LECTURA: Desembarco de Alhucemas

El Desembarco de Alhucemas fue un desembarco militar llevado a cabo el 8 de septiembre de 1925 en Alhucemas por el ejército y la Armada españolas, que propiciarí­a el fin de la Guerra de Marruecos.

La operación consistió en el desembarco de un contingente de 10.000 soldados españoles transportados desde Ceuta y Melilla por la Armada combinada hispano-francesa. La operación tuvo como comandante en jefe al entonces “Director Militar” de España, general Miguel Primo de Rivera, y como jefe ejecutivo de las fuerzas de desembarco en las playas de la bahí­a de Alhucemas al general José Sanjurjo, a cuyas órdenes estaban las columnas de los generales jefes de las brigadas de Ceuta y Melilla, Leopoldo Saro Marí­n y Emilio Fernández Pérez, respectivamente. Entre los jefes participantes en la acción se encontraba el entonces coronel Franco, quien por su actuación al frente de las tropas de la Legión fue ascendido a general de brigada.

El general estadounidense Dwight Eisenhower estudió a fondo la táctica empleada por los españoles en Alhucemas para trazar el plan del desembarco de Normandí­a.

La Radio Televisión Española realizó, hacia 1980, un valioso film documental sobre esta importante acción bélica.

Antecedentes

Tras el desastre de Annual, el Ejército español era materialmente incapaz de recuperar el territorio perdido. Por ello se optó por una polí­tica de contención orientada a impedir la expansión de la zona rebelde, ejecutada mediante acciones militares limitadas y de carácter local. Paralelamente, se inició la depuración de responsabilidades (Expediente Picasso), a la vez que las fuerzas polí­ticas, la opinión pública e incluso el Ejército se dividí­an entre los partidarios de abandonar el Protectorado y los que abogaban por reiniciar cuanto antes las operaciones militares.

En septiembre de 1923 se produce el golpe de estado del general Primo de Rivera; éste, partidario inicial del abandono del Protectorado, en 1924 y tras nuevos ataques de Abd el Krim que obligan a un nuevo repliegue español a las zonas de Tetuán, Ceuta y Melilla, se hace firme partidario de pasar a la ofensiva para derrotar al lí­der rifeño y restituir la autoridad española en el protectorado.

El planteamiento del desembarco

En abril de 1925 se produce un hecho crucial: Abd el-Krim, seguro de sí­ mismo por sus éxitos frente a los españoles, atacó la zona francesa del Protectorado. Ello abrió las puertas para un efectivo entendimiento franco-español para hacer frente común a los rifeños. Con este fin, en junio de ese año tiene lugar la Conferencia de Madrid, que concreta las acciones a realizar. Entre los acuerdos alcanzados se encuentra el de efectuar un desembarco español en la bahí­a de Alhucemas, con la cooperación y apoyo de una flota combinada, naval y aérea, franco-española.

Alhucemas, zona de asentamiento de la cábila de Beni Urriaguel, a la que pertenecí­a Abd el Krim, constituí­a el foco permanente de la rebelión rifeña. Por tierra, todas las operaciones militares españolas, incluida la de 1921 que culminó en el Desastre de Annual, tuvieron como objetivo la ocupación de Alhucemas, fracasando una tras otra, fundamentalmente por el excesivo alargamiento de las lí­neas.

El propósito de la operación se fijó en la realización del desembarco para ocupar una base de operaciones en la zona de Alhucemas, con capacidad para albergar y permitir la maniobra de un ejército de unos 20.000 hombres. Esta operación constituí­a la primera acción anfibia en la que participaba España en la era moderna y ello, junto al fracaso de la similar operación anglofrancesa en Gallí­polli, en 1915 durante la Primera Guerra Mundial, constituí­a un motivo de preocupación. Por si fuera poco, el terreno presentaba dificultades para realizar el desembarco, además de ser una región que los rifeños conocí­an al dedillo. Ello llevó a Primo de Rivera a investigar los motivos del desastre de Gallí­poli y preparar una cuidadosa planificación.

El probable conocimiento de la proyectada operación impulsó al caudillo rifeño a fortificar, artillar y minar la zona. Estas circunstancias obligaron al mando español a cambiar el lugar del desembarco, eligiéndose la Playa de la Cebadilla y Cala del Quemado, al oeste de la bahí­a de Alhucemas. El primer esfuerzo, y principal, para apoderarse de la cabeza de playa se ejercerí­a en las citadas playas; una vez conseguido con éxito este desembarco, el segundo esfuerzo se realizarí­a en algunas de las calas adyacentes o bien se aprovecharí­a el éxito inicial para profundizar y ampliar la cabeza de playa, dependiendo de las circunstancias.

El desembarco

El desembarco, previsto para el dí­a 7 de septiembre, comenzó, debido al mal tiempo, el 8 de septiembre de 1925 en las playas de Ixdain y la Cebadilla, empleándose para ello 24 barcazas tipo K compradas a los ingleses y que estaban en Gibraltar, las mismas que éstos habí­an empleado en su fracasado desembarco en Gallipolli.

Apoyados por los cañones de las escuadras navales y el bombardeo de la aviación, la primera oleada comenzó a las 11:30. Debido a la presencia de rocas, el contingente de la playa de Ixdain debió desembarcar a unos 50 metros de la costa. Entretanto, se descubre que la playa de la Cebadilla está minada. Hay unas 40 minas enterradas en la arena. Detonadas las minas, comenzó la segunda oleada a las 13:00 horas, emprendiéndose a continuación un rápido avance hasta ocupar las alturas que dominan la playa. Durante el resto del dí­a se procedió a desembarcar el material necesario para continuar la operación. Al final del dí­a, 10.000 hombres estaban ya en tierra.

Cabe destacar que en Alhucemas se utilizaron por primera vez en la historia de la guerra carros de combate en un desembarco, concretamente Renault FT modelo 1917, que fueron poco útiles. Además, fue la primera vez en la historia en la que las fuerzas de apoyo aéreo al desembarco, las fuerzas navales y las fuerzas de tierra actuaron bajo un mando unificado (el de Primo de Rivera), creándose así­ el concepto moderno de desembarco anfibio.

El 23 de septiembre se dio la orden de continuar el avance, ocupándose la lí­nea de alturas que domina la bahí­a de Alhucemas el dí­a 26. El 30, tras otro nuevo periodo de mal tiempo que impedí­a el desembarco del apoyo logí­stico necesario, así­ como el apoyo aéreo, se inició la fase final de la penetración terrestre destinada a consolidar la base de operaciones, finalizando el 13 de octubre. Desde Alhucemas, en la primavera de 1926, se ejecutaron las operaciones que determinaron la derrota de Abd el-Krim y la ocupación y pacificación total de la zona española del Protectorado.

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1 respuesta

  1. Dani dice:

    me gustarí­a saber el número de bajas españolas

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