EPIDEMIAS y ESPAÑOLES (I)

La corteza que combatió la fiebre extrema

José Celestino Mutis y Bosio (Cádiz, 1732) consagró su vida a la medicina, a la geografía, a la difusión de las ciencias útiles y al estudio de la flora y la fauna de Nueva Granada. Sin embargo, la mayor aportación a la ciencia terapéutica de este sacerdote se centró en el estudio de los aspectos botánicos, agrícolas, comerciales y médicos de la exótica droga llamada «quina» o «cascarilla». Este «oro verde», que se extraía de la corteza de una especie de árbol originario de América del Sur en la selva lluviosa de la Amazonia, fue introducido en Europa por los jesuitas españoles ya en el siglo XVII como poderoso febrífugo, del que se dijo que «fue para la medicina lo que la pólvora para la guerra».

En el mundo anglosajón, sin embargo, la quinaa fue durante mucho tiempo calificada de «corteza satánica»

El empleo de la quina para combatir el paludismo, fiebres tercianas y otras enfermedades similares revolucionó las teorías medievales de que las enfermedades frías había que combatirlas con sustancias calientes, y viceversa. Gracias a los usos hallados por Mutis, la Real Botica española se convirtió en el centro receptor de estas corachas de esta planta y, con ello, llegó a convertirse en uno de los templos científicos más importantes de Europa. El Colegio de Cirugía que desarrolló, en base a un plan de estudios de la medicina moderna, se copió en el extranjero y se exportó por todo el mundo.

En el mundo anglosajón, sin embargo, la quina fue durante mucho tiempo calificada de «corteza satánica» y se negó su uso para tratar a personas contagiadas por fiebres extremas.

Tomado de www.abc.es

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