LECTURA: Tartessos

Tartessos o Tartéside (griego: Τάρτησσος, latí­n: Tartessus) fue el nombre por el que los griegos conocí­an a la primera civilización de Occidente. Heredera de la cultura megalí­tica del suroeste ibérico, se desarrolló supuestamente en el triángulo formado por las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, en la costa suroeste de la pení­nsula Ibérica. Tuvo por eje el rí­o Tartessos, que los romanos llamaron luego Betis (antes Oleum flumen = rí­o de aceite) y los árabes Guadalquivir (que significa rí­o grande). Sin embargo, nada es seguro y varios autores tratan de situar el rí­o Tartessos en las bocas del Odiel y el Tinto (rí­a de Huelva), en el Mar Menor, en las bocas del Guadiana o en el mismo Tajo. En el 2001 se le puso rí­o Tartessos al antiguo rí­o Castellar que pasa por Castellar (Jaén). Los tartesios desarrollaron una lengua y escritura distinta a la de los pueblos vecinos y tuvieron influencias culturales de egipcios y fenicios.

La primera fuente histórica que alude a Tartessos es la Historia de Heródoto, del siglo V a. C., que habla del rey Argantonio (significa Hombre de plata y se dice que gobernó cien años) y su incontable riqueza, sabidurí­a y generosidad. Una más tardí­a data del siglo IV, del escritor romano Rufo Festo Avieno, que escribió una obra titulada Ora maritima, poema en el que se describen las costas mediterráneas. Según el poeta, utilizó fuentes antiquí­simas de autor desconocido. Una de estas fuentes data del siglo IV a. C., de la que Avieno escribió que era un “periplo”, es decir, un viaje de navegación costera, realizado por un marino griego y cartaginés, en el que partiendo de las costas de Britannia o de Cornualles (Inglaterra) llegó hasta Massalia (Marsella). Como resultado de aquel viaje se narran los lugares visitados por el desconocido marino, que proporciona las noticias más antiguas sobre la Pení­nsula Ibérica.

Se puede decir que Tartessos es la aculturación de las gentes indí­genas por parte de los fenicios. Esta teorí­a se apoya en las cronologí­as de colonización y en los restos arqueológicos, como cerámicas de retí­cula bruñida, de barniz rojo y las representaciones religiosas, que claramente hacen referencias a diosas orientales, como Astarté, notando que las letras t-r-t se semejan claramente a Tartessos y dioses como Baal o Melkhart (que bajo su forma de toro aparece representado en numerosas ocasiones).[cita requerida]

No está muy claro quiénes eran esos indí­genas con los que se encontraron los fenicios. Algunos historiadores creen que pudieron venir a la pení­nsula junto a los Pueblos del Mar. Otros piensan que pudieron ser pueblos indoeuropeos, gentes que vinieron desde las estepas al norte del Cáucaso, que se asentaron sobre las gentes prehistóricas y podrí­an haber formado las culturas de El Argar o la de los Campos de urnas. Con la llegada de los fenicios se aculturizaron, creando el reino de Tartessos.

 

Referencias históricas

«Dicen que Tartessos es un rí­o en la tierra de los iberos, llegando al mar por dos bocas y que entre esas dos bocas se encuentra una ciudad de ese mismo nombre. El rí­o, que es el más largo de Iberia y tiene marea, llamado en dí­as más recientes Baetis y hay algunos que piensan que Tartessos fue el nombre antiguo de Carpia, una ciudad de los iberos».

En la Biblia aparecen referencias a un lugar llamado ‘Tarshish’, también conocido como ‘Tarsis’ o ‘Tarsisch’. «En efecto, el Rey Salomón tení­a naves de Tarsis en el mar junto con las naves de Hiram. Las naves de Tarsis vení­an una vez cada tres años y traí­an oro, plata, marfil, monos y pavos reales. Antiguo Testamento, Libro de los Reyes I, 10-22». En la actualidad, algunos creen que Salomón no se referí­a a Tartessos, sino que se referí­a al puerto de Aqaba, en la pení­nsula del Sinaí­.

