Leo, leo… ¿Dónde lees?

Con carcasas de colores, más ligeros, resistentes al agua, los nuevos e-readers destinados al público infantil quieren llegar para quedarse. Los fabricantes aguzan el ingenio porque saben que no lo tienen fácil. La facturación de literatura infantil y juvenil en formato electrónico supuso en 2016 un 4,8% del total, menos que el 5,3% alcanzado el año anterior.

Una tendencia que “no cambiará mucho” con vistas al balance de 2017, según una nueva oleada de encuestas que la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) comenzó el pasado septiembre, enfocadas sobre todo a ese lector comprendido entre los 10 y 14 años. “Y no es que compren y lean pocos libros; eso sucede a partir de los 16. Al revés, suponen nada menos que el 85% del mercado editorial español —no en facturación, ya que junto al libro de bolsillo es el más barato—. Edades además en las que el papel sigue siendo imbatible, lo que constata la vasta y excelente producción nacional que existe. ¿Quién dijo que el e-book arrasaría entre los más pequeños? Todo ha sido presión comercial más que otra cosa”, comenta Antonio Mª Ávila, director de la FGEE.

Amazon lidera de largo la venta de libros en formato digital, con una cuota de ventas del 22,6% el año pasado. Y su lector, Kindle, también es el más vendido en sus diferentes modelos. En cualquier caso, datos solo significativos a partir de 10 años, pues los e-readers para más pequeños apenas tienen demanda, “lógico”, consideran en Kobo by Fnac, “texturas, colores, formatos son elementos aún con difícil traslación a lo digital”. De ahí que algunos se hayan retirado del mercado como Paquito, el libro electrónico que comercializaba Imaginarium. “Hemos elegido fomentar el juego real (…). El entorno digital forma parte del presente de nuestros niños y es importante que convivan con él y aprovechen sus ventajas educativas y de ocio (…), pero también sabemos que tenemos que aprender a gestionar el correcto uso de las pantallas para evitar que por un uso excesivo sus beneficios pasen a ser inconvenientes”, explican.

Pero con los e-books, de momento, no parece haber necesidad de cronometrar tiempos. “Está demostrado que leer en estos dispositivos ni altera el reloj biológico ni daña la vista. Son más recomendables que cualquier otra pantalla. Su luz no tiene efecto tóxico, porque ni es azul, ni va directamente a nuestros ojos, por ser reflejada”, indica el optometrista Ramón García, autor de la web cuidatuvista.com.

Una propuesta paralela

El gran reto parece estar en los contenidos. “No se acaba de dar el salto”, considera Luis González, responsable de La Casa del Lector (Matadero, Madrid), institución que fomenta la investigación para la lectura y el entorno digital. Él lo ve claro: “un libro en un e-book, sin más, es un libro confinado. Es absurdo emular la literatura en papel en un formato electrónico. Así siempre saldrá perdiendo porque, neuronalmente, la lectura tradicional es insustituible. El desafío consiste en sacar verdadero provecho a lo digital como una propuesta distinta y paralela. Que exista comunicación y que se incorporen elementos multimedia son los dos requisitos indispensables”.

En La Casa del Lector, dependiente de la Fundación Sánchez Ruipérez, son conscientes de que el mundo editorial vive un periodo crucial y están convencidos de que “se acabará generando un modelo de negocio basado en otro concepto de lectura, más amplio y ­real, que fomentará la participación, el compartir contenidos y, por supuesto, será capaz de seguir motivando y haciendo placentero el acercamiento a los libros”.

“Leer no es fácil, cuesta, así que hagámoslo atractivo y enriquezcamos las propuestas recurriendo a lo innovador”, subraya Cristina Puig, directora de marketing y socia de la plataforma de lectura Boolino, una ayuda para que los padres encuentren el libro idóneo. Como ejemplo, su producto Fiction Express (de 6 a 12 años), una solución digital para colegios que permite aprender inglés a través de la creación conjunta de historias que se publican semanalmente.

Tomado de ww.elpais.com

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