DEBATE 16: ¿Navidad laica?

Parece imposible que seamos capaces de inventar una celebración laica de la Navidad, sin actividades, representaciones ni referencias religiosas. Pero al paso que vamos es posible que esto sea otro logro de la modernidad.

Por una parte está la presión de quienes quieren eliminar las referencias religiosas de la vida pública y construir una sociedad estrictamente laica, sin tiempos ni lugares para Dios. Una sociedad en la que todos hablemos, actuemos, vivamos y muramos como si Dios no existiera. Dicen que esto es lo que requiere la modernidad, que es lo propio de un Estado aconfesional, la condición indispensable para que podamos vivir en paz en una sociedad pluralista. Pero yo me pregunto ¿qué pluralismo es éste que nos impide vivir a cada uno según nuestras propias creencias? Es el pluralismo del rodillo, de la uniformidad, del silencio preventivo. Si no nos dejan ser diferentes ya no hará falta ni que seamos tolerantes.

Luego están los pequeños caciquismos de quienes quieren aplicar estas ideas para ser más progresistas que nadie. En la escuela no se cantan villancicos porque hay veinte niños que no son cristianos, para eso estamos en un Estado aconfesional. Vamos a ver ¿tan difí­cil es dejar que los niños cristianos hagan su fiesta cristiana en la escuela, dejando a los no cristianos que vengan si quieren o que se queden en casa? ¿Qué dificultad hay en que los niños musulmanes celebren su fiesta otro dí­a, ilustrando y entreteniendo a sus compañeros cristianos? ¿No es ésta la verdadera educación para la convivencia?

Porque invocar la no confesionalidad del Estado es del todo impertinente. Primero que la aconfesionalidad del Estado significa que el Estado no tiene religión propia, precisamente para poder proteger y fomentar la religión o las religiones que libremente quieran profesar y vivir los ciudadanos. Ocurre que, si el Estado es aconfesional, la sociedad no lo es, porque los ciudadanos no quieren serlo, y es obligación del Estado aconfesional respetar y apoyar las manifestaciones religiosas que los ciudadanos quieran tener, sin agravio de nadie, en ejercicio del derecho sagrado de su libertad religiosa. El Estado es para la sociedad, no la sociedad para el Estado. Y la escuela es para los niños, no los niños para la escuela. ¿O no es así­?

Pero hay todaví­a otra grieta importante por donde se nos mete el laicismo de la Navidad. Es el resultado de la fiebre del consumismo y la debilidad de la fe religiosa de muchos cristianos. Las fiestas de Navidad se van en regalos, cenas, viajes y comilonas. Se juntan las familias, cosa que está muy bien, se juntan los amigos, santo y bueno también, se lo pasan muy bien, pero no van a misa, ni rezan, ni dan gracias a Dios, ni hay un gesto o una sola palabra que invite a vivir religiosamente la Navidad. ¿Será posible que los primeros inventores de las Navidades laicas hayamos sido los mismos cristianos? Las primeras ví­ctimas son los niños y los jóvenes.

El pluralismo real de la calle y las discusiones sobre laicismo o no laicismo, nos están ayudando a ver las cosas con más claridad. En nuestra sociedad democrática nadie es juzgado ni discriminado por sus creencias o no creencias religiosas. Hay libertad para todos, con tal de que sepamos ejercerla de manera tolerante y respetuosa. Esta libertad no tiene que servirnos para imitarnos unos a otros, o para inhibirnos ante las posibles diferencias con los demás. Libertad significa tener la capacidad de manifestarse y actuar públicamente según las propias convicciones y los propios deseos. Libertad religiosa sólo para dentro de casa es una libertad mutilada.

(Tomado de Diario de Noticias).

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4 Respuestas

  1. Asier Rodríguez González dice:

    Hoy en dí­a ya todo se reduce a la fiesta, consumismo y materialismo.
    “-¿Qué hay fiesta? -Perfecto. -¿Qué se celebra? -Ah, no se, pero no me importa; lo importante es que estamos de fiesta y no hay que trabajar.”
    Me parece que en eso se basa únicamente el sentido de las fiestas hoy en dí­a, tanto en navidad como en el resto de fiestas, lo demás nos da prácticamente igual…

  2. Lur dice:

    ¿Cuánto nos gastamos en las cenas o comidas de navidad? ¿200€? e incluso más. Bien, ahora ¿os imaginais unas navidades cenando y comiendo como un dí­a normal,es decir, espaguetis, un huevo frito y bacon? o ¿os imaginais una navidad sin que los niños reciban regalos? o ¿una casa sin belen o arbol, adornado con todo tipo de adornos?
    Ahora, ¿por qué y quién ha hecho de esta celebración algo más que religiosa?

  3. Mitxel dice:

    Puedo imaginarme, amiga Lur, muchas formas de celebrar la Navidad. Lo importante es celebrarla. La mí­a, por ejemplo, será sencilla: mañana de trabajo, tarde de trabajo con una cena (a las 8:45) extraordinaria. Tendremos unos momentos de villancicos. A las 12:00 (Misa del Gallo). Después, es posible, caerá alguna bebida. ¿Te animas?.

  4. Jon Koldo Gonzalez Loza dice:

    Cierto es que las Navidades se han convertido en una época para el consumismo en beneficio de las grandes franquicias que han basado su estrategia de negocio en la tradición y en la invención de productos laicos caracterí­sticos de estas fiestas en principio religiosas (por citar algunos: las postales de Navidad, el turrón, las uvas, la ropa de color rojo, el roscón de Reyes…).
    Pero no menos cierto es que la religión ha sido la primera en utilizar el capitalismo como medio de hacer llegar su mensaje a los lugares más recónditos, a las mentes más laicas,en definitiva, al convencimiento total de sus valores. Si en las Navidades son las empresas las que se aprovechan de lo religioso, la religión también utiliza lo comercial en su beneficio en otras fechas. Por ejemplo, en agosto de este año, cuando se celebraron las Jornadas Mundiales de las Juventudes Católicas en Madrid, la Iglesia utilizo su influencia para abducir a un gran número de medios de comunicación para que retransmitiesen la gran variedad de actos que se habí­an organizado, también creó una amplia gama de productos con motivo de la celebración de los cuales obtuvo beneficios que pudo utilizar para sus proyectos, por no hablar del alto coste que supuso al Estado la visita de Su Santidad, el alquiler de solares para uso de estos actos, los desperfectos que se pudieron generar…
    En fin, nadie ha dicho que la forma de entender las Navidades como evento capitalista y superficial sea malo. Pero lo que no se puede es criticar otras opciones antes de hacer autocrí­tica.

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