Noventa años de voto femenino en España: recordamos el inolvidable discurso de Clara Campoamor

Clara Campoamor, abogada que defendió siempre los derechos de las mujeres, protagonizó el uno de octubre  de 1931 una victoria histórica para el género femenino: el sufragio universal. Ese primero de mes debatió junto a Victoria Kent en las Cortes por el voto de la mujer, que tanto rechazo provocaba en sectores republicanos por miedo a que la población femenina votara a la Iglesia. Tras la batalla dialéctica, llego la respuesta de los grupos políticos que confirmaron la victoria de Campoamor con 161 votos a favor y 121 en contra.

Campoamor fue la responsable de otorgar un derecho fundamental a las mujeres, pero ese logro condenaría su vida política a la soledad como relata en El voto femenino y yo: mi pecado mortal. Este derecho se ejercería solo una vez el 19 de noviembre de 1933 y no volverían a ir a las urnas -ni varones, ni mujeres- hasta 1977.

¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar?»

El discurso de Campoamor apelaba al reconocimiento de la lucha de la mujer en la República. Así se preguntaba la sufragista: «¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad?».

Y entonces proclamó: «Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino».

Campoamor, que fue elegida por la circunscripción de Madrid, sentenció: «No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante».

Tomado de www.publico.es

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