Hasta el 30% de los jóvenes admiten haber participado en peleas

«La última pelea en la que estuve fue en las fiestas de El Escorial. ¿Y qué hice? Pues como si no les conociera de nada, alejarme», cuenta a ABCGonzalo, de 20 años. Como él, muchos jóvenes ignoran, observan o graban batallas campales como la ocurrida recientemente en Majadahonda como si fueran algo natural. Porque, aseguran, son «de toda la vida».

En España, se estima que solo un 3% de los jóvenes se implican con frecuencia en peleas y cometen actos de gravedad, pero el porcentaje asciende cuando se trata de violencia ocasional. Según un sondeo del Instituto de la Juventud (Injuve), el 14% de los jóvenes han participado en peleas grupales, mientras que el Centro de Investigación en Criminología de la Universidad de Castilla-La Mancha eleva al 30% los jóvenes de 17 años que se han peleado alguna vez.

Las conductas delictivas comienzan a los 13 años y alcanzan su máximo nivel a los 17, según este último informe, que fue elaborado en 2013 para el Consejo General del Poder Judicial. Se trata, por lo general, de violencia no planificada, que llevan a cabo chicos de entornos urbanos. Aunque «siempre hay jóvenes que entienden la fiesta como ir a liarla», asegura Javier Urra, quien fuera el primer Defensor del Menor en Madrid.

Tampoco ayuda que el contexto en el que se produce la mayor parte de los altercados sea en grupo y con la presencia de alcohol, que actúa como desinhibidor. «En las macrofiestas el individuo se desresponsabiliza (mucho más si el grupo es numéricamente mayor) porque pasa a ser masa», asegura Urra. También Amaya Prado, psicóloga educativa y vocal en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, ha constatado que, cuando los menores están en grupo, es más complicado que se reponsabilicen de sus actos.

Peleas ha habido siempre, atestigua también Fernando Lobo, portero de discoteca durante más de 20 años en Málaga. Lo que sí ha cambiado es la mayor presencia de drogas, y también de armas, dice. «Lo de echarse la navajita al bolsillo del pantalón es lo más normal del mundo», resume.

Según los datos del Ministerio del Interior, los arrestos por lesiones entre menores fueron 1.993 en 2016, frente a 1.758 del ejercicio anterior. En la última memoria de la Fiscalía, las causas por lesiones, intencionadas e imprudentes, pasaron de 9.959 en 2015 a 11.238 en 2016. Sin embargo, alertaba el Ministerio Público, «esa subida resulta totalmente engañosa», pues es la consecuencia de registrar como delito leve lo que antes de 2015 se registraba como falta.

Pasividad

La otra cara de la moneda la presentan los jóvenes que asisten a los altercados sin hacer nada. «Si hay gente peleándose la miras desde lejos, pero no es algo en lo que pienses», reconoce Íñigo, de 17 años. Si no hay ningún amigo implicado, simplemente no va con ellos.

«Son cómplices, pero desconocen que no hacer nada, o grabarlo con el móvil y difundirlo, también conlleva consecuencias», explica Prado. «Hay que trabajar mucho la empatía, preguntarles sobre qué les gustaría que hicieran los demás si se encontraran en esa situación, para que luego puedan identificarla y reaccionar».

Falta de empatía. Es uno de los puntos clave que señalan los expertos. También Urra: «Es una cuestión de no entender el respeto, de no educar en el autodominio, y de no enseñar lo que es el “tú”. Solo se aprende lo que es el “yo”». Algunas investigaciones recientes están abordando esta temática. En 2010, un estudio publicado en «Personality and Social Psychology Review» demostró que casi el 75% de los estudiantes norteamericanos decían ser menos empáticos que el estudiante medio hace 30 años. También continúan los estudios sobre la influencia de la televisión y los videojuegos en la normalización de la violencia, pero más de tres décadas después de iniciarse este debate, sigue habiendo voces a favor y en contra. En EE.UU., ya se apunta hacia otras explicaciones, como la baja tasa de lectura entre la juventud (hay estudios que vinculan esta afición con la mejora de la empatía) y el mayor aislamiento de los jóvenes. Pero estos son argumentos difíciles de aplicar a la realidad española.

Crisis de valores

Los expertos coinciden en señalar que la raíz del problema está en la crisis del sistema de valores, que no solo afecta a los jóvenes, sino también a los adultos. «Que veamos con esa insensibilidad los altercados y no hagamos nada, por miedo o por no darle importancia, está generalizado en la sociedad», explica Amado Benito, psicólogo del Equipo de Salud Mental Infanto-Juvenil de Tetuán (Madrid). Es algo que los jóvenes aprenden. Un proceso en el que se «cae en el individualismo, en el “sálvese quien pueda”, sin saber las consecuencias que tiene como persona, y en el conjunto de la ciudadanía», asegura Benito.

«La gente es muy pasiva», dice Urra. Pone como ejemplo el caso de EE.UU. Allí recomiendan que, ante una agresión sexual, las mujeres griten «¡fuego!», por ser lo más efectivo para conseguir ayuda. También la psicóloga Prado explica que los jóvenes de hoy son más individualistas: «Van más a su rollo, como dicen ellos».

El joven Gonzalo reconoce que nunca ha llamado a la Policía al presenciar peleas. Tampoco María, de 20 años: «Y no me meto porque puedo recibir». Como un chico de 22 años que murió el pasado abril por intentar apaciguar una bronca. La clave es el término medio, dice Benito: «No hay que renunciar a cuidarnos, pero sin olvidar que existe el otro».

Tomado de www.abc.es

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1 respuesta

  1. Maite Justa dice:

    El texto cuenta las múltiples maneras que tienen los jóvenes de actuar ante las peleas. Es cierto que hoy en día están mucho más generalizadas y que ni si quiera somos conscientes de ello. Deberíamos educar a las personas desde pequeñas para que se diesen cuenta de que la violencia no es la manera para arreglar las diferencias. Aceptamos que el problema es causado por los videojuegos y películas violentas, y estoy de acuerdo puesto que la sociedad ha normalizado estas situaciones, tanto como que un niño juegue a la consola a juegos de asesinatos y guerras. No somos conscientes del daño que hace una pelea, y deberíamos serlo. Mentalizarnos de que deberíamos evitarla a toda costa e intentar disuadir a aquellos que piensen que pelear es la mejor opción.

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