TEMA 5: La Industrialización en el Paí­s Vasco y sus consecuencias sociales

El laboreo del hierro en nuestro entorno hunde sus raí­ces en la llegada de los pueblos celtas a la Pení­nsula en la antigüedad (siglo VII a. C.). Ya los romanos (Plinio el Viejo en el siglo I) hacen referencia a la existencia de hierro en este entorno. El desarrollo posterior de las ferrerí­as (tanto de aire como de agua) no hará otra cosa que mostrar la importancia que tuvo este laboreo en la economí­a y diversificación social del Paí­s Vasco. Si este hecho es aplicable a todo el Paí­s Vasco adquiere singular importancia en Bizkaia (sobre todo en el entorno de Somorrostro) donde la abundancia y calidad del mineral de hierro va a ser el núcleo de la moderna industrialización.

1.- Orí­genes

La génesis de la industrialización del Paí­s vasco va a estar, por tanto, centrada en Bizkaia (margen izquierda) y en el monopolio del hierro. A su abundancia y calidad (especialmente de “vena” y “campanil”), dos elementos van a lanzar el mineral a ámbitos extranjeros: la facilidad de extracción (sistema de canteras) y la proximidad al mar (posibilidades de transporte marí­timo).

La primera siderurgia moderna será instalada en 1840 (Santa Ana de Bolueta –Bilbao-). A partir de esta fecha otras varias van a acompañar esta industrialización que, por motivos prácticos, comenzará a centrarse en el eje Barakaldo-Sestao. Así­, en 1854, los Ybarra Hermanos y Cí­a levantarán en el Desierto la “Fábrica de Hierro de Nuestra Señora del Carmen” (Barakaldo, 1854) en tanto la familia Chavarri, con Ví­ctor Chavarri al frente, crean la Vizcaya en Sestao.  Ambas serán las bases del intenso desarrollo industrial (minas, transportes, cargaderos, etc…) de Bizkaia.

Sin embargo, dos situaciones vendrán a ralentizar este desarrollo: el estallido de la tercera guerra (la zona fue escenario de combates de gran dureza) y las leyes forales (que impedí­an la explotación de las minas a personas extranjeras y su exportación). Superadas ambas circunstancias (1876 –guerra carlista- y 1869 –ley librecambista de Figuerola-) se iniciará un periodo de gran expansión protagoniza por una burguesí­a de nuevo cuño (no enriquecida por las ganancias provenientes del comercio sino de la rentabilidad de las minas), la repatriación de capitales provenientes de Cuba y Filipinas y las inversiones extranjeras.

En estas circunstancias se fundan compañí­as extranjeras y vascas cuya finalidad es la exportación de mineral. De hecho entre 1880 y 1900 se exporta el 90% del mineral, especialmente a Inglaterra. Para el traslado de mineral a las nuevas industrias levantadas en la rí­a como  para la exportación se instalarán o reactivarán no menos de cinco ferrocarriles mineras (Triano, Orconera, Luchana Mining, Franco-Belga y Galdames). Los beneficios de este comercio se van a reinvertir en generar una siderurgia propia aunque no se abandone la exportación. Junto a esta industria de base se instalan otras metalúrgicas (Ví­ctor Chávarri) y navieras (Sota y Aznar) favorecidas, por otra parte, por el desarrollo de la banca (Banco de Comercio) y el establecimiento de la Bolsa. La escasez de carbón mineral (coke) se paliará con la construcción del ferrocarril de La Robla (que transportará el carbón desde la cuenca hullera de León) y una amplia flota que hará lo mismo desde Asturias.

Es entonces, a partir de 1887, cuando surgen varias voces solicitando al Gobierno un cambio de la polí­tica productiva viendo la necesidad de proteger la naciente industria siderúrgica de la competencia extranjera. Así­ logran las Leyes Arancelarias de 1891 y 1896.

2.- Consolidación

El perí­odo comprendido entre 1898 y 1901 es de crecimiento. En 1902 se funda Altos Hornos de Vizcaya (resultado de la fusión de tres empresas ya existentes: Altos Hornos de Bilbao, La Vizcaya y La Iberia). Se consolida, por otra parte, el sector naviero (Astilleros del Nervión, Euskalduna), se crea la Babcock Willcox (motores) y aparecen compañí­as de seguros y reaseguros. El papel vasco en el mercado interior español se refuerza merced a nuevas leyes proteccionistas que eliminan la competencia extranjera (arancel de 1906). La pequeña crisis de comienzos de 1910 se solventa con el desarrollo de la 1ª Guerra Mundial (1914-1918), años en los que, a pesar de la neutralidad de España, se aprovecharán para vender mineral a ambas partes contendientes (principalmente Inglaterra).

Finalizado el perí­odo de la guerra, y sus grandes beneficios, llegó una segunda crisis que vino a solventarla la aplicación a la siderurgia del “Convertidor Bessemer” más barato que el Alto Horno pero con un problema: precisa de mineral no fosfórico cuya existencia se limita a Suecia y la zona minera de Bizkaia. La facilidad de extracción y proximidad al mar de esta zona motivó que los paí­ses europeos (especialmente Inglaterra) redoblasen sus inversiones en la margen izquierda del bajo Nervión. Es el momento cumbre de la extracción de mineral y de la producción de acero.

