LECTURA: La vida en la Prehistoria

I.- LA VIDA EN EL PALEOLíTICO

La lucha por la supervivencia fue, en los tiempos paleolí­ticos, una lucha del ser humano con el medio natural y con sus competidores de otras especies animales. Como la vida era muy dura, sólo una minorí­a de seres humanos cumplirí­a los 40 años de vida y los que llegaran a esa edad seguramente tendrí­an una vejez difí­cil, aquejados de dolores de artritis, reumatismo, escorbuto, y amenazados de muerte con cada hueso roto o muela infectada.

La supervivencia de la humanidad durante el Paleolí­tico se logró en gran medida a la vida comunitaria, su ingenio, sus descubrimientos técnicos y la capacidad social que desarrolló para comunicar y guardar la memoria de su cultura.

La alimentación del hombre prehistórico dependí­a básicamente de la recolección de plantas, tubérculos y otros vegetales, así­ como de la ingestión de insectos, huevecillos de insectos y animales pequeños. Los primeros seres humanos cazaban presas pequeñas, pero con el desarrollo de la vida comunitaria y la tecnologí­a de caza, el Homo erectus pudo convertirse en un depredador de manadas de animales salvajes o grandes, como el mamut y el bisonte, o de peces una vez que inventó redes. El hombre prehistórico no mantení­a una dieta equilibrada y en muchos casos su alimento consistí­a en carne en estado de semiputrefacción.

Los grupos u hordas de esta época vivieron generalmente en cuevas que los protegí­an del frí­o y la humedad. Estos lugares también serví­an como lugar de enterramiento y de cultos y ritos. La aparición del arte rupestre convierte a la cueva en un santuario, que la convierte en el centro del universo familiar. Las cuevas tení­an áreas de actividades bien definidas: lugar para encender la hoguera, talleres para el trabajo de piedra, hueso, madera, etc., áreas sagradas para las ceremonias, el culto y la magia, piletas naturales para el agua. En el exterior, habí­a zonas para trabajar y secar pieles, áreas de descuartizamiento, fuegos de protección nocturna y chozas de estación cálida.

Los arqueólogos también han encontrado restos de cabañas que se usaban como vivienda. Hubo de varios tipos, construidas con diversos materiales: huesos, pieles, paja, etc. Los grupos humanos generalmente se asentaban en ciertos lugares donde abundaba la comida, como zonas fértiles y donde viví­an los animales de gran tamaño. Algunos de estos asentamientos fueron ocupados durante miles y miles de años.

En esta etapa comenzó una diferenciación de labores entre hombres y mujeres. Como las crí­as humanas necesitan los cuidados maternos hasta mucho después del nacimiento, las madres humanas estaban mucho más atadas que las de las mayorí­a de los primates, y los padres cargaron con la tarea de obtener el alimento cazando animales, una actividad prolongada y ardua que no realizaban las hembras porque tení­an que cuidar a las crí­as.

2.- LA VIDA EN EL NEOLíTICO

Cambios climáticos

En la época en la cual se manifiesta la revolución neolí­tica, cuando la agricultura se hace perceptible por primera vez, el norte de ífrica y el Cercano Oriente gozaban de una época de lluvias y crecí­an árboles en regiones ahora desprovistas de ellos. Al mismo tiempo, en Europa, los bosques habí­an sustituí­do a las tundras y a las estepas de la Edad de Hielo.

Durante el perí­odo neolí­tico ocurrió una crisis climática. Las tormentas que humedecí­an el norte de ífrica y Arabia se desviaron hacia Europa. En su lugar se inició la desecación en esas zonas.

 

Piedra pulimentada

El término Neolí­tico significa “piedra nueva”, con lo cual se hace referencia a la nueva técnica que se utilizó en este periodo: pulir la piedra para obtener mayor filo de ella. La piedra pulimentada produjo mejores utensilios que aquellos de las piedras labradas toscamente del Paleolí­tico. Además, este tratamiento a la piedra hizo más eficiente el uso de flechas y otras armas que utilizaron los seres humanos del Neolí­tico.

