista y que después matizarí­a fueron:

Sobre su catolicismo

Una idea clave en la ideologí­a “aranista” es su catolicismo, derivado de sus raí­ces carlistas y que contribuye y justifica sus fines independentistas.

Históricamente, en el imaginario popular anteriormente se habí­an mezclado una serie de teorí­as y leyendas cosmogónicas surgidas a partir del siglo XVI y en las que el pueblo vasco es descendiente directo de un nieto de Noé (mito de Túbal). Según este mito, la lengua vasca fue traí­da directamente desde el paraí­so por su antepasado Túbal, sin que existan mezcolanzas posteriores ni derivaciones de otro idioma, como en el caso del castellano con respecto al latí­n, lo que de alguna manera conferí­a a los vascos, simultáneamente, la condición de pueblo elegido por Dios, con el valor añadido de no haber participado en la muerte de Cristo, como ocurrió con los judí­os. Posteriormente, el escritor romántico suletino Joseph-Augustin Chaho sustituyó a Tubal por un patriarca ancestral llamado “Aitor”.

Arana se burló del “tubalismo” , anteriormente expuesto, y conforme a algunos autores, su ideologí­a católica es la del “racial-integrismo”, debido a que la “catolicidad” era un elemento constituyente de la raza vasca esencial pues si los vascos no fueran católicos, decí­a, “renegarí­a de mi raza: sin Dios no queremos nada”. A pesar de todo, el apoyo de la Iglesia al nacionalismo vasco nunca fue, ni mucho menos, mayoritario.

Sabino Arana propugna una diferenciación clara entre Iglesia y Estado, puesto que considera que las subvenciones que recibe la Iglesia por parte del Estado redundan en una pérdida de independencia de aquélla. Rechaza la estructuración de la Iglesia dividida en diócesis estatales y propugna una organización universal. ,

Sus fervorosos principios católicos tienen reflejo en su visión de la actividad polí­tica y por ello se opondrá al caciquismo y las corruptelas de la época, defendiendo una regeneración de la polí­tica,

Sobre la raza

En esta etapa aranista el elemento étnico tiene una gran importancia identitaria y diferenciadora respecto a la raza española, a la que, negando su catolicidad, ve como corrupta, inmoral y degenerada, siendo por lo tanto ésta inferior a la raza vasca. Su pensamiento étnico y diferenciador está basado fundamentalmente en el euskera que era materia de estudio por su singularidad entre los lingí¼istas de la época. Su pensamiento reaccionario se encontraba en consonancia con la ideologí­a de la época y considera que la raza vasca es superior en todo a la raza española, construyendo un signo de identidad nacional, fundiendo los conceptos de nación y de raza.

Aparte del referente de la lengua, común en la mayor parte de los nacionalismos europeos desde los románticos alemanes, Sabino Arana dotó a su movimiento de un aspecto revisionista (no consideraba los fueros como una carta otorgada de autonomí­a, sino como un código de soberaní­a) y de un sentir católico, que quedaron reflejados en su lema “Dios y leyes viejas” (Jaungoikoa Eta Lagi-zarrak). Creí­a que la decadencia del paí­s se debí­a a la falta de este código de soberaní­a. Se estaban perdiendo la cultura, las costumbres, la lengua y la identidad de la zona que viví­a por el sometimiento a leyes foráneas.

Más tarde, ya en 1898, Sabino Arana también se posicionó contra la polí­tica colonial e imperialista europea y contra los racistas.

Sobre los maquetos

Para Arana, junto con los liberales, los “maquetos” eran la encarnación de los males que aquejaban a la patria vasca; dicho término, utilizado comúnmente de forma despectiva en la época, puede ser de origen prerromano (“magí¼eto (novillo)”) o de origen griego (meteco)y era usado en la provincia limí­trofe de Cantabria y en Asturias; tras la revolución industrial fue utilizado popularmente en la zona minera vizcaí­na en donde los obreros vascos llamaban “makutuak” a los llegados del exterior; por su parte, Miguel de Unamuno se referí­a a estos foráneos como “pozanos”; otros calificativos como “coreanos” o “machurrianos” no tuvieron tanta aceptación. En el Paí­s Vasco francés, el equivalente despreciativo ha sido “kaskoin”.

Según cita el propio Arana, los cuatro partidos católicos vasquistas de la época (carlistas, euskalerriakos, integristas y nacionalistas) estaban totalmente de acuerdo en que los “inmigrantes” procedentes de otras regiones españolas eran los odiados, los casi invasores del territorio vasco que representaban fí­sicamente la destrucción de los modos de vida tradicionales de los vascos, no porque fueran foráneos, sino porque importaban ideas distintas a las que tení­an Arana y el resto de los citados partidos, como el liberalismo y el constitucionalismo antifuerista.

