¿Qué es el esperanto y por qué fracasó como lengua universal?

Fue un intento de crear una “lingua franca”, un idioma en el que todos los pueblos del mundo se pudieran entender de forma sencilla. Ante la existencia de miles de lenguas habladas en el mundo, y frente a la pujanza del inglés por convertirse en una “lengua universal”, el polaco L. L. Zamenhof concibió este idioma “artificial” que buscaba una lengua fácil de aprender y neutral que pudiera ser utilizado por personas de todos los continentes y que no tratase de erradicar las lenguas preexistentes, sino convivir con ellas. Aunque obtuvo cierto reconocimiento internacional por la ONU y su comunidad de hablantes llegó a estimarse en los casos más optimistas por dos millones de personas hace casi un siglo, lo cierto es que el esperanto no consiguió sus propósitos. Su difusión caló especialmente en países europeos, pero no logró imponerse.

Tomando como base el alfabeto latino, Zamenhof partió de la premisa que cada letra suena de una forma en todos los casos. Una letra, un fonema. Se compone de 16 reglas gramaticales, según sus impulsores, mucho más sencillas de aprender que las de las lenguas tradicionales. Se compone de unos términos raíz a los que se añaden sufijos y prefijos que completan su significado. Por ejemplo, los sustantivos se forman siempre con -o (suno, sol) y los adjetivos con -a (suna, solar). Otra de las características que lo hacían atractivo era la supresión de las palabras demasiado largas y la simplificación de los conceptos: apenas 467 morfemas (términos “raíz”) cubren la mayor parte de los significados en el esperanto, que, según sus promotores, permiten expresar casi todos los conceptos existentes.

Según la Fundación Española de Esperanto, en total hay 142.857 esperantistas. El primer manual para aprender esperanto lo publicó Lázaro Zamenhof en 1887 en Bialystok, ciudad hoy polaca y entonces perteneciente al imperio de los zares. El autor, judío rusohablante, oculista de profesión, tenía en ese momento 27 años. Zamenhof ideó un sistema por el cual la mayoría de las palabras en esperanto “son comunes a varias lenguas europeas así como, por motivos históricos, a otras no europeas: pan se dice pan en japonés y pano en esperanto”. Sin embargo, sus sustantivos no estás designados por cuotas de todos los idiomas existentes, seún esta fundación, que aclara que “su gramática, regular y no muy complicada, se asemeja en algunos aspectos a la de ciertas lenguas asiáticas, como el chino”. “Aprenderla requiere un cierto esfuerzo, si bien considerablemente menor que en el caso de los idiomas nacionales: por ejemplo, no tiene verbos irregulares ni diversas conjugaciones”, señalan desde la Fundación.

A finales del siglo XIX la lengua conoció cierto apogeo en Europa. En 1898, el expresidente de la Primera República Española, Francisco Pi y Margall, dio a conocer el esperanto en Madrid mediante un artículo de prensa publicado en el diario republicano “El nuevo régimen”. En Barcelona llegó a tener uno de sus centros de hablantes en nuestro país. Se crearon asociaciones de esperanto en casi todos los países europeos. Sin embargo, en 1908 surgió una de sus primeras crisis al constituirse una corriente de reforma del esperanto que trató de eliminar algunos rasgos como los signos diacríticos.

En la Europa de las guerras mundiales, el esperanto fue adoptado por los movimientos de izquierda, comenzando por la Unión Soviética y, como consecuencia, por los movimientos obreros de toda Europa, que realizaban comunicados y publicaciones en esa lengua para difundir las ideas revolucionarias. Ese fue el caso de anarcosindicalistas y comunistas españoles, por ejemplo. Sin embargo, terminadas las guerras, ya en la década de 1950 otros grupos más neutrales políticamente tomaron el relevo de su difusión. El esperanto adquirió un nuevo prestigio y cobró un cariz humanitario para servir como lengua de acogida de los refugiados por las guerras. Sin embargo, era difícil eliminar la asociación política de la lengua y el senador estadounidense Joseph McCarthy, conocido por su anticomunismo, consideró el conocimiento del esperanto como «casi sinónimo» de simpatía hacia el comunismo. Tanto fue así que ele ejército estadounidense pasó a considerar la lengua en sus entrenamientos como “enemiga”.

Estas cuestiones históricas lastraron mucho la difusión de una lengua que en absoluto tenía un cariz ideológico y que se presentaba como un intento de superar las barreras entre los pueblos y favorecer la solidaridad. La Asociación Universal de Esperanto inició relaciones oficiales con la Organización de las Naciones Unidas y la Unesco, pero, según muchos expertos, no logró asentarse por la falta de sentimiento identitario con el idioma y no logró reconocimiento oficial en ningún territorio. Hoy en día, con el desarrollo de las redes sociales y las comunicaciones instantáneas, algunos proyectos tratan de insuflarle vida. Su comunidad de hablantes mantiene contenidos y en 2012 Google incluyó el idioma en su traductor.

Tomado de www.larazon.es

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