LECTURA: La batalla de Covadonga y el origen del reino asturiano

Introducción

Este proyecto sobre el principio de la Reconquista esta entrado en el Reino de Asturias.  La escasez de información que existe sobre este periodo de nuestra historia ha dado lugar a que algunos de los hechos contados tengan varias perspectivas y versiones.  He intentado comparar y contrastar la mayor cantidad de información posible para dar la versión más cercana a la realidad.  Sólo en los casos en los que la información sea totalmente opuesta o muy confusa escribiré las dos o más versiones de la historia.

Acerca de la batalla de Covadonga se puede decir que reina una gran confusión.  Antes se tendí­a a mitificar los hechos ocurridos en la batalla; esto se llevaba a cabo por los cronistas cristianos. Hoy en dí­a hay una tendencia a desmitificar la batalla basándose en los cronistas musulmanes.  He intentado ser lo más objetivo posible con la información de la batalla.  Estos dos puntos de vista son totalmente distintos: por un lado los musulmanes llegaron a hablar de una batalla contra los cobradores de tributos, y por el otro lado los cristianos llegaron a hablar de 187.000 soldados musulmanes.

El Héroe

De don Pelayo, Hijo del duque Favila, vástago del rey Rodrigo, no se conoce el lugar de procedencia.  De él se ha dicho que es astur, vasco, toledano, gallego, leonés… etc,  lo que sí­ está claro es que es de origen visigodo.  Sí­ se conocen otros datos desde su lucha en Guadalete hasta la llegada a la reunión en Cangas de Oní­s:   Luchó en la batalla de Guadalete, de la que escapó con vida hacia Toledo.  De allí­ salió hacia Asturias junto con Urbano, arzobispo de Toledo, y las reliquias cristianas.  Se ve que como descendiente de duque visigodo, ocupó un puesto significativo relacionado con la antigua administración del territorio que seguí­a vigente desde los visigodos.  Al parecer Munuza, valí­ de Gijón , le envió a Córdoba como un jaray, o impuesto territorial .  Aprovechando la ausencia de Pelayo, Munuza se casó con la hermana de Pelayo ya que este se oponí­a a la unión.  Hasta ahora Pelayo habí­a cooperado con las nuevas autoridades.  De Córdoba se fugó al cabo de un año, entre Marzo y Agosto del 717.  Tras él fueron algunos perseguidores con intención de prenderle.  Se conoce que cruzó por Brece (pequeño pueblo leonés en la antigí¼edad) y cruzó como pudo el Piloña, que desemboca en el Sella.  Una vez pasado esto llegó a Cangas de Oní­s donde se estaba celebrando una reunión de mandatarios visigodos.

La reunión de Oní­s

Don Pelayo llegó a la ciudad después de escapar de Córdoba.  Después de lo sucedido con su hermana y de que Witiza matara a su padre estaba dispuesto a levantar un foco de resistencia a la invasión musulmana .  La oportunidad se le presentó cuando vio que en Cangas de Oní­s se celebraba una reunión de duques y mandatarios visigodos.  En esta reunión Pelayo habló de sublevación y mencionó a sus antepasados.  Al parecer persuadió a los demás dirigentes con la idea de que el sur de España era una propiedad suya que les habí­an robado los invasores y por lo tanto tení­an que recuperar.  El término de “Reconquista” es muy posterior a Pelayo.  También habló de aprovechar el alto en la campaña musulmana del norte ya que tení­an otros enemigos más importantes.

Allí­ se dice que fue elegido rey, lo cual es improbable.  La teorí­a más apoyada es que simplemente fue elegido jefe militar de sus tropas en el año 718.  Como dijo Sánchez-Albornoz, “No hubo allí­ corte, gobierno ni monarca, sino un caudillo y sus guerreros” .

En esta misma reunión se dio el primer paso, no heroico, pero sí­ decisivo.  Se acordó el dejar de pagar el jaray y el yizia, o los impuestos territoriales.  Esto suponí­a que Asturias, y en especial Cangas de Oní­s, se sublevaba contra Al-Andalus.  Hay pequeñas escaramuzas militares por todo el reino y Munuza se ve obligado a pedir ayuda a Córdoba.  Los generales musulmanes aprovechan esto para conseguir una victoria fácil que les suba la moral, especialmente necesaria después de las sucesivas derrotas en Septimania.

Covadonga, el sitio idóneo

Pelayo se habí­a enterado de que hacia Asturias se dirigí­an tropas musulmanas y era hora de preparar una estrategia.  Primero deberí­a reunir un ejército.  Todas las fuentes coinciden en que Pelayo estaba al mando de unos 300 hombres armados.  El camino que deberí­an seguir las tropas musulmanas era a través de los Picos de Europa.  La Cova Dominica, ahora Covadonga, dedicada a la Virgen Marí­a era el lugar perfecto para la defensa.

“Se ahonda y profundiza el valle, los cerros se convierten en montañas y al cabo se cierra por completo la garganta”.  Los abruptos cerros, los caminos entre muros y precipicios junto con los senderos que obligan a dar la vuelta son un buen lugar para una batalla si se conoce el terreno.  Si además del amparo de los Picos de Europa encuentras una cueva en la cual esconderte, encima de un camino por el que hay cerros alrededor, has hallado el sitio idóneo.  Así­ es Covadonga y así­ es el lugar que eligió Pelayo para enfrentarse a su enemigo. Los “asnos salvajes”-así­ llamaban los musulmanes a los rebeldes del norte- tení­an la ventaja de conocer el terreno en el que se desarrolla todo como la palma de su mano, atacar desde arriba y tener la agilidad de trepar o descender por esas paredes.  Los musulmanes, al mando de Alqama , conocí­an el terreno abrupto de las montañas de Marruecos pero iban a ciegas por los inexplorados senderos que se crean en los Picos de Europa.  Otra desventaja es que Alqama a pesar de tener experiencia no habí­a demostrado ser un gran capitán en cuanto a estrategia se trataba.