Agricultura

En el transcurso del inmenso perí­odo del Paleolí­tico, los únicos métodos practicados por el ser humano para asegurar su subsistencia fueron la recolección y la caza. Pero apenas terminada la Edad de Hielo, la actitud de algunas comunidades humanas hacia su medio ambiente sufrió un cambio radical.

Durante el periodo neolí­tico se dio la primera revolución que transformó la economí­a humana: el control del ser humano sobre su propio abastecimiento de alimentos. Los humanos comenzaron a sembrar, a cultivar y a mejorar por selección algunas hierbas, raí­ces y arbustos comestibles. También lograron domesticar y criar ciertas especies de animales.

La recolección dio lugar a la agricultura. La experiencia enseñó a las mujeres, que fueron las principales recolectoras, la conveniencia de arrojar algunos granos al suelo para que allí­ se reproduzcan. Después se descubrió la utilidad de arrancar o cortar las demás plantas y de depositar los granos en la tierra. Durante mucho tiempo, el agricultor contó únicamente con la estaca y la azada como instrumentos de apoyo tecnológico.

Los primeros cultivos fueron de cereales: el trigo, la cebada y el centeno en Europa, el mijo en ífrica, el arroz en la India y China. El trigo y la cebada, dos formas domesticadas de hierbas silvestres, fueron los dos cultivos que fueron el fundamento de la economí­a durante el neolí­tico. Estos dos cereales constituyen un alimento nutritivo, se les puede almacenar con facilidad, su rendimiento es relativamente elevado, y se les cultiva con cierta facilidad.

Además, durante los lapsos de siembra y cosecha, el cultivador de grano puede dedicarse a otras ocupaciones.

Sin embargo, no debe confundirse la adopción de la agricultura con la adopción de una vida sedentaria. Además, la producción de alimentos tampoco desalojó completamente a la recolección de alimentos.

 

Domesticación de animales

Los cazadores de los tiempos prehistóricos, estuvieron acostumbrados a acercarse a algunos cachorros de los animales salvajes, con propósitos rituales o por simple diversión. Desde la prehistoria, el hombre ha permitido al perro frecuentar su vivienda, recompensándolo con los desperdicios de su cacerí­a y con los desechos de sus comidas.

En las condiciones de desecación climática del Neolí­tico, el agricultor tuvo oportunidad de agregar a su familia no sólo cachorros aislados, sino los restos de rebaños o manadas completas, comprendiendo animales de ambos sexos y todas las edades. Se dio cuenta entonces de la ventaja de tener un grupo de estos animales rondando en las cercaní­as de su vivienda, como una reserva de caza que podí­a usar con facilidad. De este modo, el ser humano conoció los beneficios de la domesticación de ciertos animales.

En adelante, debió imponerse restricciones y discriminaciones en el empleo de esta reserva de carne. Tuvo que abstenerse de espantar innecesariamente a las bestias o de sacrificar a las más tiernas. Pero también debió aprovechar las nuevas oportunidades para estudiar la vida de las bestias en forma más estrecha. Así­ aprendió los procesos de reproducción de los animales y sus necesidades de comida y de bebida.
En un principio las bestias mansas o domesticadas únicamente eran consideradas como una fuente potencial de abastecimiento de carne, como una caza fácilmente accesible. Más tarde se descubrieron otras maneras de servirse de ellas. Por ejemplo: el estiércol como fertilizante, el pelo de ovejas y cabras como lana, su uso para tiro y carga.

La crí­a de ganado dio al hombre control sobre su propio abastecimiento alimenticio, tal como lo hizo también la agricultura. Los varios modelos diferentes de cultivo se combinaron, en diversos grados, con distintas actitudes hacia la crí­a de ganado.
Los primeros animales domesticados no eran muy variados: perros, ganado vacuno, ovejas, cabras y cerdos. Más tarde se domesticó la gallina

 

Aumento de la población

Solamente después de la revolución neolí­tica fue cuando nuestra especie comenzó realmente a multiplicarse con toda rapidez. La introducción de una economí­a productora de alimentos afectó, como una revolución, a las vidas de todos los involucrados en ella lo bastante para reflejarse en la curva de la población.

