Sin móvil, sin redes y sin reloj: así sobreviven diez días adolescentes madrileños de la generación TikTok
La verdad es que no nos hace nada de falta el móvil». Con esta contundencia resumen Ana María y Julia su estancia en los campamentos estivales Modo Avión organizados por la Comunidad de Madrid este mes de julio de 2026. Un total de 180 adolescentes de entre 12 y 17 años se enfrentan a un aislamiento tecnológico total de 10 días de duración en régimen de desconexión absoluta, donde los terminales quedan requisados desde el primer momento para romper de raíz con la dependencia de las redes sociales.
El coordinador del campamento, Santiago Lara, constata el reto que supone este aislamiento para menores nacidos en 2010 y 2011: «Ellos han nacido en un contexto absolutamente digitalizado y no conocen otra cosa. Lo que ven es a sus padres con un móvil en la mano».
El descontrol horario y el regreso a la palabra
Las dinámicas de convivencia diaria sustituyen por completo los impactos digitales del entorno virtual. Los menores admiten experimentar una distorsión de la rutina habitual que, sin embargo, se compensa con la interacción personal. «Lo único que se echa un poco en falta es decir: ‘Jo, pues me acuerdo una vez que estaba… Mira, te enseño una foto de…’. Pero no, al final luego aprendes a explicarte bien y las experiencias son muy buenas», señalan los participantes, quienes destacan el papel del personal de apoyo para suplir la ausencia de sus dispositivos: «Tenemos a los monitores que nos ponen la música y con los altavoces la verdad no lo echas mucho en falta. Sí es verdad, igual un rato por la noche o algo que estamos más acostumbrados, pero al final vienes a conocer gente».
La pérdida de noción del tiempo es generalizada entre los alumnos: «Sí que es verdad que, por ejemplo, tengo como un descontrol de horarios, no tengo reloj ni nada y no sé ni en qué día estoy, pero bueno, lo demás súper bien».
La pedagoga Lorena Helguera subraya el pensamiento crítico alcanzado por los jóvenes tras dinámicas como la «fábrica de influencers«, donde analizaron «la publicidad, el algoritmo y cómo está todo manipulado».
El reencuentro con los afectos reales fuera de la red
El programa formativo implementado por la Dirección General de Juventud traslada el foco de interés hacia el ejercicio físico y el conocimiento del entorno rural en la finca El Encín, en Alcalá de Henares, y en el albergue Villa Castora, en Cercedilla.
Este parón forzado modifica también las prioridades afectivas de los menores a la hora de comunicarse con el exterior. Al despojarse del ruido de las pantallas, los jóvenes reconectan con la necesidad del vínculo familiar directo. El ejemplo más nítido de este viraje emocional lo protagoniza Marcos, quien confiesa dónde se dirigen sus pensamientos tras las jornadas de desconexión absoluta: «Yo creo que voy a llamar a mi abuela, porque mi abuela también se preocupa bastante por mí y hace mucho que no la veo, bueno, desde que vengo de campamento, y entonces, pues yo creo que es la primera llamada que voy a hacer, porque se preocupa bastante por mí».
Un cambio de hábitos para la vuelta a casa
Los talleres preventivos dirigidos por psicólogos especializados y pedagogos buscan generar un poso conductual que se mantenga tras la finalización del campamento. El descubrimiento de actividades físicas modifica de manera directa la autopercepción de los alumnos respecto a su tiempo libre.
«Pues me siento como que voy a aprovechar mucho más el tiempo, yo creo que voy a estar bastante menos con el móvil, porque muchas veces cuando me aburría, lo primero a lo que iba era al móvil», reconocen Inés y Clara. Las participantes explican la inercia digital que dominaba sus rutinas antes de ingresar en las instalaciones madrileñas: «Si no tenía planes e iba a estar en mi casa, pues pienso: ‘Bueno, pues me quedo con el móvil y ya’. Pero ahora hay un montón de cosas que hemos descubierto. Yo, por ejemplo, nunca jugaba al vóley y aquí estoy jugando y me parece muy chulo, y pues a lo mejor juego algún día y tengo más actividades para hacer».
Por su parte, la consejera de Familia, Juventud y Asuntos Sociales, Ana Dávila, defiende la utilidad de la ampliación de plazas de este año a cuatro campamentos: «Lo que aprenden se lo cuentan a sus amigos, se lo cuentan a sus hermanos, y yo creo que eso también es fuente de conocimiento para parar un poco a pensar cuánto estamos utilizando el móvil».
Tomado de www,libertaddigital.com