En un texto del Profeta Ezequiel (27, 12) (siglo VI a. C.) se comenta que Tiro comerciaba con Tarsis y en este caso es posible que sí­ se refiera a Tartessos, puesto que Fenicia ya habí­a contactado con ellos.

En el Libro de Jonás 1,3 (siglo VIII a.C.) dice:”Pero Jonás se levantó para ir a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvéh. Bajó a Yoppe y encontró una nave que iba a zarpar hacia Tarsis. Pagó el pasaje y se embarcó en ella para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvéh”

En la estela de Nora (siglo IX a. C.), encontrada en Cerdeña y escrita en fenicio, un navegante chipriota agradece al dios Pumar haber llegado a su hogar BTRÅ Å  sano y salvo. El acrónimo BTRÅ Å  ha sido relacionado por muchos especialistas con Tarshish (Tartessos). Pero también se interpreta por templo del cabo y mina o fundición, haciendo una más que posible referencia a la propia Cerdeña que era explotada por su riqueza mineral por los fenicios.

En la estela de Assarhaddon (siglo VII a. C.) aparece el nombre de Tarsis, pero no se puede referir a Tartessos porque los Asirios no tuvieron ninguna relación con el Mediterráneo Occidental.

El poeta Estesí­coro (siglo VI a. C.) menciona a Tartessos en su Geroneida, donde se narra el décimo trabajo que encomendó Euristeo a Heracles que consistí­a en matar al gigante Gerión, que gobernaba en un reino cercano a Tartessos. Se considera como la primera referencia oficial a Tartessos.

Anacreonte en el 530 a. C. hace referencia en una de sus obras a la riqueza y la complejidad polí­tica del reino tartésico.

Cuando el viajero Pausanias visitó Grecia en el siglo II a. C. (Paus. Desc. 6.XIX.3) vio dos cámaras en un santuario de Olimpia, que la gente de Elis afirmaba realizadas con bronce tartesio.

Heródoto habla sobre el rey Argantonio y de las relaciones de Tartessos con Grecia:

…un naví­o samio, que tení­a por patrono a Colaios y que se dirigí­a hacia Egipto, fue arrojado fuera de su ruta a la isla de Platea; las samios confiaron todo el asunto a Corobios y le hicieron un depósito de ví­veres para un año. Ellos mismos, que, al partir de la isla, habí­an marchado con un enorme deseo de llegar a Egipto, navegaron fuera de su ruta, arrastrados por el viento del Este; y, sin dejar de soplar el viento, alcanzaron las columnas de Hércules y, conducidos por un dios, llegaron a Tartessos. Este lugar de comercio estaba sin explotar en esta época, de forma que, a su vuelta, estos samios realizaron con su cargamento el mayor beneficio que haya conseguido hasta ahora ningún griego, del que nosotros tengamos referencias exactas, si exceptuamos a Sóstrato, hijo de Laodamente de Egina, que ningún otro puede compararse con éste. De sus ganancias los samios dedujeron el diezmo, seis talentos y ordenaron fabricar un jarrón de bronce en forma crátera argólica.

Plinio y Justino hablan de Tartessos, pero de manera confusa e imprecisa.

Muchos creyeron (todaví­a se cree en la actualidad) que la Atlántida de Platón se referí­a a Tartessos. Otras teorí­as afirman que se referí­a al mundo Minoico de Creta, o a Chipre, o a Israel, o a Irlanda, o a Iberia y Marruecos a la vez, o incluso a Indonesia, entre otras hipótesis (ver artí­culo Atlántida (continente)).