Para incrementar la provisión de alimentos, sólo fue necesario sembrar más semillas, cultivando mayor extensión de tierras. Con más bocas para alimentar, también vinieron más brazos para trabajar los campos. Los niños se hicieron económicamente útiles porque podí­an ayudar a deshierbar los campos, y a espantar los pájaros u otros animales destructores. Además podí­an cuidar a las ovejas y vacas.

Prácticamente en todos los más antiguos poblados productores de alimentos de los examinados por los arqueólogos en Europa, el Cercano Oriente y el norte de ífrica, la industria básica era la agricultura mixta; además del cultivo de cereales, criaban animales para emplearlos como alimento.

 

Excedente de producción

La producción de alimentos, aún en su forma más simple, proporcionó una oportunidad para la acumulación de un sobrante. El rendimiento de los cultivos y de los rebaños pronto superó las necesidades inmediatas de la población. Así­ se inició el almacenamiento de grano y el conservación del ganado.

El sobrante ayudará a las comunidades a superar las dificultades en las malas épocas, formando una reserva para los periodos de sequí­a y de pérdida de cosechas. Servirá como apoyo para el crecimiento de la población. Finalmente, puede constituir una base para el comercio rudimentario que se dará más adelante.

Alfarerí­a e industria textil

Una caracterí­stica de las comunidades neolí­ticas fue la fabricación de ollas de arcilla. Esta nueva industria tuvo importancia para el pensamiento humano y para el comienzo de la ciencia. La fabricación de objetos de alfarerí­a es, tal vez, la primera utilización consciente de una transformación quí­mica. Su realización, aún en su forma más simple, implicaba la apreciación de varios procesos distintos y la aplicación de todo un conjunto de descubrimientos.

A su vez, el arte de la alfarerí­a era el ejemplo supremo de creación por parte del ser humano, lo cual provocó una serie de postulados de tipo filosófico. ¿cómo puede producirse una forma donde ésta no existe?

Por otro lado, las vasijas permitieron almacenar alimentos y hacer viajes más largos con provisiones de comida y bebida.

Entre las ruinas de las poblaciones neolí­ticas primitivas de Egipto y del Cercano Oriente se encontraron los primeros indicios de la industria textil.

Prendas de vestir fabricadas con tejidos de lino, y después de lana, empiezan a competir con los vestidos de piel o las faldas de hojas, en la protección contra el frí­o y el sol. Para que esto fuera posible, se necesitó otra serie de descubrimientos e invenciones y debió aplicarse en la práctica un conjunto de conocimientos cientí­ficos.

La industria textil no sólo requirió el conocimiento de materiales especiales, como el lino, el algodón y la lana, sino también la crí­a de determinados animales y el cultivo de plantas especí­ficas. Desde el periódo neolí­tico se inventó uno de los grandes triunfos del ingenio humano: el telar, una pieza de maquinaria muy complicada y fundamental para tejer.

Tecnologí­a y metalurgia

Entre los años 6 mil y 3 mil antes de nuestra era, el ser humano aprendió a aprovechar la fuerza del toro y la del viento, invento el arado, la cerámica, el telar, los textiles, el horno rudimentario, la cesterí­a, el molino de grano, el carro de ruedas y el bote de vela; descubrió los procesos quí­micos necesarios para usar los minerales de cobre y las propiedades fí­sicas de los metales, empezó a elaborar un calendario solar preciso.

Hacia el final del Neolí­tico, el ser humano desarrolló una tecnologí­a más compleja y aprendió a fabricar instrumentos con materiales más resistentes, como los metales. Alrededor del año 6 mil a. de N. E., el ser humano usaba metales como el oro y el cobre, para hacer adornos. Hacia el año 4 mil se descubrió el cobre aplicado en otro tipo de objetos, como cuchillos, flechas y agujas. El cobre ofrecí­a grandes ventajas porque era moldeable, duradero y se le podí­a sacar filo. Asimismo, era posible fundirlo e introducirlo en moldes para producir armas y herramientas.

El bronce, aleación de cobre y estaño, comenzó a utilizarse alrededor del año 3 500 a. de N.E. El uso del hierro se inició cerca del año 1400 a. de N. E.

