‘Homo erectus’ era achaparrado y robusto, más parecido a los neandertales que a nosotros

Los humanos modernos no heredamos nuestro físico de los ‘Homo erectus’, a los que tradicionalmente se ha retratado como unos individuos estilizados, sino que es una adquisición reciente de nuestra especie. «’Homo erectus’ era compacto, achaparrado y robusto. Más parecido a los neandertales que a nosotros», asegura el paleoantropólogo Markus Bastir, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores liderado por él y por Daniel García Martínez, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh), tras reconstruir en 3D la caja torácica del llamado Niño de Turkana.

‘Homo erectus’ fue el primero de nuestros antepasados que se expandió por África y Eurasia. Vivió entre hace 2 millones y 117.000 años. Hasta ahora, se le había considerado un humano esbelto, como nosotros. Sin embargo, el estudio dirigido por Bastir y García Martínez, cuyos resultados publica la revista ‘Nature Ecology and Evolution’, apunta a que «no era el corredor delgado y atlético de larga distancia que imaginábamos hasta ahora». Los investigadores basan su dictamen en el análisis del tórax Niño de Turkana, un esqueleto casi completo de un ‘H. erectus’ de 12 años que vivió en lo que hoy es Kenia hace 1,6 millones de años.

Los estudios sobre cómo caminaban y corrían esos humanos se habían centrado hasta el momento en sus piernas y pelvis. Frente a eso, Bastir decidió hace ocho años examinar su caja torácica, porque la capacidad respiratoria es clave para la carrera de resistencia, fundamental a su vez para perseguir a algunas presas en ciertos entornos. Hoy en día, los bosquimanos practican en el desierto del Kalahari la denominada caza por persistencia, en la que siguen durante horas a un animal, al que muchas veces pierden de vista, hasta que cae rendido por agotamiento. Hasta ahora, se creía que esa capacidad para perseguir a una presa a trote habría surgido con ‘H. erectus’.

Entre 75 y 80 kilos

Bastir, García Martínez y sus colaboradores han recreado en 3D la caja torácica del Niño de Turkana y la han comparado con la de un neandertal y un ‘Homo sapiens’, especie a la que pertenecemos todos los humanos actuales. «Nadie puede decir que ahí esté el origen del tórax moderno, porque no se parece en nada. Además, hemos visto que, mientras nuestra caja torácica tiene un gran componente de expansión vertical durante la respiración, la de ‘H. erectus’ tenía una expansión lateral, se hacía más ancha. Esa forma es compatible con una estructura diferente del cuerpo».

Frente a los entre 65 y 70 kilos de los ‘H. sapiens’ prehistóricos, calculamos que, de haber llegado a adulto, el Niño de Turkana podría haber pesado entre 75 y 80 kilos. «No es probablemente ese corredor de fondo delgado que tenemos en mente», advierte el científico austriaco. Se trataría de individuos más bajos y anchos que nosotros, más parecidos a los neandertales. Bastir y su equipo plantean que el cuerpo grácil propio de los humanos modernos –con tórax y pelvis estrechos, y una «cinemática respiratoria optimizada» para la carrera de resistencia– tendría menos de 300.000 años. «En lugar de aparecer tan tempranamente como ‘H. erectus’, hace unos 2 millones de años, habría aparecido con nuestra especie, ‘H. sapiens’», dice García Martínez.

«Un modelo lógico de esta hipótesis sería que los neandertales habrían heredado parte de la estructura corporal de sus ancestros ‘H. erectus’, y les habría venido bien a la hora de enfrentarse en determinados momentos a las duras condiciones de vida de una Eurasia mucho más fría. Entonces, les ayudaba a procesar mayor cantidad de oxígeno y a desarrollar y mantener masas corporales y cerebros grandes», indica Bastir, quien añade que estudios recientes apuntan a que los neandertales pudieron ser «corredores explosivos, esprínteres». Una especie de «tuneado fino» podría haber hecho derivar a unos humanos hacia esprínteres (neandertales) y a otros hacia maratonianos (nosotros), algo sobre lo que el paleopantropólogo quiere seguir investigando.

Tomado de www.elcorreo.com

 

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