TEXTOS: El Manifiesto de Sandhurts (1874)

1-XII-1874

“(…) Por virtud de la espontánea y solemne abdicación de mi augusta madre, tan generosa como infortunada, soy único representante yo del derecho monárquico en España (…). Huérfana 1a nación ahora de todo derecho público e indefinidamente privada de sus libertades, natural es que vuelva los ojos a su acostumbrado derecho constitucional y a aquellas instituciones que ni en 18121e impidieron defender su independencia ni acabar en 1840 otra empeñada guerra civil. Debióles, además, muchos años de progreso constante, de prosperidad, de crédito y aun de alguna gloria (…).

Por todo esto, sin duda, lo único que inspira ya confianza en España es una monarquí­a hereditaria y representativa, mirándola como irreemplazable garantí­a de sus derechos e intereses desde las clases obreras hasta las más elevadas.

En el entretanto, no solo está hoy por tierra todo lo que en 1868 existí­a, sino cuanto se ha pretendido desde entonces crear. Si de hecho se halla abolida la Constitución de 1845, hállase también abolida la que en 1869 se formó sobre la base inexistente de la monarquí­a. (…) Afortunadamente la Monarquí­a hereditaria y constitucional posee en sus principios la necesaria flexibilidad y cuantas condiciones de acierto hacen falta para que todos los problemas que traiga su restablecimiento consigo sean resueltos de conformidad con los votos y la conveniencia de la nación.

No hay que esperar que decida yo nada de plano y arbitrariamente; sin Cortes no resolvieron los negocios arduos los Prí­ncipes españoles allá en los antiguos tiempos de la Monarquí­a, y esta justí­sima regla de conducta no he de olvidarla yo en mi condición presente, y cuando todos los españoles están ya habituados a los procedimientos parlamentarios. Llegado el caso, fácil será que se entiendan y conocieren las cuestiones por resolver un prí­ncipe leal y un pueblo libre.

Nada deseo tanto como que nuestra patria lo sea de verdad. A ello ha de contribuir poderosamente la dura lección de estos tiempos, que si para nadie puede ser perdida todaví­a lo será menos para las honradas y laboriosas clases populares, ví­ctimas de sofismas pérfidos o de absurdas ilusiones.

Cuanto se está viviendo enseña que las naciones más grandes y prósperas, y donde el orden, la libertad y la justicia se admiran mejor, son aquellas que respetan más su propia historia. (…) Sea lo que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal”.

Alfonso XII, 1-XII-1874

Cuestiones:

1. Este texto refleja un cambio polí­tico en España. Analiza su contenido precisando a qué circunstancias se debe y qué objetivos persigue.

El cambio polí­tico que refleja el texto es el que se inicia con la Restauración que supone la vuelta al trono de la dinastí­a borbónica tras el sexenio revolucionario y la Primera República, el artí­fice e ideólogo de este sistema polí­tico fue Antonio Cánovas del Castillo quien realizó una campaña de adhesión en torno al prí­ncipe Alfonso, hijo de Isabel II. El texto, el Manifiesto de Sandhurst, está dirigido a la nación española y, aunque firmado por Alfonso XII, está inspirado por el propio Cánovas que lideró un amplio sector de la burguesí­a española partidaria de 1a restauración de la dinastí­a borbónica. En el Manifiesto se afirma que la monarquí­a es la única salida para cerrar la crisis del perí­odo revolucionario (lo único que inspira ya confianza en España es una monarquí­a hereditaria y representativa) y se defiende la legitimidad dinástica de Alfonso aludiendo a la abdicación de su madre, en realidad la Restauración se prepara en el sexenio revolucionario cuando Cánovas, al frente del partido alfonsino, recibió plenos poderes de Isabel II para preparar la vuelta al trono de su hijo.

La Restauración es un intento de reformulación del estado liberal, encauzando la actividad polí­tica hacia la disciplina de los partidos polí­ticos, estableciendo las libertades formales, más nominales que efectivas, cuya puesta en práctica se realizó mediante el sistema polí­tico canovista.

2. En el texto se defiende la monarquí­a hereditaria y tradicional. ¿Qué otro régimen existí­a en la etapa inmediatamente anterior?

