Usar la IA para estudiar puede dejarte más tonto que antes: un estudio apunta a que su uso hunde la capacidad cognitiva
Un nuevo estudio de investigadores de Carnegie Mellon, Oxford, MIT y UCLA aporta la primera evidencia experimental a gran escala de algo que muchos ya intuyen pero que no se había medido: usar inteligencia artificial para resolver tareas deteriora nuestra cognición autónoma. Y no hace falta mucho tiempo para que el daño sea medible. El trabajo, publicado este mes de abril, ha reclutado a 1.222 participantes en una serie de tres experimentos aleatorizados y controlados.
En cada uno, se divide a los voluntarios en dos grupos: uno resuelve problemas con acceso a un asistente de IA; el otro trabaja sin ninguna ayuda. Después, a ambos grupos se les presentan los mismos problemas sin asistencia. El resultado es consistente en todos los experimentos y en dos tipos de tareas muy distintas —aritmética con fracciones y comprensión lectora—: quienes habían usado IA rindieron peor que quienes nunca la tuvieron. Si bien este estudio es preliminar, señala una tendencia interesante.
Por eso, Libertad Digital ha salido a preguntarle a los estudiantes cuáles son sus hábitos a propósito de la IA. Muchos confiesan usarla como apoyo o para potenciar ideas; otros, en cambio, admiten que su creatividad ha descendido y que su pereza para afrontar tareas cognitivas ha disminuido. Uno de ellos explica que las usa «a diario, no solo para el estudio, sino para la vida personal». «Es una gran ayuda para tener otras ideas y saber qué es lo importante, también sirve para buscar información», sostiene. No obstante, apunta que no se trata de obtener «directamente la respuesta». «Es como una ayuda para ser más rápido», cuenta. Advierte, eso sí, que «hay que usarlo con cabeza» porque «hay que usarlo con medida» y evitar «que te diga todo lo que tienes que hacer». Otro de los estudiantes defiende otra postura: «Sí que la veo más como una herramienta más. Yo intento no usarla para crear trabajos de cero, sino como una especie de guía». Esa cautela nos la comparte otro estudiante: «Siento que mata la creatividad».
La caída no es marginal. En el primer experimento, el grupo que había contado con IA resolvió correctamente el 57% de las preguntas del test final, frente al 73% del grupo de control. Más llamativo aún: los que habían usado inteligencia artificial abandonaban los problemas con el doble de frecuencia que los otros. No se trata de que supieran menos o tuvieran menos conocimientos, sino que se rendían antes.
Pereza cognitiva
Lo que distingue este estudio de la literatura anterior es su diseño. Hasta ahora, las advertencias sobre el deskilling —la pérdida de habilidades por dependencia tecnológica— se basaban principalmente en encuestas o estudios observacionales, donde resulta imposible separar causa de correlación. Aquí, la asignación aleatoria permite afirmar con mayor solidez que es el uso de IA lo que produce el efecto, no que las personas con menos capacidad sean las que más recurren a ella.
Tomado de https://www.libertaddigital.com/