Según la ideologí­a inicial de Arana, los “maketos” hací­an sentirse avergonzados a los vascoparlantes que ignoraban el castellano, y manifiesta su pena por los vascos que no saben euskera, aunque le dolí­a más vascoparlante que no fuese patriota, considerando lo peor para la patria un español que hable euskera; venidos de todas las partes de España, eran los genuinos representantes de la mezquindad española y de lo que él pensaba fuese una inferioridad étnica y cultural. Criticó también a esos “maketos” por realizar trabajos con más bajo salario, por ser inexpresivos, por ser torpes, etc.. lo que los diferenciaba de los genuinos vizcaí­nos que eran inteligentes, nervudos, etc…

Sobre los liberales

Sabino Arana mantiene una relación de rechazo visceral hacia España y el liberalismo, fuese éste de signo conservador o progresista, y a las clases altas liberales corruptas, dedicadas a la compra-venta de poder tan tí­pica en la restauración española:

Las clases medias y el campesinado apoyaron activamente su movimiento intensamente sacudidos por la pérdida de su estatus (quiebra de los pequeños negocios, empobrecimiento del campesinado ante los bajos sueldos aceptados por los inmigrantes, ataque a sus señas de identidad,…). Veí­an en él la forma de conseguir pací­ficamente los derechos perdidos por la derogación foral de 1876, consecuencia de las guerras carlistas y la solución a una industrialización que les amenazaba y que cambiaba su vida.

Sobre los socialistas y capitalistas

También se enfrentó al PSOE -único partido socialista de comienzos del siglo XX en España- que representaba los intereses de muchos obreros venidos a trabajar a Vizcaya en las minas y la siderurgia. Frente a los socialistas mantuvo una dura pugna con Tomás Meabe, antiguo colaborador de Arana y fundador de las Juventudes Socialistas, al que en su dí­a destinara Arana a investigar el socialismo, para posteriormente migrar a sus filas abandonando a su mentor.

Según el historiador John Sullivan, en su libro “El nacionalismo vasco radical: 1959-1986 : “Tanto la UGT como el PSOE eran activamente anticlericales, por lo que sus doctrinas se consideraron peligrosas e inmorales por gran parte de la población católica vasca.”

Pero Arana es también un confesado anticapitalista, no por conciencia de clase proletaria, sino por considerar el capitalismo como expresión de la destrucción de las formas de vida tradicionales de la nación vasca. Critica a los capitalistas que “exprimen al obrero”, pero en su pensamiento no deja de tener peso que esos capitalistas son los liberales a los que ha combatido siempre, y que tienen en sus manos todos los resortes del estado del que tanto abomina.

Tras la muerte de Sabino, el nacionalismo vasco organizó su propio sindicato Solidaridad de Trabajadores Vascos(ELA/STV), enfrentado siempre a UGT y CNT, actuando en la órbita del sindicalismo cristiano, para que los obreros vascos no tuvieran que afiliarse a sindicatos socialistas y españolistas.

La etapa intermedia (1898-1902)

Los autores consideran la existencia de una etapa más moderada en la ideologí­a aranista, sobre todo tras ser elegido como Diputado provincial, que aumentarí­a las adhesiones de sectores nacionalistas moderados a su proyecto.

En noviembre de 1897, Arana explica la razón de su anterior radicalismo, expresado en los artí­culos de “Bizkaitarra” y mucho más levemente en el posterior “Baserritarra” y reconoce que su estilo buscaba notoriedad y despertar a la sociedad, no siendo necesario ya utilizar ese estilo duro de su primera época .

“Hoy, y sobre todo en Bizcaya, ya no harí­a falta hablar contra España”. (1897)

En abril de 1898 se inició la Guerra de Cuba entre España y Estados Unidos, decretándose el estado de guerra; la casa de Arana resultó apedreada. En julio también se archivó el anterior proceso iniciado por “conspiración a la rebelión”.

Tras el armisticio de la guerra, el 11 de septiembre, Sabino Arana fue elegido en las elecciones como Diputado Provincial por Bilbao, formando parte de la Comisión de Fomento de la nueva Diputación de Vizcaya.

También fundó en 1899 el periódico “El Correo Vasco”, que publicó 103 números.

