DÍA 14: San Valentín: una historia con trasfondo militar que acabó en lapidación y decapitación

La leyenda más difundida o teoría más aceptada sobre el origen de San Valentín –el famoso día de los enamorados que se celebra mañana 14 de febrero– no tiene ni mucho menos un final feliz. Es una historia de encierro, martirio y muerte que tuvo lugar en la Roma del siglo III, cuando el cristianismo se expandía rápidamente por el Imperio romano, sin que sus dirigentes pudieran hacer nada para impedirlo.

Gobernaba en ese momento Claudio II Gótico (214-270 d.C.), que había llegado al trono, en septiembre o en octubre de 268, tras la muerte del emperador Galieno como resultado de una conspiración. Una de las medidas que impuso este emperador fue prohibir el matrimonio a sus soldados, en un momento de gravísima crisis que afectó profundamente a las relaciones económicas, sociales y políticas del Imperio, bajo la amenaza añadida de los alamanes, los godos y los galos.

Fue una etapa de inestabilidad que se plasmó en una gran cantidad de reinados breves, como el de Claudio, que apenas estuvo dos años en el poder, hasta su muerte en Sirmium a causa de una epidemia de peste o viruela (no está muy claro), mientras combatía a los vándalos. Bajo su mando, la legión romana bajo el mando tuvo que encarar todas estas amenazas y quería a su ejército al cien por cien. Por eso no se le ocurrió otra cosa que prohibir el matrimonio a sus soldados, bajo el pretexto de que, si estaban casados, pecaban de conservadores en el campo de batalla. El emperador creía, en aquellos momentos de acoso de las tribus germánicas, que los solteros eran más aguerridos y valientes, más dispuestos a jugarse la vida porque no estaban emocionalmente ligados a sus familias. Algo que no podía permitir con las fronteras continuamente acosadas.

Contra los bienes cristianos

En estas circunstancias es cuando surge la figura de Valentín, obispo en Terni (Italia) en una época en la que la prohibición contra las actividades de los cristianos se relajó levemente. Menos de una década antes, durante el reinado de Valeriano entre 253 y 260, se había originado una dura, cruenta e imprevista persecución contra ellos. Pero fue una cuestión recaudatoria más que religiosa, causada por la precaria situación económica del Imperio. Para intentar revertirla, el emperador ordenó secuestrar los bienes de los cristianos más ricos y asesino a algunos mártires ilustres como el obispo Cipriano, el papa Sixto II y el diácono Lorenzo.

Cuando Valeriano murió en el 260, tras caer prisionero de los persas y ser convertido en esclavo, se inauguró una época de paz que se prolongó durante cuarenta años, en la que se favoreció el desarrollo interno y externo de la Iglesia. De hecho, varios cristianos subieron a altos cargos del Estado y se mostraron hombres capaces y honestos. Pero entonces Claudio II prohíbe el matrimonio de los soldados y aparece Valentín, el sacerdote que, ante tal injusticia, decide comenzar a casarlos a escondidas bajo el ritual cristiano. Quizá pensó que no tendría muchos problemas, teniendo en cuenta la época de aceptación y permisividad que se había iniciado. Muchos acudieron a él, convencidos de no debían cumplir la orden del emperador.

Valentín adquirió gran prestigio en toda la ciudad, hasta que llamó la atención de Claudio II, que le hizo llamar para conocerle. El sacerdote aprovechó aquella visita para hacer propaganda de la fe cristiana e intentar convencer al soberano romano de que siguiera los pasos de Jesús. Y tuvo éxito, porque al principio consiguió que se sintiera atraído por aquella religión que la mayoría de los romanos e instituciones repudiaban. Pero alertados porque aquellas ideas calaran en él, el propio Gobernador de Roma y los altos mandos del ejército organizaron una campaña de acoso contra Valentín, con el objetivo de presionar al soberano.

El emperador Claudio terminó cambiando de opinión y ordenó que el sacerdote fuera detenido. El encargado de darle caza fue Asterius. Una vez entre rejas, este oficial quiso dejarle en ridículo y le puso a prueba. Le retó a que devolviese la vista a una de sus hijas, Julia, que había nacido ciega. Valentín aceptó y obró el milagro en nombre de Jesús. Asterius y su familia se quedaron tan impresionados que se convirtieron al cristianismo, corriendo el riesgo que eso suponía.

Enamorada de su alumno

Mientras estuvo encerrado, el oficial le pidió al obispo de Terni que le diera clases a su hija Julia, con la vista recién recuperada. Estuvieron muchos días juntos durante aquel aprendizaje, hasta el punto de que Valentín se enamoró de la muchacha. Pero el juicio siguió adelante y el final no fue precisamente bueno. El sacerdote fue condenado a muerte, lapidado y decapitado el 14 de febrero del 269. La víspera de su ejecución, le envió una nota de despedida a la chica firmada con las palabras «de tu Valentín». Se cree que ese sería el origen de la expresión anglosajona «From Your Valentine» (de tu Valentín) que aparece al final de las cartas de amor y poemas que se envían los enamorados en la actualidad.

«Se cree que fue enterrado en la Vía Flaminia, a las afueras de Roma, lo que hizo que durante la Edad Media la Puerta Flaminia fuese conocida como Puerta de San Valentín», explica Jesús Hernández en su libro «¡Es la guerra!». Pero actualmente, el cuerpo de San Valentín se conserva en la Basílica de su mismo nombre en Terni. La fecha para la celebración del día de los enamorados el 14 de febrero, sin embargo, no se estableció hasta más de dos siglos después. En concreto, entre el 496 y el 498, cuando el Papa Gelasio decidió honrar su muerte.

El Pontífice lo hizo también para acabar con una curiosa fiesta pagana que se celebraba desde hace siglos, derivada de los ritos en honor del dios de la fertilidad: Lupercus. Esta se celebraba el día 15 de febrero y consistía en un sorteo mediante el cual cada chico escogía el nombre de una joven, la cual se convertía en su compañera sexual durante un año. La Santa Sede quiso acabar con esta celebración pagana y canonizó a San Valentín como patrón de los enamorados.

A partir de ahí, San Valentín se celebró durante mil quinientos años, hasta que la Iglesia Católica, consciente de las dudas que existían sobre la veracidad de historia del obispo, acabó con ella de manera oficial en 1969. Y resucitó después por obra del comercio.

Tomado de www.abc.es

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