De esta forma no sólo salieron adelante las empresas ya existentes sino que se levantaron empresas auxiliares metalúrgicas, cementeras y de infraestructuras para la explotación minera, como cargaderos, embarcaderos, tranví­as aéreos, cadenas flotantes…  Todo ello precisó de abundante capital que llegó no sólo de las reinversiones gananciales sino de burgueses catalanes y empresas extranjeras.

3.- Consecuencias sociales

a.- Crecimiento de la población: todo este proceso industrial precisó, por otra parte, de una ingente mano de obra. Llegó, a partir de 1877, a decenas de las provincias limí­trofes (Burgos, Cantabria…) de modo que se pasó de 400.000 habitantes en 1877 a más de 600.000 en 1900, lo que supone un incremento del 34% frente al 9% del resto del paí­s. Bizkaia fue el territorio que más creció.  A finales del siglo, casi 1 de cada 3 vascos viví­a en la rí­a de Bilbao, que se estaba convirtiendo en la zona económica y demográfica más dinámica del Paí­s Vasco y de España, y en un área metropolitana de gran influencia en todo el territorio peninsular.

Este crecimiento poblacional se dio gracias a una fortí­sima inmigración. Los municipios de San Salvador del Valle (actual Trápaga), Abanto y Ciérvana, Barakaldo, Sestao y Bilbao, aportaron el 87 % de este crecimiento, la mayorí­a procedente de la emigración. A finales de siglo los inmigrantes, que representaban el 75% de la población activa, supusieron también la base humana para el surgimiento de nuevas ciudades en la Rí­a. En localidades como Baracaldo y Portugalete, la población activa inmigrante era mayoritaria. Estas tasas contrastan con las de Guipúzcoa y ílava. En ílava hubo incluso un cierto estancamiento de la población. Habrí­a que esperar a principios del siglo XX para que Guipúzcoa se convirtiera en una provincia receptora de población.

b.- Problemas derivados del crecimiento: la inmigración provocó una serie de problemas que debemos considerarlos desde un triple punto de vista: para el lugar de salida (descenso de la población, envejecimiento de la misma, abandono de muchos pueblos, aumento de superficie cultivable…), para el lugar de llegada (vivienda, sanidad, educación, infraestructuras –agua, alcantarillado, recogida de basuras…) y, por último, para las personas (inculturación).

c.- Consolidación de dos clases sociales: debemos hacer referencia a la consolidación de dos clases sociales, socialmente enfrentadas: los obreros y los burgueses. Los primeros, provenientes de una sociedad agraria tradicional, se asientan en la zona minera, margen izquierda y barrios de la periferia bilbaí­na. Su situación (mineros, sobre todo) es muy dura. La infame vivienda o casa de peones (muy bien descrita por Blasco Ibáñez en su obra “El Intruso”), la comida, la obligatoriedad de comprar en las cantinas, los salarios, la higiene de las viviendas obreras (casas-corredor), la falta de seguridad en el trabajo… centrarán sus reivindicaciones.

Los segundos (los burgueses) se asentarán en los ensanches (sí­mbolo urbaní­stico de su poder) de Donosti (el ensanche de San Sebastián fue el primero en el Paí­s Vasco tras demolerse en 1862 las murallas. Primó el modelo de ciudad de carácter terciario, en la que el turismo estaba llamado a desempeñar un papel muy importante) Bilbao (en 1861, Isabel II concedió a la villa de Bilbao la posibilidad de aumentar su término municipal a costa de Abando y Begoña -las anteiglesias más próximas-. El proyecto no solucionó el problema de la vivienda obrera, ya que se concibió exclusivamente para la burguesí­a. Su construcción fue muy lenta y para 1895 sólo se habí­a construido una cuarta parte del ensanche) y, en general, en la margen derecha del Nervión. La alta burguesí­a, siempre en búsqueda de privacidad, se asentará en la zona de Las Arenas,  reservándose la oligarquí­a el exclusivo barrio de Neguri.

d.- Aparición del Movimiento Obrero y del Nacionalismo: como resultado de esta situación aparecerán en el entorno de Bilbao o margen izquierda don novedades polí­ticas: el Movimiento Obrero y el Nacionalismo. El primero con el objetivo de reivindicar mejoras en la vida de los trabajadores (tanto mineros como trabajadores de las fábricas). Estará liderado por el Socialismo y, posteriormente, por el Comunismo. El Anarquismo no tuvo demasiada implantación. Existieron, también, aunque sin matiz polí­tico, organizaciones relacionadas con la Iglesia Católica, destacando, entre ellas, la Sociedad de San Vicente de Paúl.

El segundo (el Nacionalismo) nace relacionado con dos realidades ampliamente vividas en Bilbao: la pérdida de los Fueros (que dará origen al Foralismo) y la llegada de inmigrantes (origen del Tradicionalismo). Sabino Arana dará una vuelta de tuerca a ambos movimientos afirmando, en un primer momento, que la solución al problema no está ni en uno ni en otro sino en la “independencia de Bizkaia”.

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