El 14 de mayo de 1899 se realizaron elecciones municipales y los nacionalistas vascos obtuvieron cinco concejales en Bilbao, otros cinco en Bermeo y algunos en Arteaga y Mundaca, donde se consiguió el primer alcalde nacionalista, pero poco duró la alegrí­a porque, al dí­a siguiente, por Real Decreto, se suspendieron las garantí­as constitucionales en Vizcaya, pese a que en la exposición de motivos se señalaba que, pese a que no existí­a “el menor riesgo para el orden material (…) atacan con tal audacia al sentimiento de la Patria Común, expresan con deatinada insistencia propósitos de romper el ví­nculo nacional, que constituye una perturbación del orden moral” y todos los centros y periódicos fundados por Arana fueron clausurados, siendo reabiertos de nuevo en abril de 1900 una vez restablecida la normalidad.

El 2 de febrero de 1900, tras un noviazgo de un año, contrae matrimonio en la ermita de San Antonio de Abiña con Nicolasa Achicallende e Iturri (Nikole) vecina de Pedernales- Sukarrieta. La unión cuenta inicialmente con la desaprobación de algunos de sus correligionarios debido al origen humilde de la novia y la unión se realiza en secreto y en la intimidad para evitar la presencia de curiosos. De hecho, el secreto fue tan estricto que los padres de ella se enteraron el mismo dí­a de la boda porque “la alegrí­a no les hubiera permitido callar” En agosto Nikole, embarazada de cuatro meses, pierde al hijo que esperaban. La situación económica de Arana, no era muy boyante y viví­an de alquiler por que no podí­an permitirse una vivienda en propiedad y, a pesar de ello Arana renunciarí­a voluntariamente al cobro de dietas por su cargo de Diputado.

Durante el año 1901 Arana intervino como vicepresidente en el “Congreso Ortográfico de Hendaya” para unificar la ortografí­a del euskera, e invitó a participar en ella a todos los intelectuales relacionados con la materia, aunque odiasen su proyecto nacionalista. También ese año se crea la primera organización juvenil nacionalista Euzko Gaztedia (EGI).

El proyecto “españolista” (1902-1903)

En los últimos años de su vida, ve como gran parte de su proyecto es destruido por las autoridades y los atentados perpetrados por sus opositores; así­, en mayo de 1902 fue asaltado y saqueado el “Centro Vasco”; ese mismo mes Arana fue encarcelado por delito de rebelión por intentar enviar un telegrama al presidente estadounidense Theodore Roosevelt, felicitándole por conceder la independencia a Cuba:

“Roosevelt. Presidente Estados Unidos. Washington. Nombre Partido Nacionalista Vasco. Felicito por Independencia Cuba por Federación Nobilí­sima que presidí­s que supo liberarla esclavitud. Ejemplo magnanimidad y culto Justicia y Libertad dan vuestros poderosos Estados, desconocido Historia, e inimitable para potencias Europa, particularmente latinas. Si Europa imitara también nación vasca, su pueblo más antiguo, que más siglos gozó libertad rigiéndose Constitución que mereció elogios Estados Unidos, serí­a libre. – Arana Goiri”.

En junio de 1902 el gobernador civil suspende de sus funciones a los concejales bilbaí­nos del P.N.V. por un hecho similar, ante lo cual Arana publica desde la cárcel el 22 de junio de 1902 un artí­culo llamado “Grave y transcendental”, en el que plantea la posibilidad de crear un nuevo partido con el que, renunciando al independentismo, se pudiera evitar el acoso hacia su ideologí­a. La prensa de la época cree que Sabino ha tirado la toalla y Arana le remite una carta a su hermano Luis explicándole su idea y, dos dí­as después,

“Instantáneamente se me ha presentado esta idea como seguramente salvadora de llevarse con toda perfección a la práctica: la independencia de Euzkadi bajo la protección de Inglaterra, será un hecho un dí­a no lejano.”

“una autonomí­a lo más radical posible dentro de la unidad del Estado español y a la vez más adaptada al carácter vasco y a las necesidades modernas”

El nuevo “plan” queda para que: “ellos (los nacionalistas) puedan continuarlo. Hay que hacerse españolista y trabajar por el programa que se trace con este carácter. A mi modo de ver, la Patria (Euzkadi) nos lo exige. Esto parece un contrasentido, pero si en mí­ se confí­a debe creerse. Es un golpe colosal, desconocido en los anales de los partidos. Queda empañada toda mi reputación. Tú, Koldobika (su hermano), me comprenderás…”

Aunque en dicho proyecto no estarí­a el propio Arana.

Desde el 22 de mayo de 1902 hasta el 14 de junio de 1903, una Junta sita en la calle de Luchana de Bilbao se encargó de recoger votos de adhesión para el proyecto. Seis meses antes de su fallecimiento el proyecto queda enterrado.

