LECTURA: Tecnócratas del Opus Dei

En 1957, el General Franco nombra a Alberto Ullastres Ministro de Comercio, y a Mariano Navarro Rubio, de Hacienda. Los dos son miembros del Opus Dei, y llegan al Gobierno de España tras muy diversas carreras profesionales. Su carácter personal y su modo de entender la acción política son notoriamente diversos: basta leer las Memorias de Navarro Rubio para entender sus discrepancias, incluso en asuntos en que aparentemente trabajaban de acuerdo, como el Plan de estabilización de 1959.

Muy distinto es también Laureano López Rodó, inmediato colaborar entonces del almirante Carrero Blanco: catedrático de Derecho administrativo, promotor años después de los planes de desarrollo económico, ha sido presentado como el prototipo de tecnócrata, pero su libro “La larga marcha hacia la monarquía”, así como los varios volúmenes de sus Memorias muestran la insuficiente fundamentación del estereotipo.

Esas tres personas, miembros del Opus Dei, sólo coincidían políticamente en su franquismo: en su deseo de sacar a España de un evidente retraso económico y social. Y en esto coincidieron también con una gran mayoría del pueblo español, agotado tras la terrible guerra civil del 36-39 y la durísima postguerra (ese cansancio puede ser una de las explicaciones, entre otras, del conformismo ante la Dictadura, pero también, luego, de la pacífica transición a la democracia).

La oposición interior al franquismo se estaba larvando entonces, pero aún resulta exigua en términos sociológicos. No obstante, también hubo otros miembros del Opus Dei -siempre sobre la base de que eran y son poquísimos los que intervienen activamente en política- que militaban por ese tiempo contra el franquismo: la mayor parte estaban aún en las Universidades, pero también se pueden mencionar nombres como Rafael Calvo Serer -destituido en 1953 del CSIC a raíz de la publicación en París de un artículo crítico sobre la política cultural del Estado- o Antonio Fontán, que protagonizará la aventura del Diario Madrid, clausurado por el Gobierno de Franco en 1971.

A pesar de la evidente realidad, se creó cierto estereotipo en torno a la frase tecnócratas del Opus Dei; en verdad, ni todos eran del Opus Dei, ni tampoco tecnócratas. Pero en un Régimen sin libertad de prensa y con la insólita legitimidad política de la victoria en guerra civil, todo rumor podía ser verosímil: cuando más infundado, más verosímil. Y, en las luchas por el poder en los aledaños de Franco, el grupo más poderoso ‑el que funcionaba en torno al llamado Movimiento Nacional, a los Sindicatos oficiales únicos, a los medios de comunicación oficiales- tuvo interés en luchar contra otros utilizando el arma de la vinculación al Opus Dei de algunos de sus representantes. Omitían lógicamente que también había miembros del Opus Dei en ese sector: así, Fernando Herrero Tejedor, que moriría en 1975 siendo Ministro del Movimiento. Todos decidían con libertad, pues nunca la Jerarquía católica había dicho nada en contra de la colaboración con Franco y las instituciones del franquismo (más bien, al revés, al menos hasta los años setenta). En el fondo, era un intento de chantajear a los Directores del Opus Dei, que sufría la abundancia de las críticas y murmuraciones: incluso, alguno tenía la desfachatez de sugerir en conversaciones privadas que cesarían en sus campañas denigratorias si los Directores decían a los miembros del Opus Dei que abandonasen la política o se plegasen a los intereses del Partido único. Los Directores del Opus Dei -en Roma como en Madrid- prefirieron sufrir la injusticia a cometerla: pues terrible delito habría sido privar a un miembro de la Obra de su libertad ciudadana. (Algo semejante sucedería después, cuando algunos pretendieron que la jerarquía interna apoyase el proyecto de constituir un partido democristiano fuerte, para el post-franquismo. También entonces, aun a riesgo de no leves incomprensiones, la respuesta sólo pudo ser la libertad de los miembros).

Al intentar comprender qué sucedía en España durante los años setenta, buena parte del problema sigue radicando en la dificultad de penetrar en los entresijos de un Régimen tan peculiar como el de Franco. ¿Cómo era la lucha por el poder? ¿Quiénes llegaban a formar parte del Gobierno? ¿Qué tendencias trataba de aunar el General Franco en la composición de sus gabinetes? Rafael Gómez Pérez, en su estudio “El franquismo y la Iglesia” (Madrid, 1986), ofrece un intento de clasificación de los Ministros de Franco (1938-1975), que, aunque discutible, puede servir para situar a los que eran miembros del Opus Dei:

Militares: 31 (ninguno del Opus Dei, pues no lo fue, entre otros, el Almirante Carrero Blanco).

Falangistas: 27 (1: Fernando Herrero Tejedor).

Monárquicos: 9 (0).

Grupo Herrera: 10 (0, pues tampoco era miembro del Opus Dei Alfredo Sánchez Bella; la confusión podría basarse en que un hermano, Florencio, fue muchos años Vicario regional del Opus Dei en España; otro, Ismael, primer rector de la Universidad de Navarra).

Técnicos del equipo Carrero: 15 (4: Espinosa, García-Moncó, López Rodó, Mortes).

Técnicos del equipo Arias Navarro: 7 (0).

Personalidades aisladas: 19 (3: López-Bravo, Navarro-Rubio, Ullastres).

Aunque sea una simplificación, se puede afirmar que la política, en el Opus Dei, es cuantitativamente exigua, y cualitativamente irrelevante (no indiferente: se trata de un ámbito en el que toda persona debe vivir la justicia y las demás virtudes humanas, como en cualquier otro).

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3 Respuestas

  1. Asier Rodríguez González dice:

    Interesante lectura, pero ¿cuál es realmente la trascendencia de que si los “tecnócratas” pertenecieron o no a Opus Dei?

  2. Mitxel dice:

    En un primer momento por el cambio político que supuso por cuanto hasta el momento fueron miembros de Falange (ideólogos de tendencias fascistas)los responsables de la economía. Los nombrados (además de bien preparados), siendo fieles al franquismo, se centrarán en mejorar la economía. Importante será este cambio porque en los primeros años setenta (“Caso Matesa”) la ya muy caduda Falange devolverá la pelota al Opus y acabará con su estancia en el gobierno.

  3. Asier Rodríguez González dice:

    Muchas gracias por la explicación, Mitxel. Pero entonces, basándome en lo que me acabas de explicar, no va más allá de ser un conflicto entre varias personas. Es decir, cuando quienes ocupaban los ministerios eran de Falange, éstos fueron sustituidos por Franco para conceder dichos cargos a gente que era de Opus Dei. Bien, pero entonces la gente a la que le habían quitado el cargo debería haber arremetido con la gente que había puesto Franco simplemente. Entonces ahora mi pregunta es: ¿Por qué de una “disputa” individual hay que generar un desacuerdo general a nivel institucional?
    Porque eso que aconteció es como si yo ahora tengo un desencuentro contigo, Mitxel, y como tú eres un Padre Paúl, ¿qué pasa, que toda mi familia y yo tenemos que ponernos en contra de todos los Padres Paúles? No lo entiendo.

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