«Las colonias de verano dejan una huella educativa profunda”

Las colonias de verano brindan recuerdos imborrables, amistades y aprendizajes que no se adquieren dentro de un aula. Además de suponer un cierto respiro en un verano asfixiante. Pero no todas las familias pueden permitirse que sus hijos pasen unos días fuera de casa. Por eso, el programa CaixaProinfancia de la Fundación La Caixa impulsa campamentos y casales para más de 30.000 niños, niñas y adolescentes vulnerables en toda España. Una iniciativa que llevan a cabo de la mano de entidades sociales como la Fundació Marianao, de Sant Boi de Llobregat.

-¿Las colonias de verano son algo más que unos días de diversión fuera de casa?

-Sin duda, porque tienen un gran potencial educativo y contribuyen al desarrollo integral de la persona. En primer lugar, tienen un impacto muy importante en la salud, sobre todo para los hijos de familias vulnerables que están más expuestos al sedentarismo y cierto aislamiento social. Además, se desarrollan conocimientos de muchos tipos y, sobre todo, ofrecen un entorno privilegiado para trabajar competencias sociales como la cooperación, la responsabilidad, el trabajo en equipo o la convivencia.

-¿Qué aspectos educativos menos habituales pueden trabajar?

– Buscamos que conozcan a personas nuevas, salgan de su círculo habitual y establezcan nuevas relaciones, tanto con sus compañeros como con los adultos de referencia. Aparte, el  propio funcionamiento del grupo ya es una experiencia educativa. Los niños participan activamente en la organización del día a día y esto genera una cultura de corresponsabilidad muy importante. También incorporamos experiencias relacionadas con el lenguaje, la creatividad o la expresión artística. Se trata de aprender a partir de experiencias significativas, porque así es dejan una huella mucho más profunda.

-¿Puede cambiar el comportamiento de un niño al sacarlo de su contexto habitual, sobre todo si es complejo?

-Muchas veces, el contexto determina en gran medida el comportamiento, de modo que un mismo menor puede reaccionar de una manera en la escuela y de otra diferente en un espacio de ocio educativo. El  fracaso escolar no se produce necesariamente porque no tengan capacidades, sino porque el contexto no les ha permitido mostrarlas. En cambio, cuando les ofreces otra oportunidad educativa, otro entorno y otra manera de relacionarse, muchas veces descubres a niños que funcionan de una forma completamente diferente.

-¿Es una experiencia reveladora para el propio joven?

-Un niño que acumula experiencias negativas en la escuela, acaba desarrollando una baja autoestima y una falta de motivación que dificultan mucho cualquier proceso de aprendizaje. En cambio, cuando llega a un entorno nuevo donde puede desarrollar otras competencias personales y sociales, sucede algo muy diferente. Es un espacio en el que puede construir otra imagen de sí mismo.

-¿Qué aprenden ustedes como educadores?

—Las colonias nos permiten observar a los niños desde una perspectiva completamente diferente. Hay aspectos de su personalidad que quizá no aparecen ni en la escuela, ni en una entrevista con la familia, ni en una reunión con servicios sociales. En cambio, en un contexto de convivencia continuada sí que emergen. Para nosotros es una fuente de aprendizaje muy importante, porque nos ayuda a entender mejor a cada niño. Además, claro, debemos estar muy conectados con sus intereses, sus referentes y sus motivaciones, porque ahora cambia muy rápidamente. Si mencionamos según qué películas o canciones, ¡nos miran con cara de no saber de qué estamos hablando!

Tomado de www. https://www.elperiodico.com/

 

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