Sesenco (el nombre que conecta el euskera antiguo con la Soria romana)

Sesenco (el nombre que conecta el euskera antiguo con la Soria romana)

Una palabra grabada en piedra hace casi dos mil años ha cambiado la forma de mirar un territorio y el euskera. En la zona de Tierras Altas de Soria, varias estelas funerarias de época romana conservan nombres personales que los lingüistas relacionan con el vasco antiguo, también denominado vascónico-aquitano. Las inscripciones están escritas en latín, pero algunos de los nombres que contienen apuntan a una realidad lingüística inesperada en esta zona de la península.

El caso más conocido es el de Antestius Sesenco, un nombre que llamó la atención del lingüista Joaquín Gorrochategui en 2001, por su posible relación con el término vasco zezenko, «torito». Fue entonces cuando el arqueólogo Eduardo Alfaro, que había presentado la inscripción junto a Joaquín Gómez-Pantoja, comenzó a analizar de la mano de Gorrochategui una nueva perspectiva que abrió la puerta a reconsiderar el origen de otros antropónimos indígenas hallados en la comarca.

Entre ellos aparecen Oandissen, Onse, Onso, Buganson, Agirsen, Arancis, Haurce, Belscon y Lesuridantar. Algunos de estos nombres se han relacionado con formas del ámbito vasco-aquitano, una denominación que alude a las variedades antiguas emparentadas con el euskera. En el caso de Oandissen, se ha planteado una posible relación con oihan, «bosque»; otras propuestas interpretativas también se apoyan en elementos que recuerdan a palabras vascas actuales.

Nombres que sobreviven a la romanización

Sesenco no es un caso aislado. En el conjunto aparecen otros nombres, como Lesuridantar y Oandisen, que se han estudiado por su posible relación con el ámbito vascónico-aquitano: «En Soria es donde más nombres en vasco antiguo se pueden leer al sur de los Pirineos”, afirma Alfaro.

La interpretación, sin embargo, exige cautela. Las estelas no están escritas en euskera, sino en latín, y la presencia de nombres relacionados con una lengua no demuestra por sí sola que toda la población la hablara. Lo que aporta el conjunto es una serie de indicios que, considerados en relación con otros datos históricos y lingüísticos, permiten plantear esa posibilidad. «Lo razonable es que una parte de la población, probablemente, en esta zona de Tierras Altas, hablase el euskera», explica.

La romanización no implicó que todos los habitantes abandonaran de inmediato sus lenguas locales. Precisamente esa combinación convierte a las estelas en documentos tan valiosos: el latín permite leer la fórmula funeraria, mientras que los nombres conservan indicios de otras tradiciones. Es precisamente ese hallazgo lo que apunta a que personas vinculadas al vascónico vivieron en la región o mantuvieron relaciones con ella. Precisamente ahí reside el interés de las estelas, sin proponérselo, quienes grabaron aquellos nombres conservaron una huella de la diversidad cultural de la época.

Pero, ¿por qué aparecen estos nombres en las Tierras Altas sorianas? Para Alfaro, una de las claves está en la propia geografía. «La explotación de esos pastos pudo favorecer los desplazamientos de población y las relaciones entre las montañas y las tierras bajas del valle del Ebro».

De Soria a Euskadi

La historia de Sesenco volverá a viajar a Euskadi, concretamente al Museo San Telmo de Donostia, donde podrá acercarse de nuevo al público vasco. Casi dos mil años después, su posible relación con el término vasco zezenko, sigue despertando el interés de los investigadores. Aunque estas inscripciones no demuestran que el euskera se hablara de forma generalizada en Soria, los nombres que conservan permiten explorar la presencia de variedades antiguas emparentadas con esta lengua más allá de los territorios donde hoy se habla.

Tomado de www.DEIA.eus

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