En el tratado entre Roma y Carthago del año 348 a. C., se hace mención a “Μαστια Ταρσειον” (Mastia de los Tartesios), ciudad que posiblemente se refiere a la actual Cartagena, que marcaba el lí­mite que podí­a alcanzar Roma en la pení­nsula Ibérica:

El tratado está concebido en estos términos: “Sobre estas bases existe amistad entre los romanos y los aliados de los romanos con los cartagineses, tirios, uticenses y sus aliados. Más allá del Kalón Akrotérion y de Mastia de Tarsis, los romanos no podrán hacer presas ni comerciar ni fundar ciudades. Si los cartagineses se apoderasen de alguna ciudad del Lacio no sometida a los romanos, quedarán con el dinero y los cautivos pero dejarán la ciudad. Si los cartagineses se apoderasen de gentes con las cuales los romanos hubiesen pactado, aun cuando no estuviesen bajo el imperio de los romanos, no las llevarán a los puertos romanos y, si alguno fuera llevado y un romano se hiciera cargo de él, quedará libre. Lo mismo evitarán los cartagineses; si por el contrario, alguien lo hiciese, no se le perseguirá privadamente, sino que se considerará injuria pública. En Cerdeña y en Libia ningún romano comerciará ni establecerá poblados (ni se acercará), a no ser para aprovisionarse o para reparar sus naves. Si es llevado por una tempestad, en un plazo de cinco dí­as debe marcharse. En la parte de Sicilia sometida a los cartagineses y en Cartago, un romano puede vender y hacer todo aquello que es lí­cito al ciudadano. Igual derecho tendrán los cartagineses en Roma.

Fuentes griegas y romanas referentes a Tartessos:[3] Tartessos en la Pení­nsula Ibérica, las tradiciones mí­ticas griegas, el mito de Gerión y el décimo trabajo de Hércules, Gárgoris y Habis, Estesí­coro (raí­ces argénteas del rí­o Tartessos), Anacreonte (longevidad de su monarca Argantonio), Hecateo (habla de una tal Helibyrge de la ciudad de Tartessos), Heródoto (Tartessos como emporio de gran riqueza más allá de las Columnas de Hércules, así­ como de sus relaciones con los focenses), Eforo, Aristófanes, Estrabón (Tartessos como ciudad, rí­o, región y centro de contratación de argenta y metales) y Avieno. Numerosas reconstrucciones históricas se han hecho sobre Tartessos, artificialmente enriquecidas a partir de la utilización de una documentación literaria tardí­a y en muchas ocasiones ajenas al mundo autóctono peninsular.

 

Tartessos

írea aproximada de extensión e influencia de la civilización de Tartessos.

No es seguro que existiera una ciudad llamada Tartessos, dado que aún no se ha encontrado su ubicación. Aunque están perfectamente documentados otros poblados a lo largo del valle del Guadalquivir, territorio de expansión de la Civilización de Tartessos. Su capital quizá fuera Turtha o Tarta, en el lugar que hoy ocupa Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del Guadalquivir, de cuya raí­z “Trth-“ saldrí­an todas las formas de Tartessos. Sin embargo, si seguimos a Herodoto, único historiador que describe la ubicación de la capital, estarí­a situada en el cauce del Tartessos/Guadalquivir (único rí­o con entidad suficiente como para ser considerado “el más largo de Iberia”), en algún punto entre la actual Coria del Rí­o y la zona frontera al Aljarafe sevillano: efectivamente, hasta bien entrada la época de dominación romana, la desembocadura del rí­o tení­a lugar en el Lacus Ligustinus, actualmente convertido en las marismas del Bajo Guadalquivir. En la zona de la desembocadura habí­a varios brazos, alguno de los cuales subsistió de hecho como dos lagunas sucesivas en el interior de la Sevilla del S XVI. Entre esos brazos quedaban definidas varias islas, a las que se hace referencia en los escritos citados. El Guadaí­ra, que hoy es afluente de Guadalquivir, era un rí­o independiente con cierta entidad y desembocaba justo en la confluencia de Guadalquivir y Ligustinus, reforzando la descripción de Herodoto. Probablemente, la ciudad y la civilización ya existí­an antes del 1000 a. C. dedicadas al comercio, la metalurgia y la pesca, pero no en la forma que conocerí­amos como el Tartessos clásico. La posterior llegada de los fenicios y su establecimiento en ‘Gdr, Gadir (actual Cádiz), tal vez estimuló su imperialismo sobre las tierras y ciudades del entorno, la intensificación de la explotación de las minas de cobre y plata (Tartessos se convirtió en el principal proveedor de bronce y plata del Mediterráneo), así­ como la navegación hasta las islas Casitérides (las Islas Británicas o más concretamente las islas Sorlingas), de donde importaron el estaño necesario para la producción de bronce, aunque también lo obtení­an por el lavado de arenas estanní­feras.

