LECTURA: Don Juan de Borbón, 25 años sin el conde que fue enterrado como rey

Este domingo de Resurreción, 1 de abril, se cumplen 25 años de un acontecimiento que conmocionó al país: la muerte de Don Juan, conde de Barcelona. El padre de Don Juan Carlos falleció en la Clínica Universidad de Navarra dos meses antes de su 80 cumpleaños a consecuencia del cáncer de laringe que le diagnosticaron en el Memorial Hospital de Nueva York. Hijo y padre de rey, aunque nunca llegó a ostentar la Corona, era un símbolo para los monárquicos y gran parte de la oposición al franquismo que, tras la muerte de Franco, le consideraban el legítimo monarca frente a su hijo, al que reprochaban haber sido aupado al trono por el dictador.

Para conmemorar esta señalada fecha, según ha confirmado LOC en fuentes cercanas a la Familia Real, se celebrará una misa el martes 3 de abril, a las 12 de la mañana, en el Monasterio de El Escorial, en cuyo Panteón de Reyes reposan sus restos. Además de Don Juan Carlos y Doña Sofía, se espera que acudan los Reyes Felipe y Letizia, la Infanta Elena y sus hijos, las infantas Pilar y Margarita con sus familias y demás parientes Borbón. La duda es la Infanta Cristina que, a pocos días de que el Supremo decida sobre la entrada en prisión de Iñaki Urdangarin, puede ser la gran ausente.

Del entierro de Don Juan, que tuvo lugar el 7 de abril de 1993, ha pasado a la historia una imagen: la del Rey Juan Carlos llorando en el momento en que los restos de su padre fueron entregados al abad del Monasterio. Por deseo expreso de su hijo, se le adjudicó una tumba en el panteón de Reyes con la inscripción “Ioannes III, comes Barcinonae”. Ni el lugar, junto a sus antepasados reinantes, ni el nombre de Juan III, que hubiera ostentado de haber sido rey, le correspondían dinásticamente, pero la paradoja es que Don Juan Carlos, que segó sus esperanzas de recuperar el trono, le hizo pasar a la posteridad como monarca.

Relación complicada

Padre e hijo tuvieron una relación complicada, aunque compartían su obsesión común por España y por recuperar la Corona, ante lo cual los sentimientos quedaban relegados. Don Juan Carlos, con 10 años, por un acuerdo entre Franco y su padre, fue separado de su familia y enviado solo a educarse a España. “Fue entregado al enemigo”, reprocharon algunos monárquicos a Don Juan, que advirtió a su mujer, Doña María, que no llamara al niño para no hacérselo más difícil. Tampoco en ese trágico accidente ocurrido en Estoril en 1956 en que a Don Juan Carlos se le disparó una pistola provocando la muerte de su hermano pequeño, Alfonsito, Don Juan tuvo una sola palabra de consuelo hacia su primogénito, devastado por el dolor y la culpa. Aunque el momento de mayor tensión se produjo cuando el 19 de julio de 1969 Don Juan Carlos aceptó que Franco le nombrara sucesor a título de Rey, desplazando a su padre del trono por el que tanto había luchado.

Juan de Borbón y Battenberg, nacido en el palacio de La Granja el 20 de junio de 1913, era el tercer hijo varón del Rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Las renuncias del primogénito, Alfonso, hemofílico y encandilado con la plebeya cubana Edelmira Sampedro, y de Jaime, padre del duque de Cádiz, sordomudo, le convirtieron en depositario de los derechos al trono. Que su padre, el Rey Alfonso XIII, le trasmitió junto al título de conde de Barcelona en enero de 1941, un mes antes de morir en Roma, donde se exilió tras proclamarse la II República.

Contrajo matrimonio en 1935 con su prima, María de las Mercedes de Borbón y Orleans, del que nacieron cuatro hijos: Pilar, Juan Carlos, el futuro monarca; Alfonsito, fallecido con 14 años, y Margarita, ciega de nacimiento. En la Guerra Civil, Don Juan se posicionó inicialmente a favor del bando nacional que lideraba Franco. Pero, tras la contienda, inició su enfrentamiento con el dictador al reclamar el trono español.

