LECTURA: El día que el Rey de los belgas no reinó

Han pasado 30 años, pero en Bélgica todo el mundo recuerda las 36 horas en las que el rey Balduino I renunció temporalmente al trono para no tener que firmar la primera ley que despenalizaba el aborto en el país en ciertos casos.

Católico practicante y hombre de profundas convicciones religiosas, el Rey de los belgas invocó razones de conciencia para negarse a sancionar con su firma un texto legal que había recibido el visto bueno de la Cámara de Representantes y del Senado. Acogiéndose al artículo 82 de la Constitución belga, que estipula la sustitución en la Jefatura del Estado en caso de imposibilidad temporal del soberano para reinar, Balduino renunció a sus poderes constitucionales de forma temporal. Y así la ley del aborto pudo entrar en vigor, aunque sin su firma.

En la carta en la que el monarca informó al primer ministro de su decisión, pidió que se le reconociera su derecho a la libertad de conciencia. «¿Sería normal que yo sea el único ciudadano belga al que se le obliga a ir en contra de su conciencia en un asunto esencial?», «¿la libertad de conciencia existe para todos menos para el rey?», se preguntaba Balduino en esa misiva enviada al socialcristiano flamenco Wilfried Martens.

«La decisión real provocó inquietud y momentos de extrema tensión en el castillo de Stuyvenberg» donde el primer ministro «trató de mediar, de apaciguar y buscar consenso entre los líderes de la oposición, las personalidades más influyentes del país y poner concordia entre sus propios ministros en medio de llamadas telefónicas al Rey, rápidas y continuadas visitas a Palacio y dos consejos extraordinarios de ministros en la madrugada», detalló Jesús Fonseca en ABC.

Firme en su postura, el monarca pidió al Gobierno y al Parlamento que buscaran una solución jurídica que conciliara su derecho a no sancionar nada que fuera en contra de su conciencia y al mismo tiempo salvaguardara el normal funcionamiento de las instituciones democráticas belgas. Tras numerosas consultas, se le propuso a Balduino que renunciara temporalmente al trono y dejara de ser Rey durante unas horas para que sus poderes constitucionales recayeran en el Gobierno y en este tiempo la ley del aborto saliera adelante.

La solución obtuvo el respaldo real y el Consejo de Ministros, tras constatar la imposibilidad de reinar de Balduino y asumir sus poderes «en nombre del pueblo belga y bajo su responsabilidad», sancionó el texto que despenalizaba el aborto antes del final de la decimosegunda semana de embarazo siempre que la madre alegara encontrarse en «estado de necesidad». El aborto solo podría ser practicado si existía un grave peligro para la salud de la madre o si era seguro que el niño iba a nacer con un problema grave e incurable. La norma, denominada «Lallemand-Michielsens» por los dos diputados que la redactaron, no reconocía el supuesto de violación y estipulaba una cláusula de conciencia a la que podían acogerse los médicos y enfermeros para no practicar un aborto.

El rey Balduino, que se refería con frecuencia a los «derechos del no nacido» y siempre mostró su rechazo a esta ley, contó con el apoyo incondicional de su esposa, Fabiola de Mora y Aragón, y de la mayoría de los belgas, según las encuestas realizadas. «La decisión del rey no molesta a nadie. A fin de cuentas la ley sobre el aborto ha sido aprobada y ya está en vigor y, en cualquier caso, es igual porque no por eso el rey va a dejar de ser mi rey», afirmaba la joven Annick Sas, una de tantas interrogadas durante esos días sobre la «cuestión real».

Su gesto también fue aplaudido por el Vaticano que, en un editorial de «L’Osservatore Romano», alabó ese «testimonio insólito» con el que Balduino había dado a la nación «un inequívoco punto de referencia de valores».

Sesión conjunta en el Parlamento

Día y medio después de su renuncia al trono, el Rey recuperó la corona tras una sesión conjunta de las dos Cámaras del Parlamento, transmitida en directo a todo el país por la radio y la televisión belgas. Diputados y senadores aprobaron por 245 votos a favor y 93 abstenciones el final de ese insólito periodo de «incapacidad de reinar». Ningún miembro de la Cámara de Representantes ni del Senado se opuso a que Balduino recobrara sus responsabilidades, pese al tenso debate que suscitó su decisión.

Eurodiputados socialistas reclamaron la abdicación del Rey, cuestionando «su propia función de soberano de los belgas», y algunos miembros de la coalición de centro izquierda que gobernaba el país le acusaron de «irresponsabilidad política» y de haber provocado con su actitud una «innecesaria crisis constitucional».

El primer ministro zanjó la polémica asegurando en televisión que la monarquía belga «es una institución que va más allá del debate político ocasional».

Tomado de www.abc.es

 

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