Se conocen algunas ciudades de Tartessos, como Turtha (en el término municipal del actual Puerto de Santa Marí­a), Mastia (actual Cartagena), Molybdan, de la que sólo se conoce el nombre, y Etibirge, posterior Iliberri; nombre que coincide, por cierto, con los términos propuestos en protovasco para “ciudad nueva” -*hili(r) y berri-. (Ver vascoiberismo). De ese nombre, Iliberri, deriva su denominación actual, Elvira en la provincia de Granada.

 

Sistema de gobierno

Su forma de gobierno era el imperio y poseí­an leyes escritas en verso en tablas de bronce desde tiempo inmemorial; Estrabón habla de 6.000 años, o también puede ser de 6.000 versos, ya que el texto está muy deteriorado y no se puede apreciar bien lo que pone. Si fueran versos serí­a para blindar las leyes quien las hiciese, ya que si cambia una ley, enseguida se nota su discordancia con el resto de los versos, aunque no se han encontrado pruebas fí­sicas de ello. Eran monarquí­as como las del resto del Mediterráneo, con sede en una ciudad desde la que controlaba todo el territorio. Los fenicios propiciaron que toda la concentración del poder fuera sobre un rey, ya que de esa manera les resultaba más fácil establecer intercambios comerciales. Se puede dividir la monarquí­a de Tartessos en dos grandes grupos: los reyes mitológicos y los reyes históricos

 

Reyes mitológicos

Gerión: Primer rey mitológico de Tartessos. Según la leyenda, era un gigante tricéfalo, o al menos con tres cuerpos, que pastoreaba sus grandes manadas de bueyes a las orillas del Guadalquivir. El mito dice que una de las doce pruebas de Heracles era el robo de los bueyes de Gerión. También dice la leyenda que Gerión era el gigante mí­tico que mató Heracles y sobre el que construyó la Torre de Hércules, en La Coruña.

Norax: Nieto de Gerión e hijo de Erytheia, conquistó el sur de Cerdeña, donde fundó la ciudad de Nora. (Ver Piedra de Nora).

Gárgoris: Primer rey de la segunda dinastí­a mitológica tartésica, rey de los curetes. Inventó la apicultura y el comercio.

Habis (Habidis): Hijo bastardo de Gárgoris no reconocido, escapó de la muerte ordenada por su padre viviendo entre las bestias. Fue amamantado por una cierva hasta hacerse un hombre y ser después reconocido por su padre. Descubrió la agricultura, atando dos bueyes a un arado. Formuló las primeras leyes, dividió la sociedad en siete clases y prohibió el trabajo a los nobles. Bajo su reinado se establece un sistema social en que unos pocos viven a costa del trabajo y la miseria de una mayorí­a pobre. Cuentan que dividió el reino en siete ciudades.

Sobre estos dos últimos monarcas se escribió la Tragicomedia de Gárgoris y Habis, que menciona un sistema social basado en la explotación del hombre por el hombre, nacido tras el descubrimiento de la agricultura. Se trata de personajes mitológicos, cuya existencia real es tan dudosa como la de Heracles.

