El Cristo escayolado del despacho de Macarena Olona

¿Qué le pasa al Cristo escayolado de Macarena Olona? Todo el que pasa por el despacho de la secretaria general del Grupo Vox en el Congreso pregunta por él. Custodiado por la enseña nacional y una maceta de orquídeas a modo de ofrenda, se lleva las miradas, muchas en forma de plegaria, de aquellos que, tal vez, esperan un milagro en estos tiempos políticos.

Pero el Cristo escayolado es un Cristo de despacho oficial, de aquellos de cuando en España había uno en cada lugar. Es de escayola, de los baratos del tiempo y ahora, además de crucificado, tiene un brazo en cabestrillo. La propia Olona ha compartido en su cuenta de Twitter la narración de “una persona extraordinaria” sobre la historia de este Jesús crucificado.

Cuenta que un día estuvo colgado en una de esas paredes blancas por las que se paraban las miradas de aquellos que regentaron el mismo cubículo, miradas de gente “importante”, pero pasaba desapercibido, “para la mayoría era parte de la pared”. Pero llegó Olona, y se dio cuenta de que estaba “allí”. Le miraba de vez en cuando, le buscaba con sus ojos, y poco a poco “entabló una relación silenciosa, de miradas y pensamientos” que solo ella escuchaba; “soledades compartidas, minucioso trabajo ingratamente considerado” que la hoy diputada de Vox ofrendaba día y “muchas veces noches” a la causa de la justicia.

“Rescate”

Un día Olona, le miró, tal vez a modo de despedida, mientras recogía las cosas de aquel despacho que abandonaba: había llegado una nueva inquilina a él. Según cuenta, quien conoce la historia de este Cristo, la nueva ocupante del despacho le miró, le despreció y le retiró de la pared, arrojándolo a la papelera. Para ello, “invocó la Ley suprema del Estado para justificar su condena”, fue “ajusticiado, una vez más, en nombre de la legalidad”. Pero Macarena Olona, volvió al que fue su despacho y le vio arrancado de la pared, en el lugar de lo descartado y lo rescató. La nueva ocupante la miró con “perplejidad” y justificaba su decisión. La hoy diputada de Vox, cumplidora de la legalidad, pidió su custodia.

Desde entonces el Cristo va con Olona a todas partes. En la última mudanza, al despacho del Congreso, se le rompió el brazo, el que desde entonces tiene “enyesado” y es el que le recuerda “que ahora tiene que ser sus dedos para señalar las injusticias, sus manos para defender a los vulnerables, sus brazos para sostener a los que sufren” y, sobre todo, para que nunca olvide “que no camina sola”; porque el Cristo, al que un día rescató entre las cosas descartadas, “está a su lado”.

Tomado de www.larazon.es

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