Autosuficiencia e intercambio cultural y económico

La comunidad neolí­tica producí­a y recogí­a todo el alimento que necesitaba, era autosuficiente. Pero los poblados no se encontraban necesariamente aislados.
El mundo neolí­tico se formaba de una cadena continua de comunidades. Cada una de ellas estaba enlazada a todos sus vecinos por contactos recurrentes, así­ fueran poco frecuentes e irregulares.

El escaso intercambio que hubo entre las comunidades neolí­ticas fue de vital importancia para el progreso humano. A través del intercambio las ideas de una sociedad pudieron llegar a otras, se pudieron comparar los materiales extranjeros y se pudo difundir la cultura.

 

Creencias mágico-religiosas y astronomí­a

Parece que los enterramientos, cuyo origen se remonta a la edad paleolí­tica, debe haber adquirido una significación más profunda en la edad neolí­tica. En general, los muertos eran sepultados cuidadosamente en tumbas edificadas o excavadas, ya se agrupadas en cementerios próximos a los poblados o cavadas cerca de las casas individuales.
Esta práctica denota una actitud hacia los espí­ritus de los muertos. La tierra donde reposan los antepasados se consideraba como el suelo del cual debí­a brotar cada año, mágicamente, el sustento alimenticio de la comunidad. Los espí­ritus de los antepasados se consideraban como cooperadores en la germinación de las plantas cultivadas.

En el periodo neolí­tico cobró capital importancia el culto a la fertilidad. En varios poblados de esa época se han encontrado figurillas modeladas en arcilla conocidas como “diosas de la fecundidad”. Estas se enterraban en los campos de cultivo para propiciar las buenas cosechas.

Las creencias sobrenaturales se modifican al pasar los pueblos de recolectores a agricultores y ganaderos. Se adoran fuerzas naturales relacionadas con el cultivo de la tierra, como son las plantas, la lluvia, el sol y las estrellas. En el culto hay sacrificios humanos verdaderos o figurados, que simbolizan en muchas ocasiones la muerte (siembra) del grano y su resurrección (la planta que nace de la semilla).

La revolución tecnológica se dio en forma paralela a una búsqueda del conocimiento de la Naturaleza, lo que condujo al nacimiento de las primeras ciencias. Una de ellas fue la astronomí­a, indispensable para determinar las estaciones y los ciclos agrí­colas; otra fue la matemática, necesaria para contabilizar la producción.

Los pueblos agricultores elaboraron calendarios, para conocer las épocas propicias a la preparación de los campos. Por ello tienen que hacerse astrónomos.

 

Transformaciones sociales

A lo largo de los siglos, con el proceso de transformación de la sociedad recolectora en productora las comunidades se vuelven fundamentalmente sedentarias y se produce una mayor división del trabajo entre los seres humanos.

La organización familiar se transforma profundamente. En el Neolí­tico predomina la tribu, constituí­a por varios “clanes” o “gens”, que son o se consideran descendientes de una misma madre, lo que revela una posición muy fuerte de la mujer.

Paulatinamente, los clanes de las aldeas fueron especializándose en diferentes áreas de la producción: algunos se dedicaron a la agricultura, otros al pastoreo y otros a la cerámica o a los textiles. Al intercambio que se dio entre los distintos clanes para abastecerse de diferentes productos se le llama trueque y se le considera como el primer intercambio comercial.

Al adquirir gran importancia la ganaderí­a y también la agricultura que aprovecha el trabajo de animales, empieza el predominio del hombre. Hacia finales del Neolí­tico, la introducción de la esclavitud, relacionada con la guerra, actividad varonil, fortaleció también la posición del hombre en la sociedad. Para entonces, se considera de preferencia la descendencia la lí­nea paterna, o sea, los hijos permanecen en el clan del padre y éste llega a ser el jefe de la familia. Así­, a parece el “patriarcado”.

Hacia una revolución urbana

A partir de la revolución neolí­tica, las invenciones trascendentales parecen haberse sucedido con gran rapidez, comparado con el ritmo lento del milenio anterior. De este modo, se encontró en el camino del desarrollo de la vida urbana, la cual requiere de la escritura, del procedimiento de computar y de patrones fijos de medidas, como instrumentos de una nueva manera de transmitir el conocimiento y de ciencias exactas.

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