 

Reyes históricos

Argantonio es el único rey del que se tienen referencias históricas. Se sabe que fue el último rey de Tartessos. Vivió 120 años según Heródoto, aunque algunos historiadores piensan que puedan referirse a varios reyes conocidos por el mismo nombre. También dice Heródoto que su reinado duró 80 años, desde el 630 a. C. al 580 a. C. Propició el comercio con los griegos foceos durante 40 años, que crearon varias colonias costeras durante su reinado.

 

Economí­a

La base fundamental de la economí­a de los Tartessos era la agricultura, la ganaderí­a y la pesca. Sin embargo, la riqueza por excelencia fueron los metales, especialmente el oro, la plata y el estaño. Cuando las minas del Sinaí­ cayeron en desuso, los fenicios buscaron metales en esta zona. Su principal fuente de riqueza era la plata para la acuñación de monedas.

Se especializaron sobre todo en el cultivo de cereales, usando las técnicas importadas de los fenicios, sin olvidar las huertas y los frutales.

La ganaderí­a era muy importante, especialmente para consumo interno.

El comercio fue la base de su economí­a y, a cambio de los metales, recibieron joyas, telas y otros productos manufacturados. Este trueque fue muy importante, ya que facilitó el intercambio de aspectos culturales y religiosos.

 

Sociedad

Monarquí­a autoritaria, donde la mayorí­a de la población se encontraba trabajando en minas, la ganaderí­a o el campo. Las élites no tení­an poder sobre estas gentes, pero sí­ sobre su trabajo. Las clases superiores se asentaban en un poder militar, como se puede observar en algunas necrópolis, donde los ajuares más ricos lo tienen tumbas con estelas con armas guerreras. La sociedad estaba dividida en varias clases sociales: prí­ncipes, sacerdotes, comerciantes, hombres libres (campesinos, artesanos, comerciantes, marineros) y esclavos.

 

Religión

Hay muy pocos datos, pero se supone que, al igual que el resto de los pueblos del Mediterráneo, era también una religión politeí­sta. Se cree que pudieron adorar a una diosa producto de la aculturación de los fenicios, Astarté o Potnia. Pudo haber una divinidad fenicia masculina, Baal o Melkart. Se han encontrado santuarios de estilo fenicio en el yacimiento de Castulo (Linares, Jaén). Se han hallado exvotos en diversos puntos de Andalucí­a y en otros puntos más alejados, como Salamanca, que no se sabe exactamente de dónde provienen. En el aspecto religioso, la aculturación fenicia fue diferencial, no influyendo en todos los sitios por igual.

 

Desaparición de Tartessos

En el siglo VI a. C., Tartessos desaparece abruptamente de la historia, posiblemente barrida por Cartago y las demás colonias fenicias (Gadir, metrópolis fenicia, se encontraba en pleno reino Tartesso) que, después de la batalla de Alalia, entre Cartago y Grecia, le hicieron pagar así­ su alianza con los griegos focenses. Otros dicen que fue refundada, sobre condiciones poco claras, con el nombre de Carpia. Los romanos llamaron a la amplia Bahí­a de Cádiz ‘Tartessius Sinus’, pero el reino ya no existí­a.

También se considera que el agotamiento de las vetas de minerales, fuente principal de su riqueza comercial, habrí­a colapsado la economí­a tartésica y creado convulsiones sociales al perder las élites la fuente de su riqueza y poder, basado en el comercio exterior. Una vez desaparecidas las élites, habrí­a desaparecido la unidad polí­tica y social de los núcleos tartésicos.

Otras teorí­as afirman que su desaparición pudo deberse a invasiones de los celtas e incluso se habla de que pudo haber un terremoto.

Más recientemente se ha planteado que esta civilización pudo ser barrida del mapa por la sucesión de desastres naturales en la zona.