Muchas han sido las interpretaciones históricas de este “cambio” en la ideologí­a “aranista” en el que, disolviendo el PNV, intentó crear una “Liga de vascos españolistas”, algunas de estas teorí­as apuntan que Arana pretendí­a crear algo parecido a la exitosa “Lliga Regionalista“ catalana de Francesc Cambó,, que moderándose y pactando con sectores no nacionalistas e incluso opuestos, habí­a obtenido gran apoyo con su victoria electoral en 1901 para el proyecto catalanista, posicionándose frente al avance de las izquierdas y aglutinando a las derechas.

Lo realmente cierto antes de su muerte, puede que debido a que la Junta no consiguiera los apoyos considerados como necesarios para el proyecto, Arana nombró como su sucesor a un ferviente independentista, de lo que se desprenderí­a claramente, según algunos, que abandonó dicho proyecto “españolista”. Además, entre otros motivos, durante todo ese periodo el periódico “La Patria”, con la supervisión de Arana, continuó publicando artí­culos nacionalistas, el propio Arana realizó escritos en tal sentido, en las elecciones se presenta el PNV y es Arana el que interviene en la selección de candidatos.

Gravemente enfermo de la “enfermedad de Adisson“ se solicita su excarcelación por motivos de salud interponiendo recursos judiciales que son desestimados y se recogen más de 9.000 firmas que son ignoradas; Segismundo Moret, Presidente del Congreso de los Diputados, dijo:

“Será más gallardo que muera en la cárcel; además la tranquilidad de España bien vale la vida de un hombre.”

El 8 noviembre de 1902 es absuelto del delito antes mencionado y sale de la cárcel, pero el Fiscal anuncia recurso contra la Sentencia, por lo que decide exiliarse en Francia bajo la identidad de “Sylvain de Arbeste.”

En septiembre de 1903, a causa del avanzado estado de su enfermedad, Sabino Arana abandona la dirección del P.N.V., eligiendo como su sucesor a íngel de Zabala, como ya hemos mencionado, de clara tendencia independentista, falleciendo el 25 de noviembre de 1903 a los 38 años de edad.

Su obra fue microfilmada en 1936 para protegerla de las tropas sublevadas en la guerra civil. En 1965 y 1980 fueron publicadas sus obras completas; la Fundación Sabino Arana, vinculada al PNV, almacena y expone numerosos documentos de su vida.

Lengua y cultura

Como antes se ha mencionado, según Arana, el euskera era uno de los elementos identitarios de la patria vasca y a su impulso dedicó gran parte de su trabajo. No obstante los filólogos actuales han señalado fallos en la obra de Arana en este campo. Propuso su propio modelo ortográfico para el euskera y se posicionó a favor de un modelo ortográfico unificado, salvaguardando la diversidad dialectológica. Los seguidores de Resurrección Marí­a de Azkue y Arturo Campión proponí­an otro sistema ortográfico y veí­an la necesidad de un estándar literario común. Arana defendió su propuesta en el Congreso ortográfico de Hendaya de 1901, del que fue su vicepresidente. Entendí­a que debí­a existir un dialecto para cada provincia, el cual serí­a tratado como lengua. Su visión de la lengua vasca era purista hasta el extremo, y quiso sustituir los préstamos románicos en su totalidad por neologismos, generalmente inventados por él. Esto también incluí­a el léxico religioso: Deun (santo), txadona (iglesia), orlegi (verde), urrutizkin (teléfono), izparringi (periódico).

Tras su muerte, en 1910 su seguidor Luis Elizalde publicó la obra póstuma Deun Ixendegi Euzkotarra (Santoral Onomástico Vascongado), donde se “traducen” los nombres cristianos adaptándolos a las que, según él, eran las leyes fonéticas del euskera. Aunque inicialmente la Iglesia se negó a bautizar a los niños con esos nombres, poco a poco se hicieron muy populares, y después de ser prohibidos durante la dictadura franquista volvieron a ser utilizados, hasta nuestros dí­as. Según su sistema, los nombres acabados en “a” son masculinos y los acabados en “e” femeninos: Kepa/Kepe (de Kaiphas, Pedro/Petra), Miren (Marí­a), Endika/Endike (Enrique), Edorta/Edorte (Eduardo), Pederika/Pederike (Federico/Federica), Iñaki (este era un nombre tradicional, Ignacio), Joseba/Josebe (José/Josefina), Jasone (Asunción), etc. Aplicó ese mismo sistema para la diferenciar el género a los nombres tradicionales, como en el caso de Begoña/Begoñe y Uxua/Uxue. Como rasgo distintivo de los militantes de su partido, ideó un sistema onomástico ajeno a toda tradición, según el cual habí­a que escribir los apellidos con el sufijo que indica gentilicio (-tar), por delante del nombre de pila. Ejemplo: Arana ta Goiri’tar Sabin.

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