Exiliado en Estoril, su aspiración de ser el rey de los españoles y de una monarquía de concordia para lograr la reconciliación eran un insulto para Franco y sus partidarios del bando vencedor, que le tildaban de “rojo” y “masón”. Lo que le descalificó para ocupar el trono, volviendo Franco la mirada hacia su hijo Juan Carlos, educado en España bajo su tutela. En esa difícil coyuntura, cuando ofreció a Don Juan Carlos sucederle como Rey, éste se vio entre la espada y la pared: si secundaba a su padre y lo rechazaba, Franco elegiría a otro candidato, seguramente al duque de Cádiz, casado con su nieta favorita, Carmen Martínez-Bordiú. Al aceptar, apartaba a su padre de la Corona, lo que Don Juan consideró una traición.

Curiosamente, ese 19 de julio el conde de Barcelona siguió por televisión en París, en casa de la familia Marianao, la proclamación en Cortes de su hijo como sucesor. Según testigos, se debatía entre su drama personal y sus sentimientos de padre: “Ha estado muy bien Juanito” aseguran que exclamó con lágrimas en los ojos. Como era de esperar, entre padre e hijo se produjo una ruptura, en la que Doña María, madre de Don Juan Carlos, intentó mediar sin éxito. Se prolongó incluso después de morir Franco, cuando el 22 de noviembre de 1975 Don Juan Carlos fue proclamado Rey.

La situación era compleja. Dado que Don Juan se negaba a cederle sus derechos dinásticos, en España convivían dos monarcas: el legítimo según las leyes monárquicas, y el nombrado por Franco. No fue hasta el 14 de mayo de 1977 cuando Don Juan cedió sus derechos en una ceremonia íntima celebrada en el palacio de la Zarzuela, en la que concluyó cuadrándose ante su hijo: “Majestad, todo por España”, le dijo.

Aseguran sus allegados que el conde de Barcelona hubiera deseado un acto más solemne en las Cortes o el Palacio Real, pero Zarzuela se negó para evitar polémicas. “Les hubiera gustado que renunciara por teléfono”, comentaba con amargura. Las aguas fueron volviendo a su cauce, y los condes de Barcelona regresaron del exilio, instalándose en 1987 en Villa Giralda, ese chalet de la madrileña urbanización Puerta de Hierro hoy demolido para construir adosados de lujo.

Aunque la relación con su hijo se normalizó, Don Juan, salvo el nombramiento de almirante honorario de la Armada y su ascenso a capitán general, nunca obtuvo ese reconocimiento institucional que creía merecer. Por eso prefería no asistir a actos oficiales. “¿Cómo voy a ir a un recepción de palacio por detrás de un subsecretario?”, se quejaba. La realidad es que si Don Juan fue una piedra en el zapato para Franco, tampoco resultaba cómodo en la Monarquía democrática instaurada por su hijo. Un sentimiento que hoy Don Juan Carlos entiende mejor que nunca desde su abdicación.

Recuerdo constante

No acudió a la proclamación de Don Felipe “para no hacerle sombra” y aunque mantuvo el título de Rey, se minimizó su agenda institucional para evitar que las polémicas del final de su reinado, como el caso Nóos o su amistad con Corinna, salpicaran a su hijo. Un alejamiento de escena que se convirtió en norma, según afirman en su entorno: “Zarzuela parecía decidida a borrar todo vestigio de su reinado, como si en vez de sucesión, se hubiera producido un cambio de dinastía”. Algo que se comprobó en junio pasado, cuando fue eliminado de la conmemoración de los 40 años de las primeras elecciones democráticas en el Congreso, provocándole un gran enfado que por primera vez no dudó en airear.

La baraja parecía rota, pero la proximidad de su 80 cumpleaños este 5 de enero, que su padre no llegó a cumplir, le hizo reflexionar. Realizó propósito de enmienda, limó tensiones con Doña Sofía y se acercó a su familia, sobre todo a Don Felipe. En contrapartida, la Casa Real transigió en tributarle este 2018 un homenaje por su 80 cumpleaños, junto con Doña Sofía, que los cumple en noviembre, que se ha traducido en un incremento de su presencia en actos institucionales. Zarzuela lo anunció en vísperas de una Navidad en que la memoria del conde de Barcelona estuvo más presente que nunca, pues Don Juan Carlos selló su acercamiento familiar rescatando una tradición de su padre: celebrar un multitudinario almuerzo con los parientes Borbones. Que repitió el 5 de enero por su 80 cumpleaños, ese emblemático aniversario que su padre, cada vez más presente en su memoria, se quedó a dos meses celebrar.

Tomado de www.wlmundo.com

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