 

Yacimientos

Reproducción de la Estela de Bensafrim, mostrando una inscripción en lo que se cree es la lengua de Tartessos.

Los yacimientos más importantes que se podrí­an considerar tartésicos son:

Los tesoros de:

Carambolo

Aliseda

Belví­s de la Jara

La necrópolis de la Joya, en Huelva capital

Cancho Roano

Tejada La Vieja

El yacimiento de Cancho Roano, situado en Zalamea de la Serena (Badajoz), aún constituye una incógnita: ¿palacio, mercado, lugar de culto, santuario funerario? ¿o por el contrario era un gran complejo que cumplí­a diferentes funciones?

Su estructura evidencia la influencia oriental sobre Tartessos: patio delantero con torres en las alas de tipo migdal, escalera lateral, sala transversal, habitaciones con cámara y antecámara, espacio central, almacenes, segunda planta destinada a almacén y vivienda, trazado geométrico, uso de adobe, pseudoortostatos y, muy probablemente, cubierta aterrazada. Estas fórmulas arquitectónicas apuntan a la zona norsiria y, quizás, de Fenicia septentrional más que a Mesopotamia, Siria meridional o Canaán, pues parecen derivar de los palacios norsirios de inicios del I milenio, cuyo elemento más caracterí­stico es el bí®t-hilani o pórtico de columnas abierto a un salón del trono con su eje longitudinal paralelo a la fachada, pudiendo considerarse origen de la apadana persa y del iwan de la arquitectura sasánida y árabe.

En cuanto al yacimiento de Tejada La Vieja situado en el municipio onubense de Escacena del Campo, se trata de una ciudad habitada entre los siglos VIII y IV (a. C.) en la ruta que llevarí­a los minerales obtenidos en las minas próximas a Riotinto a los puertos que se encontrarí­an en la entonces muy próxima desembocadura del Guadalquivir, en el lago conocido por los romanos como Ligustino que ahora ocupan las marismas. Se conserva sorprendemente bien el perí­metro amurallado y las estructuras de las viviendas.

A pesar de que hay numerosos restos arqueológicos en el sur de España, como el tesoro del Carambolo, que se consideran pertenecientes a la cultura tartésica, la ciudad de Tartessos aún no ha sido hallada. Su posible emplazamiento ha sido objeto de estudio por el arqueólogo e hispanista alemán Adolf Schulten (18701960), que murió sin ver cumplido su sueño de encontrar la ciudad. Su teorí­a sobre la ciudad de Tartessos fue muy polémica y muchos la tacharon de fantasiosa. Creyó que la ciudad podrí­a estar en el coto de Doñana, siendo avalada esta tesis por el hallazgo de la Estela Tartésica de Villamanrique, ocurrido el 22 de marzo de 1978 en el paraje denominado Chillas (situado en Villamanrique de la Condesa, Sevilla, una localidad limí­trofe con el Parque Nacional de Doñana) por dos de sus vecinos (D. Manuel Zurita Chacón y D. Manuel Carrasco Dí­az). Esta inscripción arqueológica en piedra única, del s. VI a. C., que nos documenta sobre la escritura indí­gena, se conserva en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla.

Siguiendo la hipótesis de Doñana, los investigadores del CSIC Sebastián Celestino y Juan Villarí­as Robles, el profesor de la Universidad de Huelva Antonio Rodrí­guez y el historiador íngel León hicieron desde el verano de 2005 hasta el de 2008 una campaña geofí­sica, superficial y de fotografí­a aérea en la zona de la Marisma de Hinojos, donde fotografí­as satelitales y muestras del subsuelo sugieren que podrí­an haber restos antrópicos, desconociéndose por el momento su datación.[4] [5] Durante la campaña de 2009 parece que se han iniciado los primeros sondeos arqueológicos, sin que por el momento se hayan publicado resultados de los mismos.

http://es.wikipedia.org/wiki/Tartessos

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