La Batalla

El 28 de Mayo del año 722 fue la fecha en que sucedió.  El número de tropas musulmanas es incierto, se ha dicho que fue una pequeña escaramuza y también que fueron 187,000.  Tanto Sánchez Albornoz  como Juan Antonio Cebrián  coinciden en que fueron unos cuantos miles, diciendo el segundo, que fueron 20,000. Pelayo contaba con trescientos hombres que distribuyó de la siguiente manera: dos tercios fueron a los cerros de alrededor y unos cien hombres junto con Pelayo se quedaron escondidos en la cueva.

Cuando las tropas musulmanas estaban al alcance, los Astures colocados en los cerros empezaron a disparar flechas y a arrojar piedras.  Los musulmanes se defendieron con saetas pero sin que surtieran ningún efecto.  Las tropas musulmanas no pudieron organizarse debido a lo estrecho del camino y a lo abrupto del terreno. Ni recibí­an órdenes ni tení­an capacidad de movimiento debido a su gran número.  A la vez que los soldados escondidos salí­an de la cueva que para los musulmanes habí­a sido invisible  hasta el momento, los “asnos salvajes” saltaron de los cerros sobre los soldados musulmanes dividiéndolos en dos grupos.  El pánico se apoderó de ellos y huyeron como pudieron. Alqama murió en la batalla y Oppos, el cristiano traidor, fue capturado. Todas las fuentes coinciden en la estrategia seguida, aunque Sánchez Albornoz  es el que lo explica con más detalle.

El Mito

Cuenta la historia que durante la batalla de Covadonga, se abrieron los cielos y se distinguió una figura.  Era una cruz la que estaba plasmada.  Don Pelayo entonces juntó dos palos de roble en forma de cruz.  Los alzó sobre el campo de batalla en el que se situaban los musulmanes y llovieron piedras sobre ellos.  Así­, los cristianos derrotaron a los ejércitos herejes a base de piedras desde la cueva de Covadonga donde se encontraba la Virgen Marí­a. Otra versión de la historia dice que cuando Don Pelayo alzó la cruz en el campo de batalla, el general musulmán (Alqama), falleció y los musulmanes al ver esto se retiraron y huyeron de la batalla. Una vez vencidos los musulmanes, la corona de la Virgen Marí­a brillaba con esplendor dentro de la cueva.

La Trascendencia de la Victoria

Cuando Munuza recibió la noticia de que el rebelde “asno salvaje” habí­a derrotado al ejército enviado por Córdoba se retiró de Gijón y Asturias quedó como un gran foco de resistencia.  Pelayo entonces instaló la capital en Cangas de Oní­s, y desde allí­ gobernó el reino rebelde. Las noticias de la victoria de Pelayo pronto llegaron a todos los rincones de los territorios cristianos y pronto Pelayo dispuso de 150 caballos y 8.000 infantes.  Con estas tropas se dispuso a la conquista de León, donde estaban fortificados los muchos soldados que habí­an escapado de Covadonga.  No se sabe qué pasó con el ataque, y tampoco parece que tenga mucho soporte.  La victoria de Pelayo dio moral y esperanza a los cristianos que se habí­an refugiado en el norte.  Era la primera vez que se venció a los musulmanes y se puede decir que fue la primera batalla de “La Reconquista”, el término aún no se utilizaba.

Cuando Pelayo murió por enfermedad en el 737 dejó el trono a su hijo, que murió a los dos años por el ataque de un oso cuando estaba de caza.

Pelayo fue enterrado en Santa Eulalia, cerca de Covadonga y más tarde sus restos fueron llevados a la propia cueva.

La Cruz que forjó Pelayo según la leyenda en la batalla, ha permanecido hasta nuestros dí­as en el escudo oficial de la bandera de Asturias y en la cruz que mandó forjar Alfonso III el Magno y que hoy se encuentra en la Santa Catedral Basí­lica.

“Trae de azur la Cruz de la Victoria, también llamada de Pelayo, revestida de oro y piedras preciosas por Alfonso III el Magno en el Castillo de Gauzón, trasladada después al relicario de la Santa Catedral Basí­lica donde se resguarda; penden de sus brazos las letras A (Alpha) y ? (Omega), primera y última del abecedario griego, simbolizando a Cristo, principio y fin de todo lo creado; y por orla, alrededor del escudo, las palabras “Hoc signo teutur pius” a la diestra, y “Hoc signo vincitur inimicus” a la siniestra de oro”.

También te podría gustar...

2 Respuestas

  1. David dice:

    De verdad crees que en el sitio 300 podí­an matar a 20000¿es que los musulmanes eran ciegos?

  2. David dice:

    Si el paso era tan estrecho ¿que iban haciendo con los cuerpos de los caí­dos…..?creo que la batalla no dejó de ser una escaramuza algo engordada para a lo largo de la historia ennoblecer a los cristianos y subestimar a los musulmanes,como tantas otras veces ha ocurrido con la historia de”la invasión musulmana”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: