“Concebir la vuelta al cole y a la rutina como un giro de 180 grados es insano”

BILBAO – El último fin de semana de las vacaciones de verano ha llegado a su fin, y con él se acaban los bocatas en la playa para empezar las comidas en el comedor. Se terminan las tardes en la playa y empiezan las horas sentados en un pupitre. Vuelve la rutina para los pequeños y para los mayores. Para los padres empieza el tiempo de compra de material escolar, de riña con los hijos a la entrada del colegio y discusiones también a la hora de dormir. Para los niños llega el momento de reencuentro con los amigos y, por supuesto, llega el trauma de la vuelta al cole, aunque Araceli Medrano, psicóloga y pedagoga de ámbito familiar, prefiere catalogarlo como sí­ndrome posvacacional, tanto para niños como para adultos.

Empezar la rutina no le gusta a nadie, y menos a los niños, pero, ¿se puede hablar de trauma de la vuelta al cole?

-La vuelta al cole puede ser traumática, pero no para todos. Aunque yo no lo denominarí­a trauma sino sí­ndrome posvacacional. No es solamente volver al colegio, sino también adaptarse al ritmo y a las exigencias académicas, algo que pasa tanto en niños como en los adultos. El sí­ndrome posvacacional acarrea esa vuelta a la normalidad, es decir, a los horarios normales, a una vida estructurada, a unas obligaciones. Creo que el concepto de trauma está ya caduco.

¿Cuáles son los sí­ntomas de ese sí­ndrome posvacacional?

-Dura una o dos semanas y los sí­ntomas pueden ser insomnio, desmotivación o dolores de cabeza. Aunque hay que tener en cuenta que muchas veces los niños fingen enfermedades porque no quieren ir al colegio.

Imagino que el comienzo de las clases afecta en diferente medida a los niños dependiendo de su edad.

-La edad puede llegar a ser un factor determinante. Hay que marcar bien la diferencia de dos grupos. Por una parte, están los niños de entre 3 y 5 años, en los que todaví­a el ví­nculo con los padres es muy sólido, están muy apegados y no hay socialización de grupo en el colegio. A estos les cuesta más volver a clase porque supone romper ese ví­nculo con los padres, además la relación entre ellos cambia, ya que durante las vacaciones los padres están mucho más relajados que durante el curso escolar. A partir de los 6 años ya socializan y el grupo de los iguales ocupa un lugar prioritario. Empiezan los juegos estructurados, las amistades… A la hora de escuchar la vuelta al cole piensan que van a ver a sus amigos y en ese sentido no se les hace excesivamente duro.

¿Debe haber un periodo de adaptación?

-Hay que volver con una semana o diez dí­as de antelación para que el sí­ndrome posvacacional, que también ataca a los padres, no se transmita a los niños. Es decir, es necesario que en primer lugar los padres se puedan adaptar con tranquilidad al hogar y las obligaciones que supone la rutina. Los niños tendrán que adaptarse una semana antes al horario escolar. Debe ser una adaptación progresiva, no puede ser de un dí­a para otro. Quizás un adolescente que es una persona que vive todo muy intensamente pueda adaptarse a la rutina de un dí­a para otro, pero los adultos y los niños desde luego, no.

¿Los deberes durante el verano pueden ayudar a que no se despeguen totalmente de la rutina y que la vuelta sea menos brusca?

-Los deberes en verano son importantes en cuanto a que de alguna manera refuerzan los aprendizajes desarrollados durante el curso, pero esos deberes tienen que ser algo que no suponga una obligación extra ni para los niños ni para los padres. No puede ser que durante el periodo vacacional los deberes se conviertan en algo impuesto. Creo que es conveniente que hagan una parte mí­nima, pero sin ningún tipo de rigidez para que esos aprendizajes se vayan estabilizando. Bajo mi punto de vista es más importante transmitir el deseo de saber que mandar hacer deberes en verano.

¿Cómo se puede transmitir ese deseo de saber?

-Los padres pueden leer cuentos a los niños haciendo así­ que empiecen a tener interés en la lectura. También pueden animarles a escribir lo que viven en su dí­a a dí­a. Respecto a materias más relacionadas con las asignaturas del colegio pueden practicar matemáticas, mientas van a hacer los recados o cuando van a comprar un regalo. El aprendizaje en la vida cotidiana es mucho más significativo. Es lo que se llama el aprendizaje constructivista.

En caso de desarrollar de esa forma los deberes en verano, ¿volverí­an más felices a clase?

-Los niños en el colegio tienen que estar contentos porque tienen que aprender de forma consciente o inconsciente, que es un lugar divertido como puede serlo el parque o la playa. ¿Por qué tiene que ser traumático volver al cole? Hay que transmitirles lo importante del conocimiento, de las relaciones con los demás y también que las obligaciones son importantes. Es algo que también hay que enseñar en verano. Los niños tienen que ayudar en casa, hacer las camas y tener responsabilidades estén o no en verano.

Pero los cambios de hábitos son necesarios. Tanto los niños como los adultos necesitan descansar.

-Indudablemente. Es importante desconectar, estar al aire libre, pasar más tiempo con la familia. Pero, tanto los niños como los adolescentes, preadolescentes o adultos no pueden vivir dos vidas diferentes dependiendo del momento del año que se encuentren. Desde luego no se puede vivir en una dualidad, pero ni en vacaciones ni cuando se tiene un dí­a libre a mitad de semana.

¿A qué se refiere con vivir en una dualidad?

-No puedes estar de vacaciones y dejar de pensar. Relajar la mente, desconectar de las obligaciones se puede hacer también cuando estás en el colegio. Es muy importante, sobre todo para los niños, estar al aire libre, y alejar la mente de la rutina, pero hay que enseñar a desconectar en el dí­a a dí­a. Hay que romper esa dualidad, esa idea antigua de que las vacaciones o la vuelta a la realidad son un giro de 180 grados. Eso es insano.

Tomado de www.deia.es

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