El régimen de la etapa anterior es el republicano. La Primera república (1873-1874) intentó consolidar el sistema democrático iniciado en 1868, pero desde el principio el nuevo régimen se vio obligado a enfrentarse a graves problemas que provocaron su inestabilidad y su fracaso, entre ellos destacaron la división entre republicanos unitarios y federalistas, la guerra carlista, la de Cuba o el cantonalismo.

A principios de 1874 el gobierno de Castelar fue derrotado y ni el ejército ni las clases conservadoras estaban dispuestos a permitir un nuevo cambio de gobierno: en enero el general Paví­a dio un golpe de estado dando fin al régimen republicano.

3. ¿Qué caracterí­sticas tiene el régimen polí­tico de la Restauración (oligarquí­a y caciquisrno)?

En general este perí­odo se fundamenta en el ejercicio alterno del poder (“turno polí­tico”) de los partidos conservador y liberal, rodeados de la oposición carlista y republicana. La finalidad de Cánovas con la implantación de este sistema de libre juego de partidos era normalizar la vida polí­tica bajo la tutela de un Estado eficiente, convirtiendo en imposible cualquier intento revolucionario y contentar al mismo tiempo a los polí­ticos y los militares haciéndoles formar parte del régimen restaurado.

La práctica polí­tica del sistema se basaba en el “caciquismo” a través del cual una minorí­a dirigente estaba en estrecha relación con los grupos sociales y económicos dominantes para someter polí­tica y económicamente a amplios sectores sociales; este sistema que utilizaba los procedimientos del encasillado y el pucherazo, falsificaba las elecciones ignorando la voluntad popular, hasta el punto de que los resultados se conocí­an antes de las elecciones. Los partidos que participaban en este libre juego eran el liberal conservador (conservador desde 1884) y el liberal fusionista. El partido conservador se nutrí­a de la alta burguesí­a, la aristocracia y funcionarios de alta jerarquí­a; el apoyo a nivel regional lo recibí­a de las clases dirigentes del sur y de las clases medias de la fachada atlántica y levante. El partido liberal estaba formado por los antiguos constitucionalistas, los unionistas de izquierda y los progresistas; estaba apoyado por los demócratas, los medios urbanos y antiguos revolucionarios de septiembre. Los republicanos estaban divididos entre los partidarios del pronunciamiento y los que defendí­an la lucha electoral. Entre los partidos obreros destacaba el Partido socialista Obrero, marginado del sistema polí­tico. Además de la marginación, el centralismo fomentaba las demandas de carlistas y federalistas (catalanistas de Prat de la Riba, Cambó, y vascos de Sabino Arana), que eran el origen de los partidos nacionalistas.

4. ¿Qué constitución preside la etapa de la Restauración y cuáles son sus principales caracterí­sticas?

 

El sistema se basaba en la Constitución de 1876, fruto del constitucionalismo doctrinario, que establecí­a la soberaní­a compartida entre el poder legislativo -las Cortes- y el rey, atribuyendo a éste la iniciativa y la sanción con derecho a veto. El legislativo, bicameral, estaba formado por el Congreso de los Diputados y el Senado. Al rey corresponde la intervención en la vida de las Cortes, convocándolas, suspendiéndolas, cerrando sus sesiones, y disolviendo separadamente o de forma simultánea la parte electiva del Congreso o del Senado. A las Cortes se atribuye la intervención en la sucesión a la Corona, en la minorí­a de edad del rey y durante la Regencia. La Constitución de 1876 es una sí­ntesis entre la Constitución moderada de 1845 y la democrática de 1869, que restablecí­a la doble soberaní­a de las Cortes y el rey, omití­a el derecho al sufragio universal, incorporaba el de asociación y reconocí­a la compatibilidad de la religión católica con la libertad de cultos. El rey se convertí­a en la fuerza fundamental: nombraba y revocaba a los ministros y decidí­a cuándo debí­a ser sustituido un gabinete. El sistema bipartidista seguí­a el modelo británico, los antiguos partidos moderado y progresista cambian sus nombres por el de conservador y liberal, pero estos grupos no representaban la sociedad real y marginaban al proletariado (el primer diputado socialista a Cortes, Pablo Iglesias, es elegido en 1910), eran partidos parlamentarios, de notables, que utilizando los escaños practicaban la promoción personal.

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